La crisis financiera global replantea las normas de Basilea

Los bancos más importantes y que supuestamente tenían los mejores equipos y sistemas de prevención perdieron miles de millones de dólares con las hipotecas subprime. Fallaron los controles y ganó la codicia, dice Daniel Perrotta.

25 febrero, 2009

<p>Para el analista local Daniel Perrotta, en una entrevista que dio a Mercado en abril de 2008 &ndash;hace un a&ntilde;o- lo que pas&oacute; fue que fallaron los controles, la transparencia y las calificadoras de riesgo. Y, evidentemente, gan&oacute; la codicia. </p>
<p>As&iacute; dec&iacute;a Perrotta: &ldquo;A fines del a&ntilde;o pasado, el estallido de la burbuja inmobiliaria estadounidense le hizo perder miles de millones de d&oacute;lares a los bancos m&aacute;s importantes del mundo (que se supone tienen una cartera diversificada y sistemas complejos de an&aacute;lisis), a las compa&ntilde;&iacute;as que hab&iacute;an asegurado los cr&eacute;ditos y a los inversores que confiaron en los bancos y en las calificadoras que afirmaban que los fondos eran de bajo riesgo. En esta crisis que todav&iacute;a sigue, dos elementos llaman particularmente la atenci&oacute;n: que los hechos se registraron de manera previsible en las narices de todo el mundo y que la bomba explot&oacute; en entidades que supuestamente segu&iacute;an las recomendaciones de Basilea sobre prevenci&oacute;n de riesgos.<br />
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Para Daniel Perrotta, director de DP&amp;A, el origen de la crisis es muy claro: &ldquo;Las tasas de Estados Unidos llegan a 2003 en 1% anual. Los bancos, con liquidez, empiezan a prestarle cada vez m&aacute;s a gente a la que en modelos m&aacute;s restrictivos no le hubieran prestado. Mientras las tasas eran bajas, el deudor pod&iacute;a pagar y, como hab&iacute;a cr&eacute;dito, las viviendas segu&iacute;an subiendo. Toda esa cartera se pon&iacute;a bajo un fideicomiso y se le vend&iacute;a a un inversor: los bancos tomaban un pasivo a corto plazo y ten&iacute;an el cr&eacute;dito a 10 a&ntilde;os o m&aacute;s, y estos sistemas llevan al desastre. Cuando la tasa comienza a subir, estos deudores empiezan a no poder pagar. Y detr&aacute;s viene la hecatombe&rdquo;.<br />
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Los documentos de Basilea establecen formas de computar el capital m&iacute;nimo que deben tener las entidades seg&uacute;n los riesgos de sus carteras de cr&eacute;ditos, t&iacute;tulos y operaciones. Pero esas f&oacute;rmulas son tambi&eacute;n regulaciones sobre c&oacute;mo deben funcionar. El primer documento, de 1986, pon&iacute;a &eacute;nfasis en el riesgo crediticio; en 1996, una enmienda empez&oacute; a computar los riesgos de mercado y los t&iacute;tulos p&uacute;blicos y financieros; y Basilea 2 avanz&oacute; en los riesgos operativos y les dio un papel central a las calificadoras de riesgo.<br />
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<strong>La cola del diablo<br />
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Perrotta no duda en atribuirles a esas agencias una alta responsabilidad: &ldquo;Son llamativas las notas (de riesgo) con las que las evaluadoras calificaban t&iacute;tulos con un pasivo subyacente que eran deudores a los que en una situaci&oacute;n normal no les hubiesen dado los cr&eacute;ditos, que, a su vez, ten&iacute;an garant&iacute;as sobrevaluadas. Adem&aacute;s de los inversores, los grandes perdedores son las calificadoras, ya que qued&oacute; al descubierto que su valuaci&oacute;n no incluye eventos posibles a mediano y largo plazo&rdquo;.<br />
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Para el analista, sin embargo, hubo &ldquo;una conjunci&oacute;n de factores&rdquo;. &ldquo;El meollo del problema &ndash;sostiene&ndash; es que cuando se financian descalzados los activos y los pasivos, siempre existe riesgo. Es similar a lo que ocurri&oacute; en la Argentina durante el &lsquo;tequila&rsquo;, cuando muchos bancos regionales tomaban call en Buenos Aires a 2% anual y prestaban a 50% &oacute; 60% en cuenta corriente; cuando el tequila cae, los bancos no se quieren prestar entre s&iacute; y cortan el cr&eacute;dito porque los deudores se transforman en incobrables&rdquo;.<br />
