Dow Jones: pasó los 11.000, pero no aún el récord de 2000

Estrictamente, los 11.011,9 puntos del lunes son el máximo en cuanto va del siglo XXI. Pero el récord sigue en 11.728, 2, registrado el 14 de enero de 2000. En esta oportunidad, es una corrida más especulativa que real: apenas +0,48%.

10 enero, 2006

Obviamente, el objetivo de los grandes operadores es mantener la onda positiva por lo menos hasta fin de semana en los tren paneles principales (DJ, Standard & Poor’s, Nasdaq compuesto). Especialmente, porque el deterioro político de George W.Bush y la mala salud de su neurona, el vicepresidente Richard Cheney, se combinan con una inesperada alza del oro y un dólar inestable.

Las maniobras especulativas incluyen un curioso análisis de Goldman Sachs (en 2000, esta firma era campeona de la efímera “nueva economìa”), sorpresivamente muy favorable a General Motors. Justo a horas de que Ford confirmase una amplia eliminación de puestos laborales de ahora a 2008.

Entretanto, expertos distantes de la “euforia a medida” recuerdan que la onda alcista lleva ya, en rigor, cuatro años y medio. “Hay señales de agotamiento”, sostienen por lo menos tres consultores bursátiles; entre ellos, el ácido Stephen Roach.

En el campo opuesto, gurúes a sueldo de la agencia Bloomberg’s (cuyo epónimo, el ortodoxo Michael, aspira a ser presidente) proponen una oportuna teoría: si la plaza consigue mantener sobre los 11.000 puntos de DJ, mucha gente volverá a confiar e invertir.

Ni siquiera el “Wall Street Journal” exhibe tanta fe. Quizá porque recuerda que 2006 es año de elecciones parlamentarias y uno de los alfiles de Bush, el diputado Thomas DeLay, ha dimitido como jefe de la bancada oficialistas, en medio de un escándalo que salpica a los poderes legislativo y ejecutivo.

Obviamente, el objetivo de los grandes operadores es mantener la onda positiva por lo menos hasta fin de semana en los tren paneles principales (DJ, Standard & Poor’s, Nasdaq compuesto). Especialmente, porque el deterioro político de George W.Bush y la mala salud de su neurona, el vicepresidente Richard Cheney, se combinan con una inesperada alza del oro y un dólar inestable.

Las maniobras especulativas incluyen un curioso análisis de Goldman Sachs (en 2000, esta firma era campeona de la efímera “nueva economìa”), sorpresivamente muy favorable a General Motors. Justo a horas de que Ford confirmase una amplia eliminación de puestos laborales de ahora a 2008.

Entretanto, expertos distantes de la “euforia a medida” recuerdan que la onda alcista lleva ya, en rigor, cuatro años y medio. “Hay señales de agotamiento”, sostienen por lo menos tres consultores bursátiles; entre ellos, el ácido Stephen Roach.

En el campo opuesto, gurúes a sueldo de la agencia Bloomberg’s (cuyo epónimo, el ortodoxo Michael, aspira a ser presidente) proponen una oportuna teoría: si la plaza consigue mantener sobre los 11.000 puntos de DJ, mucha gente volverá a confiar e invertir.

Ni siquiera el “Wall Street Journal” exhibe tanta fe. Quizá porque recuerda que 2006 es año de elecciones parlamentarias y uno de los alfiles de Bush, el diputado Thomas DeLay, ha dimitido como jefe de la bancada oficialistas, en medio de un escándalo que salpica a los poderes legislativo y ejecutivo.

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