¿ Dará la Fed un año de gracia monetaria?

¿Qué pasaría si efectivamente terminara la política que ha inundado a los mercados de dólares a costo cero?, es el acertijo del escenario global que la coordinadora de Desarrollo de Producto de abeceb.com, Belén Olaiz, intenta desentrañar.

En primer término, sostiene que las economías emergentes y Latinoamérica en particular se verían afectadas por una serie de impactos que ya se han advertido (elevada volatilidad, y caída de las bolsas, suba en rendimientos, salida de capitales, depreciación de sus monedas, retroceso en el precio de los commodities), y que podrían derivar en tendencias recesivas.
Tras el rally que mostraron los mercados en la primera parte de 2013, la tensión se ha vuelto a adueñar de la arena internacional recientemente, luego de que la Reserva Federal norteamericana dejara entrever que podría comenzar a revisar su política expansiva (QE3) en el futuro cercano.
Esta tendencia se intensificó a fines de junio, cuando Bernanke advirtió tras la reunión de política monetaria que si la economía confirmaba la mejora que se observa actualmente comenzaría a retirar los estímulos monetarios antes de que finalice el año, dando por terminado en caso de concretarse el programa de relajamiento cuantitativo a mediados de 2014.
En un contexto en que los mercados han generado una dependencia absoluta de la instancia acomodaticia o no de la FED, estas señales se tradujeron rápidamente en cambios de magnitud en la valuación de activos, tanto a nivel global como para las economías emergentes. 
E incluso, paradójicamente, en reacciones fuertemente negativas frente a la publicación de datos favorables de la economía norteamericana. En este sentido, hay que considerar que se trata de un experimento único en la historia y que por tanto, los mercados no pueden estar seguros respecto de cuáles serán los efectos de un posible retiro de los estímulos. 
En primer lugar, los temores se tradujeron en la elevación de la tasa del Tesoro norteamericano a 10 años, la cual anotó un salto de casi 100 puntos básicos en los últimos dos meses. 
La caída en las bolsas, por su parte, fue generalizada, y lo mismo puede decirse de las monedas, que en general mostraron un fuerte debilitamiento frente al dólar. 
Mientras tanto, el “vuelo a la calidad” ocasionó pérdidas significativas en los bonos públicos emergentes, produciendo incrementos abruptos en el costo de financiamiento para dichas economías. 
Dado este escenario, surge la pregunta sobre qué pasaría si efectivamente la política que ha inundado a los mercados de dólares a costo cero terminara. 
Para las economías emergentes en general, y para Latinoamérica en particular, esto claramente no constituiría buenas noticias. 
Si bien las economías de la región muestran en general datos básicos sólidos, las mismas se verían afectadas por una serie de impactos que ya se han advertido en mayor o menor medida durante las pasadas semanas (elevada volatilidad, caída de las bolsas, suba en los intereses, salida de capitales, depreciación de sus monedas, retroceso en el precio de los commodities), y que podrían derivar en tendencias recesivas. 
En el caso particular de Argentina, teniendo en cuenta que el país se encuentra aislado de los mercados financieros internacionales, los mayores impactos vendrían por el lado real -principalmente a través de Brasil y de China- y de los precios de los commodities. 
Obviamente la magnitud de estos efectos dependerá de la velocidad y pericia con que se administre el ajuste por parte de la FED. 
Un buen manejo y una quita gradual de los estímulos tenderían a reducir el impacto en términos de fortaleza del dólar y caída en los commodities, y minimizarían los costos asociados a un incremento excesivo de la volatilidad. 
Y la buena noticia es que un ajuste gradual luce hoy como el escenario más probable. 
Es que si bien la Reserva Federal pareciera comenzar a notar que extender demasiado la fiesta global de liquidez puede gestionar la próxima “burbuja” de activos, hoy no aparecen razones de peso para pensar que la autoridad monetaria norteamericana debiera estar apurada en emprender el ajuste. 
Sino todo lo contrario. Hay que tener en cuenta que el desempleo de EE.UU. todavía está lejos del 6,5% (7,6% en junio) que incluyó explícitamente la FED a fin de año pasado en la determinación de su tasa objetivo, mientras que la inflación (y las expectativas) permanece controlada.
Por otra parte, la continuidad indefinida de las políticas monetarias expansivas también tiene asociados riesgos serios. 
Los esfuerzos por reimpulsar el crecimiento en los países desarrollados generan consecuencias indeseadas en la economía global, como las que surgen de una guerra de monedas que parece recién haber comenzado. Mientras que tampoco solucionan los desbalances globales.
En resumen, si EE.UU. confirma su recuperación, las condiciones monetarias podrían ir normalizándose en forma progresiva en los próximos 12 meses, aunque las alzas en las tasas de interés ciertamente tardarán más en llegar. 
De hecho, de acuerdo con las mismas proyecciones de la FED, lo más probable es que esto no suceda antes de 2015. 
Además, aun cuando un escenario de reversión de las condiciones monetarias excesivamente expansivas vigentes significaría un claro deterioro en materia externa para la región latinoamericana y en particular para Argentina, otros factores más estructurales seguirían jugando a favor en el mediano plazo. 
En particular, la demanda mundial de alimentos, metales y energía (y por tanto los precios de estos productos), continuaría sostenida por el crecimiento emergente. 
En este aspecto, si bien se espera cierta moderación en el crecimiento de China, aún se prevé que se sostenga la tendencia hacia una mayor participación de las economías emergentes en el PIB mundial.
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