La historia de la magia que casi pulverizó a Wall Street

En Quants, how they conquered and almost destroyed Wall Street (2009), Scott Patterson –experto en tecnología financiera- encara lo que considera “la más significativa innovación de la década”. Vale decir, los analistas cuantitativos que usan técnicas numéricas o cuantitativas.

<p>Se trata, claro, de herramientas como computadoras ultrarr&aacute;pidas, asesores e inversores que emplearon durante una d&eacute;cada matem&aacute;ticas muy complejas para amasar fortunas propias o de clientes. En cierto sentido, esa operativa se vincula con otro universo ultraespeculativo, las transacciones de alta frecuencia (TAF). <br />
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Patterson toma nueve casos. Desde Edward Thorp, gur&uacute; del movimiento cu&aacute;ntico, o sus seguidores m&aacute;s ricos, Clifford Asnews, Kenneth Griffin y Boaz Wedistein. Desde el brit&aacute;nico Paul Wilmott hasta Benoit Mandelbrot o Nassim Taleb. Todos bajo la &eacute;gida de Eugene Fama, sup&eacute;rstite de Chicago, y su hip&oacute;tesis del mercado eficiente (HME).<br />
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&Eacute;sta postula que, en cualquier punto del tiempo, los precios de t&iacute;tulos negociados p&uacute;blicamente son un reflejo fiel de las opiniones de inversores bien informados. Por ende, es imposible obtener utilidades excesivas. Sin duda, esto remite a otra teor&iacute;a pasada de moda, la de expectativas racionales (Robert Lucas, N&oacute;bel 1995). <br />
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Sus elegantes ecuaciones hacen muy atractiva la HME, si bien surt&iacute;a efectos ampliamente dis&iacute;miles seg&uacute;n quien la pusiese en pr&aacute;ctica. Para ciertos inversores, obraba como la anfetamina, proporcionando el est&iacute;mulo y los instrumentos anal&iacute;ticos necesarios para ganarle al mercado. Siempre y cuando se tratase de gente muy astuta o poco escrupulosa y sus computadoras fueran muy, muy veloces. Por ende, a los reguladores burs&aacute;tiles la teor&iacute;a los hac&iacute;a suponer que los mercados se correg&iacute;an solos y no precisaban controles (la misma falacia de Lucas).<br />
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Patterson no cree que eso sea en s&iacute; malo, en tanto las variaciones de precios en instrumentos financieros sigan las distribuciones estad&iacute;sticas expresadas en curva normal de Gauss. Pero Mandelbrot ven&iacute;a sosteniendo desde hace a&ntilde;os que aquellas variaciones no siguen la curva, sino que se parecen a las curvas de extremo gordo descriptas por el franc&eacute;s Paul-Pierre L&eacute;vy y resultan m&aacute;s factible que en las de HME. <br />
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El matem&aacute;tico y sus seguidores eran Casandras en quienes s&oacute;lo cre&iacute;an economistas ajenos a Chicago o a las finanzas cu&aacute;nticas. Hoy se sabe que los primeros ten&iacute;an raz&oacute;n, como lo demuestra la fenomenal crisis sist&eacute;mica de 2006/09.</p>
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