Déficit debilita dólar y acciones, pero empuja tasas largas (11-III)

El dólar cerró la semana a sólo FS 1,15, mientras el euro subía a US$ 1,346. El déficit comercial fue factor dominante, junto con la T-10, que fue de 4,3 a 4,5% anual en cinco ruedas. Con el crudo rebotando 1,46%, Wall Street perdía terreno.

11 marzo, 2005

En efecto, en enero el rojo del comercio exterior norteamericano repuntó a US$ 58.300 millones, o sea 4,7% sobre los 55.700 millones de diciembre y 3,3% bajo la máxima absoluta de noviembre (60.300 millones). El mercado esperaba US$ 56.500 millones. Pero el factor clave residió en que un récord de exportaciones (US$ 100.800 millones) fuera neutralizad por uno aún más pronunciado en importaciones (US$ 159.100 millones).

Mientras, en Nueva York, el crudo tejado occidental repuntaba 1,46%, la extrema vulnerabilidad del dólar reflejaba (aparte del déficit comercial) una tasa a largo plazo (T-10) que cerraba en 4,52% anual. Semejante mezcla de señales negativos hizo que los principales paneles en Wall Street perdieron alrededor de medio punto.

La divisa referencial comenzó a debilitarse el jueves, por temores de algunos bancos centrales diversifiquen reservas. También pesaba el riesgo de que el emisor europeo elevara tasas básicas. “Vivimos otra fase de volatilidad cambiaria, tasas firmes y dólar vulnerable”, señalaban analistas de Morgan Stanley, Nueva York. Esta vez, el golpe vino de Tokio: el primer ministro Junichiro Koizumi admitió ante el parlamento que, en términos generales, diversificar la composición de reservas internacionales es buena idea.

De inmediato, el ministerio de Hacienda –que maneja las mayores tenencias en divisas del mundo, US$ 840.600 millones-, salió a aclarar que por ahora no había planes de reducir activos en dólares (obvio efecto de cualquier diversificación). Pero ocurrió lo mismo que cuando, en febrero, Surcorea manifestó similares intenciones y, luego, intentó diluirlas: leyendo entre líneas, los mercados interpretaron –como hoy- que existen planes diversificatorios.

No sólo eso sino que, a juicio de analistas en Hongkong y Singapur, la actitud japonesa denota que por lo menos cuatro bancos centrales del área analizan el asunto. La razón es simple: nadie cree que, en realidad, Estados Unidos haga algo en serio para ir recortando los enormes déficit en presupuesto, comercio y pagos externos (máxime tras dos disertaciones “salvajemente optimistas” sobre el tema, a cargo de Alan Greenspan y Benjamin Bernanke, ambos de la RF) . Es más, un grupo de académicos europeos y asiáticos sospecha que el objeto real del actual gobierno en una licuación brutal de pasivos vía paulatino derrumbe del dólar. Exactamente lo que hizo Gran Bretaña con la esterlina tras la II guerra mundial.

Por ende, “es espectro de la diversificación ronda nuevamente por Asia oriental. Aunque Hacienda observe que no hay planes de corto plazo, cunden suspicacias”. Así sostiene un informe de Goldman Sachs a sus clientes.

En efecto, en enero el rojo del comercio exterior norteamericano repuntó a US$ 58.300 millones, o sea 4,7% sobre los 55.700 millones de diciembre y 3,3% bajo la máxima absoluta de noviembre (60.300 millones). El mercado esperaba US$ 56.500 millones. Pero el factor clave residió en que un récord de exportaciones (US$ 100.800 millones) fuera neutralizad por uno aún más pronunciado en importaciones (US$ 159.100 millones).

Mientras, en Nueva York, el crudo tejado occidental repuntaba 1,46%, la extrema vulnerabilidad del dólar reflejaba (aparte del déficit comercial) una tasa a largo plazo (T-10) que cerraba en 4,52% anual. Semejante mezcla de señales negativos hizo que los principales paneles en Wall Street perdieron alrededor de medio punto.

La divisa referencial comenzó a debilitarse el jueves, por temores de algunos bancos centrales diversifiquen reservas. También pesaba el riesgo de que el emisor europeo elevara tasas básicas. “Vivimos otra fase de volatilidad cambiaria, tasas firmes y dólar vulnerable”, señalaban analistas de Morgan Stanley, Nueva York. Esta vez, el golpe vino de Tokio: el primer ministro Junichiro Koizumi admitió ante el parlamento que, en términos generales, diversificar la composición de reservas internacionales es buena idea.

De inmediato, el ministerio de Hacienda –que maneja las mayores tenencias en divisas del mundo, US$ 840.600 millones-, salió a aclarar que por ahora no había planes de reducir activos en dólares (obvio efecto de cualquier diversificación). Pero ocurrió lo mismo que cuando, en febrero, Surcorea manifestó similares intenciones y, luego, intentó diluirlas: leyendo entre líneas, los mercados interpretaron –como hoy- que existen planes diversificatorios.

No sólo eso sino que, a juicio de analistas en Hongkong y Singapur, la actitud japonesa denota que por lo menos cuatro bancos centrales del área analizan el asunto. La razón es simple: nadie cree que, en realidad, Estados Unidos haga algo en serio para ir recortando los enormes déficit en presupuesto, comercio y pagos externos (máxime tras dos disertaciones “salvajemente optimistas” sobre el tema, a cargo de Alan Greenspan y Benjamin Bernanke, ambos de la RF) . Es más, un grupo de académicos europeos y asiáticos sospecha que el objeto real del actual gobierno en una licuación brutal de pasivos vía paulatino derrumbe del dólar. Exactamente lo que hizo Gran Bretaña con la esterlina tras la II guerra mundial.

Por ende, “es espectro de la diversificación ronda nuevamente por Asia oriental. Aunque Hacienda observe que no hay planes de corto plazo, cunden suspicacias”. Así sostiene un informe de Goldman Sachs a sus clientes.

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