Entre crecientes signos recesivos, Wall St. baila en el Titanic

Los principales paneles neoyorquinos volvieron a subir y la cartera Standard&Poor’s 500 marcó un techo en seis años. El factor de fondo es de corto plazo y se cifra en balances trimestrales que superan las estimaciones de los analistas.

Justamente mientras la Reserva Federal alerta sobre crecientes riesgos de implosión en la prodigiosa burbuja global de derivativos, Wall Street sigue aferrada a una curiosa euforia cortoplacista. En parte, fomentada por un fenómeno nada casual: los trimestrales van saliendo con cuentagotas, para mantener el clima feliz.

Este martes les tocó el turno a MasterCard, Time Warner y Transocean, la mayor perforadora submarina mundial en el sector hidrocarburos. Esos estados hacen que analistas y gurúes se aferren a un “leit motiv”: los buenos resultados de las empresas seguirán resistiendo el enfriamiento económico que se prevé. Nadie explica bien por qué.

Tangencialmente, las acciones de Cablevision Systems llegaron al pico desde 2002 luego de que el operador aceptase que sus dueños, el clan Dolan, lo saquen de la bolsa. Esto sucede a horas de que Rupert Murdoch ofreciera tomar Dow Jones por US$ 5.000 millones. A su vez, el mercado da por hecho el negocio y, por tanto, eleva a US$ 816.000 millones la masa de fusiones y adquisiciones acumulada en el año. Vale decir, otra burbuja de desenlace incierto.

En ese clima, el S&P 500 no aumentaba mucho (apenas 0,7%), pero le bastaba para registrar el máximo desde septiembre de 2000: 1.495,9 puntos. Subiendo por igual margen, el Dow Jones obtuvo el enésimo récord casi seguido, 13.233, 9 puntos. Más firme (+1,1%), el Nasdaq compuesto cerró en 2.560,5 puntos, pico desde febrero de 2001. Por ahora, el término “toma de ganancias” está prohibido en Manhattan, mientras se da una situación sin precedentes a mano: la bolsa, que es republicana, no presta atención al paulatino deterioro político del gobierno republicano.

Justamente mientras la Reserva Federal alerta sobre crecientes riesgos de implosión en la prodigiosa burbuja global de derivativos, Wall Street sigue aferrada a una curiosa euforia cortoplacista. En parte, fomentada por un fenómeno nada casual: los trimestrales van saliendo con cuentagotas, para mantener el clima feliz.

Este martes les tocó el turno a MasterCard, Time Warner y Transocean, la mayor perforadora submarina mundial en el sector hidrocarburos. Esos estados hacen que analistas y gurúes se aferren a un “leit motiv”: los buenos resultados de las empresas seguirán resistiendo el enfriamiento económico que se prevé. Nadie explica bien por qué.

Tangencialmente, las acciones de Cablevision Systems llegaron al pico desde 2002 luego de que el operador aceptase que sus dueños, el clan Dolan, lo saquen de la bolsa. Esto sucede a horas de que Rupert Murdoch ofreciera tomar Dow Jones por US$ 5.000 millones. A su vez, el mercado da por hecho el negocio y, por tanto, eleva a US$ 816.000 millones la masa de fusiones y adquisiciones acumulada en el año. Vale decir, otra burbuja de desenlace incierto.

En ese clima, el S&P 500 no aumentaba mucho (apenas 0,7%), pero le bastaba para registrar el máximo desde septiembre de 2000: 1.495,9 puntos. Subiendo por igual margen, el Dow Jones obtuvo el enésimo récord casi seguido, 13.233, 9 puntos. Más firme (+1,1%), el Nasdaq compuesto cerró en 2.560,5 puntos, pico desde febrero de 2001. Por ahora, el término “toma de ganancias” está prohibido en Manhattan, mientras se da una situación sin precedentes a mano: la bolsa, que es republicana, no presta atención al paulatino deterioro político del gobierno republicano.

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