Importaciones: crecen el doble que el PBI

La crisis cambiaria pone en riesgo la sostenibilidad de las importaciones. Disminuir importaciones puede ahorrar dólares, pero elimina toda posibilidad de recuperación económica

27 octubre, 2020

Para crecer se necesita importar y, para ello, se necesita un fuerte salto en las exportaciones, advierte el último informe de la consultora IDESA.

El INDEC informó que al mes de setiembre 2020 las exportaciones vienen cayendo a razón del -12% interanual. Las importaciones, a su vez, también venían cayendo a razón del 24% interanual hasta agosto, pero en setiembre tuvieron un pequeño incremento del 3% interanual.

Esta reversión en la tendencia declinante de las importaciones seguramente que responde a las expectativas de los agentes económicos en torno a una posible devaluación del tipo de cambio oficial. El ensanchamiento de la brecha entre el dólar paralelo y el oficial aumenta las dudas sobre la sostenibilidad del valor del dólar oficial. Esto incentiva los adelantamientos de importaciones y el retraso de las exportaciones.

La tendencia a la caída de las exportaciones y el crecimiento de las importaciones aumenta las presiones sobre las reservas del Banco Central. Para evitar un traumático salto devaluatorio, las autoridades intentan estimular las exportaciones con bajas transitorias en las retenciones y, a la vez, ponen diferentes tipos de trabas a las importaciones.

Una pregunta que cabe hacerse es cuál es la relevancia que tienen las importaciones, en particular, y el comercio exterior, en general, sobre la actividad productiva. Para indagar en las respuestas sirve analizar la información sobre actividad económica e intercambio comercial publicada por el Ministerio de Economía. Según esta fuente, en los 16 años que transcurren entre el 2004 y el 2019 se observa que:

  • El Producto Bruto Interno (PBI) de la Argentina creció a razón de 2,3% anual.
  • Las importaciones crecieron a razón de 5,0% promedio anual.
  • Las exportaciones crecieron a razón de 4,0% promedio anual.

Estos datos muestran que por cada punto que crece el PBI, las importaciones crecen el doble. La razón es que más del 80% de las importaciones se componen de bienes de capital, insumos para la producción y repuestos. La principal conclusión es que para mover el aparato productivo se necesitan divisas a fin de pagar las importaciones que demanda la producción.

Las estadísticas de comercio exterior muestran que desde hace mucho esto no viene sucediendo, ya que las exportaciones crecen a un ritmo inferior que las importaciones. Esta inconsistencia explica por qué en el pasado el crecimiento no fue sostenible. A su vez, alerta sobre las trabas a las importaciones, que si bien puede parecer que sirven para cuidar las reservas, atentan contra toda posibilidad de salir de la recesión.

El estancamiento secular de la economía argentina está asociado a la demonización del comercio exterior. Esta muy arraigada la idea de que los exportadores son privilegiados que ganan mucho dinero, por lo que se justifica sobrecargarlos de impuestos. Las importaciones son asumidas como una amenaza a la producción y el empleo nacional de manera que también merecen ser cargados de impuestos y burocracia.

Mientras siga prevaleciendo esta visión no habrá posibilidades de crecimiento. Todo experimento reactivador abortará debido a que la baja capacidad exportadora no generará las divisas suficientes para financiar las importaciones que requiere una mayor producción.

A esta inconsistencia estructural, se le suma en la actualidad una desaforada emisión monetaria que se intensificó con la pandemia pero que había arrancado antes. La consecuencia natural y previsible es que la gente rechace los pesos y recurra a la compra de dólares para proteger sus ahorros. El problema no es que el valor del dólar oficial esté atrasado (el dólar oficial está a niveles superiores a los históricos) sino que el déficit fiscal, por su enorme magnitud, obliga a una emisión monetaria desestabilizante.

Seguir con la inacción y el voluntarismo lleva fatalmente a la devaluación del dólar oficial y al golpe inflacionario que licue el exceso de emisión. La manera de evitar este desenlace traumático, ineficiente y socialmente costoso es abordando un ordenamiento integral del Estado. Esto incluye el ordenamiento previsional (el principal gasto del Estado nacional y un componente decisivo en las finanzas provinciales), el ordenamiento tributario (simplificar y unificar impuestos para aumentar la recaudación con menor presión impositiva), el ordenamiento funcional (eliminar organismos nacionales que se superponen con funciones provinciales) y el ordenamiento federal (eliminar la coparticipación para que las provincias se financien con su recaudación).

 

 

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