Dólar: por ahora, sin posibilidades de reaccionar ante otras divisas

Esta semana, la moneda referencial fue muy golpeada. Por momentos, rozó ante la libra –una moneda local- mínimos en veinticinco años (£ 0,497 o sea US$ 2,012 por esterlina). El euro alcanzaba, entretanto, picos de US$ 1,365.

Por supuesto, influyeron las expectativas sobre alza de tasas básicas en la Eurozona y Gran Breaña. Pero cabe establecer una diferencia cualitativa. Mientras el euro es una divisa real (por tanto, la política de intereses del Banco central europeo pesa internacionalmente), la libra es casi un anacronismo caro a analistas y operadores anglosajones. Como el franco suizo, ya no es moneda de reserva.

Por eso, el máximo en casi tres años marcado por el euro es mucho más relevante que los “récords” de la libra (su valor estuvo en picos de quince a veinticinco años respecto del dólar). Por razones opuestas, el dólar se mantiene por encima de 118 yenes en Tokio porque Japón interviene constantemente para que no baje. Al revés de la esterlina o el FS, el yen es divisa de reserva en Asia oriental y sudoriental.

En general, los operadores que juegan con futuros cambiarios creen que la Reserva Federal acabará rebajando 0,25 el tipo básico (de 5,25 a 5% anual), en tanto el BCE planea elevarlo por igual margen (4,75 a 5%) en junio. Los recientes récords del oro –tocó US$ 692 el lunes en Nueva York- por otra parte, apuntan a vulnerabilidad del dólar más creciente inestabilidad en cambios, bolsas e insumos.

Fundamentalmente, operadores y especuladores suponen que la economía real norteamericana orilla la recesión anunciada en febrero por Alan Greenspan. Ello quita sostén a la serie de máximas registrada en Wall Street. El jueves, el Dow Jones marcó otra, 13.089 puntos, aunque ya no acompañaban las bolsas europeas. Los síntomas de reactivación en la Eurozona y Japón, por cierto, están atrayendo capitales de todo tipo. Eso no le gusta a Jean-Claude Tricjet, presidente del BCE, pero igual sucede.

Los enormes déficit estadounidenses en pagos externos e intercambio pesan, aunque Wall Street y la Casa Blanca traten de restarles importancia o no tenerlos en cuenta. De ahí que pocos analistas sistémicos tomen en serio el “ránking de libertad económica” fabricado por Heritage foundation una usina ultraconservadora. Figuran en el tope un país inexistente (Hongkong, un centro financiero “off shore”), otras plazas de ese tipo (Luxemburgo, Uruguay), una economía chica (Nueva Zelanda) y, claro, el sobrendeudado EE.UU.

Por supuesto, influyeron las expectativas sobre alza de tasas básicas en la Eurozona y Gran Breaña. Pero cabe establecer una diferencia cualitativa. Mientras el euro es una divisa real (por tanto, la política de intereses del Banco central europeo pesa internacionalmente), la libra es casi un anacronismo caro a analistas y operadores anglosajones. Como el franco suizo, ya no es moneda de reserva.

Por eso, el máximo en casi tres años marcado por el euro es mucho más relevante que los “récords” de la libra (su valor estuvo en picos de quince a veinticinco años respecto del dólar). Por razones opuestas, el dólar se mantiene por encima de 118 yenes en Tokio porque Japón interviene constantemente para que no baje. Al revés de la esterlina o el FS, el yen es divisa de reserva en Asia oriental y sudoriental.

En general, los operadores que juegan con futuros cambiarios creen que la Reserva Federal acabará rebajando 0,25 el tipo básico (de 5,25 a 5% anual), en tanto el BCE planea elevarlo por igual margen (4,75 a 5%) en junio. Los recientes récords del oro –tocó US$ 692 el lunes en Nueva York- por otra parte, apuntan a vulnerabilidad del dólar más creciente inestabilidad en cambios, bolsas e insumos.

Fundamentalmente, operadores y especuladores suponen que la economía real norteamericana orilla la recesión anunciada en febrero por Alan Greenspan. Ello quita sostén a la serie de máximas registrada en Wall Street. El jueves, el Dow Jones marcó otra, 13.089 puntos, aunque ya no acompañaban las bolsas europeas. Los síntomas de reactivación en la Eurozona y Japón, por cierto, están atrayendo capitales de todo tipo. Eso no le gusta a Jean-Claude Tricjet, presidente del BCE, pero igual sucede.

Los enormes déficit estadounidenses en pagos externos e intercambio pesan, aunque Wall Street y la Casa Blanca traten de restarles importancia o no tenerlos en cuenta. De ahí que pocos analistas sistémicos tomen en serio el “ránking de libertad económica” fabricado por Heritage foundation una usina ultraconservadora. Figuran en el tope un país inexistente (Hongkong, un centro financiero “off shore”), otras plazas de ese tipo (Luxemburgo, Uruguay), una economía chica (Nueva Zelanda) y, claro, el sobrendeudado EE.UU.

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