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Basilea tiene otros pilares. Uno es el de transparencia, aqu&iacute; violentado. &ldquo;Lo perverso de esta operaci&oacute;n es que los activos subyacentes estaban garantizados con hipotecas sobre viviendas sobrevaluadas y ten&iacute;an una calificaci&oacute;n similar a la de un bono del tesoro estadounidense con tasas mucho m&aacute;s altas. Ah&iacute; fall&oacute; la transparencia&rdquo;, reconoce Perrotta.<br />
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Otra incorporación de Basilea 2 fue la responsabilidad de los directores sobre la operación y los controles. Según el consultor, “el director dejó de ser una figura decorativa y de prestigio”. Pero en esta crisis, nadie responsabilizó a los directores. “Es increíble”, admite el analista. “Además de Basilea –agrega–, lo dice toda la legislación comparada. Lo que pasa es que el gremio se protege a sí mismo. Todavía miran para otro lado. Esto es hasta que un día alguien sea plenamente castigado”.<br />
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Desatada la tormenta, hubo dos formas de enfrentarla. Desde los bancos centrales (en particular la Fed y el BCE), con enormes inyecciones de dinero para contrarrestar los efectos de cualquier corrida. Y desde los propios bancos que registraron las cifras rojas por decenas de miles de millones (Citigroup, Morgan Stanley, UBS y Merrill Lynch, entre otros), buscando nuevos socios para recapitalizarse.<br />
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La solución individual no implicó más (ni menos) que la llegada o el crecimiento de bancos asiáticos e inversores árabes en esos bancos. Pero para la otra, Perrotta tiene algunos reparos: “En los modelos en los que el Banco Central puede emitir a gusto, que provean los fondos para atender las demandas de los inversores es inflacionario. Y es un círculo vicioso, porque la inflación impulsa las tasas, el deudor se hace más incobrable y se profundiza el problema. En el corto plazo sirvió, pero la crisis no terminó”.<br />
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<strong>Hacia Basilea 3</strong><br />
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Como pasó tras los megaescándalos financieros de 2000 y 2001, es previsible que haya cambios regulatorios. “Me da la impresión –dice el analista– que esto va a llevar a introducir mejoras en el modelo (de Basilea)”. Sin embargo, no cree que provoque una separación de tareas como la que generó Sarbanes Oxley entre las de consultoría y auditoría, en este caso, entre el negocio tradicional del banco y la asesoría en inversiones de riesgo. “Lo que pasa –explica–, es que hecha la ley, hecha la trampa. En Colombia, por ejemplo, hay sociedades fiduciarias que operan con las inversiones, pero 95% son propiedad de bancos”.<br />
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Otra cosa que llamó la atención tras el derrumbe de las subprime fue que los grandes bancos españoles salieron prácticamente indemnes. Perrotta cree que esto es porque “tienen una tradición de crédito totalmente distinta a la estadounidense: no usan scoring matemático y son muy exigentes con respecto al máximo de financiación. Además, las autoridades españolas son muy celosas y por eso no permitieron invertir tanto en este tipo de títulos”.<br />
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Si se suman carteras con alta probabilidad de incobrabilidad, precios inmobiliarios sobrevaluados, increíbles calificaciones de riesgo y activos y pasivos descalzados, llama la atención que los bancos siguieran adelante y no se desprendieran de esos fondos. “Es que esa es la lógica racional del inversor, y hay una cierta irracionalidad –contesta el analista–. Estos títulos devengaban buena tasa… Y al fin y al cabo, habían recibido AAA de evaluadoras de riesgo de primer nivel”.

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