Inesperadamente, el Banco de Inglaterra eleva la tasa corta

La autoridad monetaria británica anunció, de sopetón, que el tipo referencial pasa de 5 a 5,25% anual. Este tercer aumtno desde agosto responde “a las señales de la mayor aceleración inflacionaria desde 1997”. Duras palabras.

12 enero, 2007

Los nueve miembros del comité monetario ubicaron la tasa al pico de cinco años. Esta vez, los cincuenta gurúes contratado por Bloomberg’s erraron más de lo habitual: todos apostaron contra el alza. La libra esterlina subió y los bonos cedieron, pero no mucho. Después de todo, Gran Bretaña ni siquiera está en la Eurozona y –dejando de lado la bolsa londinense- su peso internacional es módico.

Hasta noviembre, el índice de precios al consumidor aumentaba a razón de 2,7% anual. Fiel a la vieja ortodoxia mercantilista, Mervyn Ling –presidente del Banco de Inglaterra y su comité monetario- se declara “preocupado por el avance de la inflación, podría conducir a aumentos salariales”. Un tabú clásico en esos círculos. En realidad, el problema es otro: una tenaz burbuja inmobiliaria que, sólo en 2006, infló 10% los valores de bienes raíces.

La esterlina volvió a junio de 2005 en relación con el euro. Entretanto, pasaba de US$ 1,993 a 1,954. Otro asunto que desvela al BdeI es que la capacidad instalada ociosa parece muy escasa. Esto alegra a la industria, pero no le gusta a un banco central que, desde el siglo XIX, desconfía de ciclos expansivos.

Ahora, la tasa corta iguala a la de Estasdos Unidos, donde se llegó a de 1 a 5,25% anual tras diecisiete ajustes (el último, en agosto). Japón mantiene la suya en apenas 0,25% desde julio y, anoche, el Banco Central Europeo indicó que no modificaría su tipo básico (2,75%).

Los nueve miembros del comité monetario ubicaron la tasa al pico de cinco años. Esta vez, los cincuenta gurúes contratado por Bloomberg’s erraron más de lo habitual: todos apostaron contra el alza. La libra esterlina subió y los bonos cedieron, pero no mucho. Después de todo, Gran Bretaña ni siquiera está en la Eurozona y –dejando de lado la bolsa londinense- su peso internacional es módico.

Hasta noviembre, el índice de precios al consumidor aumentaba a razón de 2,7% anual. Fiel a la vieja ortodoxia mercantilista, Mervyn Ling –presidente del Banco de Inglaterra y su comité monetario- se declara “preocupado por el avance de la inflación, podría conducir a aumentos salariales”. Un tabú clásico en esos círculos. En realidad, el problema es otro: una tenaz burbuja inmobiliaria que, sólo en 2006, infló 10% los valores de bienes raíces.

La esterlina volvió a junio de 2005 en relación con el euro. Entretanto, pasaba de US$ 1,993 a 1,954. Otro asunto que desvela al BdeI es que la capacidad instalada ociosa parece muy escasa. Esto alegra a la industria, pero no le gusta a un banco central que, desde el siglo XIX, desconfía de ciclos expansivos.

Ahora, la tasa corta iguala a la de Estasdos Unidos, donde se llegó a de 1 a 5,25% anual tras diecisiete ajustes (el último, en agosto). Japón mantiene la suya en apenas 0,25% desde julio y, anoche, el Banco Central Europeo indicó que no modificaría su tipo básico (2,75%).

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