Lastres para el rebote: ¿pueden ser removidos?

Datos del nivel de actividad muestran que un 25% del valor agregado depende para su recuperación de la eficacia de las políticas de salud y de una campaña exitosa de vacunación.

12 febrero, 2021

Los sectores más afectados por el distanciamiento estaban cayendo todavía un 15,7% interanual en promedio ponderado a noviembre pasado, cuando el “resto” ya había entrado en terreno positivo, con 2,7% interanual, según advierte el informe del IERAL de la Fundación Mediterránea.

La significativa ponderación en el PIB que tienen los sectores que dependen de la inmunización de la población para su recuperación plena, permite mensurar el costo económico de demoras en la compra y aplicación de las vacunas. Hasta la segunda semana de febrero, en la Argentina se suministraron 1,18 dosis de vacuna cada 100 personas, lo que compara con 1,94 promedio mundial y 5,58 dosis cada 100 aplicadas en Chile.

La aceleración de la inflación tiende a contraer el consumo y complicar la performance electoral del oficialismo de turno, tal como ocurrió en 2019: en aquel año el consumo cayó 6,6% anual con una tasa de inflación promedio de 3,6% mensual. Estos antecedentes explican la preocupación del gobierno por la marcha de la inflación y su intención de “encorsetar” esta variable en el 29% anual, junto con el reciente anuncio de una “pauta cambiaria” de 25 % para el 2021.

Dada la diferencia entre las condiciones iniciales de 2021 en relación a las de 2020, para acercar la inflación de este año a la del año anterior, se necesitaría recortar el déficit primario del sector público en 4 puntos del PIB, de 6,5 puntos en 2020 a un guarismo en torno a 2,5 % del PIB en 2021 (el presupuesto lo prevé en 4,2 %).
La falta de consistencia entre la política cambiaria y la fiscal es un clásico de la historia económica argentina, sobre todo para períodos electorales, y sus consecuencias son conocidas. Desde la pérdida de competitividad internacional de las industrias locales hasta la presión creciente sobre las reservas del Banco Central, de la mano de una elevada brecha cambiaria.

La proliferación de controles y restricciones está generando “inflación en dólares” en insumos y partes. Por escasez, hay precios (cubiertas de camión) que casi triplican los vigentes en países vecinos. El precio relativo de los granos con respecto a las camionetas ha mejorado, pero menos que lo esperable en función de las cotizaciones de Chicago. Los “cuellos de botella” en eslabones de la cadena productiva, tarde o temprano terminan frenando a la economía por el lado de la oferta.

Los primeros datos disponibles de 2021 vinculados al consumo no son negativos. Pero está influyendo una temporada de verano atípica, con millones de argentinos sin salir del país y derivando parte de sus gastos habituales al mercado interno. Como referencia, entre diciembre de 2018 y febrero de 2019, los viajeros al exterior totalizaron 3,2 millones de personas, cifra que esta temporada puede haberse achicado a menos de 500 mil (faltan datos oficiales). Pero, de aquí en adelante, la inflación y el desempleo pueden afectar la dinámica del consumo.

 

 

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