La “Gran Burbuja” o la exuberancia irracional

En todo el mundo hay millones de personas comprando acciones con frenesí

21 septiembre, 2020

Los gobiernos han acumulado deudas nunca vistas en tiempos de paz y eso da a los políticos un gran incentivo para inflar la bola financiera que los ayude a salir.

Si bien todavía es pronto para decir que se está gestando una burbuja — un enorme aumento de los precios antes del desplome – hay investigaciones que sugieren que habría que estar vigilantes, advierte John Detrixhe en Quartz. Una lectura de esos estudios indica que las burbujas son causadas en parte por temas de economía, como el crédito fácil y las políticas de los gobiernos.

Pero también pueden surgir de las historias que nos contamos unos a otros y de la excitación “hormonal” que muchas personas vivencian comprando y vendiendo acciones.

Todos estos factores están presentes en este momento. Los gobiernos han acumulado deudas nunca vistas en tiempos de paz y eso da a los políticos un gran incentivo para inflar la bola financiera que los ayude a salir. La tecnología está agitando el asombro que tienta a los inversores a hacerse ricos en la Bolsa en lugar de esperar los dividendos históricos.

Las redes sociales aceleran la difusión de ideas locas y cientos de apps han puesto en los teléfonos la posibilidad de comprar y vender acciones. Pero además de todos estos condicionantes, Detrixhe prefiere incursionar en un terreno que muy pocos economistas exploran: el de la biología humana. Para eso, analiza el trabajo de John Coates.

Hormonas: el cerebro y el juego de la bolsa

 John Coates, profesor de neurociencia en la Universidad de Cambridge y autor de “La biología de la toma de riesgos” dice que “cada vez que tomamos la decisión de asumir riesgos se producen toda una serie de cambios físicos.  El cuerpo y el cerebro se aceleran y se desaceleran conjuntamente.”

“En este momento, la excitación que les genera la incertidumbre, los está haciendo más proclives a correr riesgos que antes”.

Esa fue la respuesta de Coates a Detrixhe cuando éste le preguntó por los inversores “amateurs” que se habían sumado al boom de la compra minorista de acciones. Coates, un ex vendedor de productos derivados, conoce la interacción entre biología humana y actividad bursátil porque la vivió y la estudió.

Antes de capacitarse en neurociencia en Cambridge, trabajó en Goldman Sachs y Deutsche Bank justo antes de la burbuja de las puntocom. A 20 años de aquella locura bursátil con las acciones tecnológicas, estas vuelven a revolucionar el mercado de valores y llevan a las nubes la valuación de las empresas norteamericanas. Hay varios factores que contribuyen a que crezca este fervor minorista:

  • Nunca fue más fácil comprar y vender acciones. Se baja al teléfono una aplicación.
  • El año pasado las comisiones bajaron a cero.
  • Las tasas de interés se desplomaron.
  • Muchos interpretaron la desaceleración como una oportunidad para obtener acciones baratas.

El último elemento a considerar es el de los esteroides.

Coates llama a la testosterona (la hormona esteroidea sexual más importante de los hombres) la “molécula de la exuberancia irracional”. Recuerda que en los meses previos a la ruptura de la burbuja punto com desaparecieron la razón y la disciplina. A los inversores los invadió la euforia y la omnipotencia.

En Wall Street se hacían apuestas cada vez más audaces aunque las recompensas se iban haciendo cada vez más pequeñas e improbables.

Coates cree que a los agentes varones (las mujeres tienen entre 10% y 20% de la testosterona que tienen los hombres) que se ven en una racha de suerte los invade la testosterona como un narcótico poderoso y natural.

La hormona tiene efectos físicos en el cerebro y en el cuerpo cuando es liberada al torrente sanguíneo. El esteroide puede aumentar la confianza y la audacia.

En un estudio de campo que realizó un fondo de cobertura londinense, analizó los niveles de testosterona en 17 jóvenes agentes que compraban y vendían hasta US$ 1.000 millones en minutos. Su conclusión: es probable que la hormona les aumentara el apetito por el riesgo y la audacia.

La burbuja tecnológica

Pocas cosas subyugan tanto a los inversionistas como la promesa de la tecnología. En el pasado fueron el ferrocarril, las bicicletas, los autos y la Internet. Las compañías que captan la atención del público en este momento son tecnológicas: el auto eléctrico, las video llamadas, el comercio electrónico y los teléfonos inteligentes.

A veces la innovación llama la atención porque genera ganancias anormales. Luego, como dicen Quinn y Turner, la noticia de los precios altos atraen a más inversores. Las valuaciones se disparan y se mantienen altas porque la tecnología es novedosa y su efecto en la economía es difícil de precisar. No hay mucha información para imaginar cuál sería la valuación correcta.

Las empresas que proveen esas tecnologías saben muy bien cómo crear entusiasmo con una gran historia, como es la promesa de una “nueva era”. Esto lo explica muy bien Robert Shiller en Irrational Exuberance, un libro que analiza las burbujas y que mereció el Premio Nobel 2017. Shiller dijo en una entrevista que “las grandes cosas ocurren cuando alguien inventa la historia adecuada y la instala”.

 

 

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