El paquete Bush inquieta a Wall Street y otros mercados

En versión completa, el segundo paquete de estímulos impositivos implica US$ 670.000 millones en 10 años. Agregando 1,35 billón aprobado en 2001, el total roza 2,2 billones. Estos números hacían bajar el dólar y Wall Street (hasta 1,74%).

La propuesta busca aumentar ingresos reales para 96 millones de personas, promover el gasto entre pequeñas y medianas empresas e inducir a que ahorristas e inversores físicos vuelvan a comprar acciones y bonos. Todo ello debiera elevar cotizaciones y revalorizar los fondos jubilatorios, víctimas de tres años de retroceso bursátil y un año de crisis corporativas que han licuando aportes de trabajadores y empleados. Ayer ocurría a la inversa y repercutió en la Unión Europea, donde Francfort cayó 3,85%.

Además, el gobierno perderá US$ 2,2 billones de ingresos genuinos en aras de su concepción ofertista. Dado que las rebajas tributarias y la supresión de impuestos a dividendos beneficiarán a sectores de ingresos altos y conglomerados, se supone que éstos volverán a dar empleo y pagarán mejores sueldos. Por ello, los asesores económicos de la Casa Blanca estiman que se crearán 2.100.000 puestos en 2003-4, lo cual sobrecompensará los 1.600.000 eliminados desde que empezó la recesión (marzo de 2001). Aun si fuera así, la cifra equivaldrá a sólo 8,8% de los puestos creados durante los ocho años de William Clinton, que dejó superávit fiscal al irse.

Bush admitió que urge “reactivar” una economía que, durante el IV trimestre, crecía a apenas 1,5% anual en términos de producto bruto interno (PBI). Todavía en el quinquenio 1996-2000, ese ritmo no bajaba de 4% anual. Aparte, a diferencia de la gestión anterior, la actual propone que el estado federal se prive este mismo ejercicio (octubre 2002-septiembre 2003) de ingresos por US$ 75.000 millones, mientras se prepara para otra guerra en el golfo Pérsico (podría insumir unos US$ 200.000 millones este año y el próximo).

Hace diez años, el presidente George W. H. Bush (padre del actual) ganó la guerra del golfo, tras haberse impuesto en los comicios parlamentarios de medio término. Pero los efectos negativos de su programa económico –de corte ofertista idéntico al de ahora- lo dejaron sin reelección. Por otra parte, entonces la economía no precisaba los US$ 1.400 millones diarios de inversiones externas directas (IED) que requiere hoy para soportar el déficit en balanza de pagos (siete billones, casi el PBI de la Unión Europea).

El senador John Corzine (demócrata, Nueva Jersey) sostiene que “eliminar la tasa sobre dividendos, en vez de fomentar la actividad económica, engrosará el déficit. Por otro lado, ya en la situación actual sólo paga impuestos la mitad de las ganancias empresarias, por defectos en la propia legislación”. En el ejercicio 2002 (octubre 2001 a septiembre pasado), el déficit alcanzó US$ 159.000 millones. Para el corriente, la oficina presupuestaria del Congreso calcula 145.000 millones, pero varias fuentes privadas estiman de US$ 180 a 200.000 millones.

La propuesta busca aumentar ingresos reales para 96 millones de personas, promover el gasto entre pequeñas y medianas empresas e inducir a que ahorristas e inversores físicos vuelvan a comprar acciones y bonos. Todo ello debiera elevar cotizaciones y revalorizar los fondos jubilatorios, víctimas de tres años de retroceso bursátil y un año de crisis corporativas que han licuando aportes de trabajadores y empleados. Ayer ocurría a la inversa y repercutió en la Unión Europea, donde Francfort cayó 3,85%.

Además, el gobierno perderá US$ 2,2 billones de ingresos genuinos en aras de su concepción ofertista. Dado que las rebajas tributarias y la supresión de impuestos a dividendos beneficiarán a sectores de ingresos altos y conglomerados, se supone que éstos volverán a dar empleo y pagarán mejores sueldos. Por ello, los asesores económicos de la Casa Blanca estiman que se crearán 2.100.000 puestos en 2003-4, lo cual sobrecompensará los 1.600.000 eliminados desde que empezó la recesión (marzo de 2001). Aun si fuera así, la cifra equivaldrá a sólo 8,8% de los puestos creados durante los ocho años de William Clinton, que dejó superávit fiscal al irse.

Bush admitió que urge “reactivar” una economía que, durante el IV trimestre, crecía a apenas 1,5% anual en términos de producto bruto interno (PBI). Todavía en el quinquenio 1996-2000, ese ritmo no bajaba de 4% anual. Aparte, a diferencia de la gestión anterior, la actual propone que el estado federal se prive este mismo ejercicio (octubre 2002-septiembre 2003) de ingresos por US$ 75.000 millones, mientras se prepara para otra guerra en el golfo Pérsico (podría insumir unos US$ 200.000 millones este año y el próximo).

Hace diez años, el presidente George W. H. Bush (padre del actual) ganó la guerra del golfo, tras haberse impuesto en los comicios parlamentarios de medio término. Pero los efectos negativos de su programa económico –de corte ofertista idéntico al de ahora- lo dejaron sin reelección. Por otra parte, entonces la economía no precisaba los US$ 1.400 millones diarios de inversiones externas directas (IED) que requiere hoy para soportar el déficit en balanza de pagos (siete billones, casi el PBI de la Unión Europea).

El senador John Corzine (demócrata, Nueva Jersey) sostiene que “eliminar la tasa sobre dividendos, en vez de fomentar la actividad económica, engrosará el déficit. Por otro lado, ya en la situación actual sólo paga impuestos la mitad de las ganancias empresarias, por defectos en la propia legislación”. En el ejercicio 2002 (octubre 2001 a septiembre pasado), el déficit alcanzó US$ 159.000 millones. Para el corriente, la oficina presupuestaria del Congreso calcula 145.000 millones, pero varias fuentes privadas estiman de US$ 180 a 200.000 millones.

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