La geopolítica amenaza la oferta petrolera

El sector petrolero es rehén de las poderosas tensiones políticas en el mundo.  

El telón de fondo está formado por las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China. Luego están las sanciones de Estados Unidos a Irán, el recorte de producción auspiciado por Arabia Saudita y Rusia para impedir que continúe la caída de los precios.

 

Iniciado el nuevo año muchos analistas se preguntan si los recortes a la producción surtirán el efecto buscado. Los precios se recuperaron un poco llegando a US$ 60 el barril, pero la incertidumbre que reina en países productores como Venezuela, Irán, Libia y Nigeria hace pensar en la posibilidad de que vuelvan a virar hacia abajo.

 

Desde mediados del año pasado, por ejemplo, cuando Estados Unidos volvió a aplicar sanciones a Irán, las exportaciones iraníes se redujeron 1,1 millones de barriles diarios. Y eso a pesar de que algunos de los grandes compradores de petróleo iraní obtuvieron permisos para seguir comprando. En mayo esos permisos expiran.

 

En Libia, el principal yacimiento – el Sharara – está cerrado desde diciembre por disputas salariales. Mientras tanto continúan las operaciones militares contra grupos extremistas, algo que asegura más intranquilidad sobre la producción de gas y petróleo.

 

Nigeria podría sufrir otra ola de violencia por las elecciones presidenciales del mes próximo. La infraestructura petrolera suele ser la primera víctima de sabotaje en esas circunstancias.

 

Por su parte, Venezuela ya vio su producción caer 1,1 millones de barriles diarios, la más baja en muchas décadas, y no por fueras externas sino por revueltas políticas y económicas propias.

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