Latinoamérica: monedas volátiles traban las exportaciones

Según un análisis de Bloomberg’s en Internet, “los bancos centrales latinoamericanos son cautos en lo cambiario. Algunos tratan de apuntalar sus monedas, para que no salgan capitales de corto plazo. Eso les crea problemas a los exportadores.

Por ejemplo, en 2002, Brasil era uno de los países que hacían esfuerzos para que sus monedas no cayesen, mientras se retiraban capitales especulativos del área. Dicho de modo, buscaba frenar al avance del dólar y el euro.

Cuatro años más tarde, Brasil, Chile y Colombia afrontan una situación inversa: tratar de que la repreciación de sus monedas -o sea, la baja de las divisas referenciales- deterioren los ingresos de quines exportan vinos, camiones, café, banana, cacao, cobre y otros rubros.

El fenómeno frena inversiones y crecimiento en varias economías. Uno de los dilemas es cómo contener las paridades cambiarias sin renovar presiones inflacionarias. Ya ocurre en Argentina, donde un dólar a más de $ 3,05 empieza a sentirse en los precios mayoristas y –sin gran lógica- minoristas.

Por cierto, “la mayoría de nuestros países carece de experiencia en materia de acotar tasas cambiarias”, admiten en San Pablo. No obstante, durante 2005, cinco de las diez monedas de mejor desempeño global eran latinoamericanas, Por supuesto, con casi todos los gobiernos de la región dando prioridad a contener la inflación, los bancos centrales son renuentes a emitir demasiada moneda para comprar divisas o reducir tasas. Inclusive Argentina lo hace cada
vez menos.

Algunos analistas norteamericanos que residen en la zona, especialmente en Brasil, tienen una visión ortodoxa: o se controla la inflación o se controla la tasa de cambio. Pero, estos últimos años, el avance de monedas locales pone en duda la idea de que el dólar o el euro sean refugios seguros contra inflación y devaluación. Así, el real brasileño ha subido 74% contra el dólar, desde el mínimo récord experimentado en octubre de 2002.

A los gurúes no le ha ido mejor. Vera Cotti manejaba cuentas empresarias en FleetBoston (San Pablo). Hace tres años, puso sus ahorros y los de muchos clientes en dólares. Esas colocaciones se han achicado 30%, la señora se dedica hoy a su hogar y ya no creen en el dólar.

La baja de intereses en México y Brasil, primera y segunda economías de la región, puede frenar o revertir el avance de sus monedas este año. La inflación brasileña, en repliegue, probablemente permita seguir reduciendo la tasa referencial (sigue alta: 18% anual). Así presumía, días atrás, Rodrigo Azevedo, director de política monetaria en el banco central. En rigor, el tipo está bajando desde un máximo en dos años, 19,75%, registrado en septiembre.

En otro plano, la disparidad de políticas cambiarias entre Brasil y Argentina pueden deteriorar el Mercosur mucho más que las veleidades pro Washington de Uruguay. Después de todo, es imposible un mercado común donde sus dos socios principale no coordinen sus políticas monetarias. Dato curioso: en Uruguay el costo de vida sigue trepando, pero el dólar se mantiene barato, en una plaza chica y manejada por su rémora “off shore”.

Por ejemplo, en 2002, Brasil era uno de los países que hacían esfuerzos para que sus monedas no cayesen, mientras se retiraban capitales especulativos del área. Dicho de modo, buscaba frenar al avance del dólar y el euro.

Cuatro años más tarde, Brasil, Chile y Colombia afrontan una situación inversa: tratar de que la repreciación de sus monedas -o sea, la baja de las divisas referenciales- deterioren los ingresos de quines exportan vinos, camiones, café, banana, cacao, cobre y otros rubros.

El fenómeno frena inversiones y crecimiento en varias economías. Uno de los dilemas es cómo contener las paridades cambiarias sin renovar presiones inflacionarias. Ya ocurre en Argentina, donde un dólar a más de $ 3,05 empieza a sentirse en los precios mayoristas y –sin gran lógica- minoristas.

Por cierto, “la mayoría de nuestros países carece de experiencia en materia de acotar tasas cambiarias”, admiten en San Pablo. No obstante, durante 2005, cinco de las diez monedas de mejor desempeño global eran latinoamericanas, Por supuesto, con casi todos los gobiernos de la región dando prioridad a contener la inflación, los bancos centrales son renuentes a emitir demasiada moneda para comprar divisas o reducir tasas. Inclusive Argentina lo hace cada
vez menos.

Algunos analistas norteamericanos que residen en la zona, especialmente en Brasil, tienen una visión ortodoxa: o se controla la inflación o se controla la tasa de cambio. Pero, estos últimos años, el avance de monedas locales pone en duda la idea de que el dólar o el euro sean refugios seguros contra inflación y devaluación. Así, el real brasileño ha subido 74% contra el dólar, desde el mínimo récord experimentado en octubre de 2002.

A los gurúes no le ha ido mejor. Vera Cotti manejaba cuentas empresarias en FleetBoston (San Pablo). Hace tres años, puso sus ahorros y los de muchos clientes en dólares. Esas colocaciones se han achicado 30%, la señora se dedica hoy a su hogar y ya no creen en el dólar.

La baja de intereses en México y Brasil, primera y segunda economías de la región, puede frenar o revertir el avance de sus monedas este año. La inflación brasileña, en repliegue, probablemente permita seguir reduciendo la tasa referencial (sigue alta: 18% anual). Así presumía, días atrás, Rodrigo Azevedo, director de política monetaria en el banco central. En rigor, el tipo está bajando desde un máximo en dos años, 19,75%, registrado en septiembre.

En otro plano, la disparidad de políticas cambiarias entre Brasil y Argentina pueden deteriorar el Mercosur mucho más que las veleidades pro Washington de Uruguay. Después de todo, es imposible un mercado común donde sus dos socios principale no coordinen sus políticas monetarias. Dato curioso: en Uruguay el costo de vida sigue trepando, pero el dólar se mantiene barato, en una plaza chica y manejada por su rémora “off shore”.

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