Comercio: Bush, ante un frente que se endurece

En este momento, el gobierno de George Walker Bush afronta negociaciones duras en un aspecto decisivo. Se trata del espinoso tema de los subsidios agrícolas y pone en peligro la ronda Dohá. Es decir, la Organización Mundial de Comercio.

27 julio, 2005

En Ginebra, las conversionaciones agrícolas se han paralizado –semanas atrás- sin señales siquiera de un compromiso en el seno de la OMC. Eso plantea un riesgo: el fracaso de la tanda prevista para septiembre u octubre. Al momento de interrumpirse las tratativas ginebrinas, los campeones del subsidio –Estados Unidos, Unión Europea, Japón- seguían muy distantes del Grupo de los 20.

Particularmente de Canadá, Australia, Argentina, Brasil y Sudáfrica. Ahora, los contendores tienen el receso estival de agosto para buscar fórmulas que destraben la situación. Por el momento, la UE sólo aceptaría un “compromiso amplio” con concesiones mutuas y rebajas paulatinas pero pequeñas. Esta postura cuenta con el apoyo de Japón.

En cuanto a EE.UU., seguía resistiéndose a admitir concesiones que afectasen los subsidios internos. Washington sostiene que son necesarios para compensar los bajos precios de venta interna y de exportación. O sea, los altos costos de la producción rural norteamericana.

A primera vista, EE.UU. y la UE no muestran puntos relevantes de disidencia, como apuntan algunos medios. Las dirigencias políticas a ambos lados del Atlántico coinciden en que el comercio agrícola debiera ser más equitativo respecto de los países exportadores en desarrollo. Pero no saben –o no quieren saber- cómo alcanzar ese objetivo sin tener problemas con sus ineficientes pero influyentes sectores rurales. Máxime los de EE.UU., Francia, Italia, Dinamarca y Alemania.

A juicio de Allen Jones, negociador norteamericano en el tema agrícola, “sin más flexibilidad por parte de la UE sobre tarifas y subsidios, es difícil que haya reformas”. Parte de este escepticismo refleja las malas relaciones entre Washington y Bruselas, no por el tema rural sino por el litigio entre Airbus y Boeing. Por su parte, el Banco Mundial subraya un dato clave: casi dos tercios de las ventajas económicas que depararse un desmonte general de subsidios provendría del sector agrícola”.

En Ginebra, las conversionaciones agrícolas se han paralizado –semanas atrás- sin señales siquiera de un compromiso en el seno de la OMC. Eso plantea un riesgo: el fracaso de la tanda prevista para septiembre u octubre. Al momento de interrumpirse las tratativas ginebrinas, los campeones del subsidio –Estados Unidos, Unión Europea, Japón- seguían muy distantes del Grupo de los 20.

Particularmente de Canadá, Australia, Argentina, Brasil y Sudáfrica. Ahora, los contendores tienen el receso estival de agosto para buscar fórmulas que destraben la situación. Por el momento, la UE sólo aceptaría un “compromiso amplio” con concesiones mutuas y rebajas paulatinas pero pequeñas. Esta postura cuenta con el apoyo de Japón.

En cuanto a EE.UU., seguía resistiéndose a admitir concesiones que afectasen los subsidios internos. Washington sostiene que son necesarios para compensar los bajos precios de venta interna y de exportación. O sea, los altos costos de la producción rural norteamericana.

A primera vista, EE.UU. y la UE no muestran puntos relevantes de disidencia, como apuntan algunos medios. Las dirigencias políticas a ambos lados del Atlántico coinciden en que el comercio agrícola debiera ser más equitativo respecto de los países exportadores en desarrollo. Pero no saben –o no quieren saber- cómo alcanzar ese objetivo sin tener problemas con sus ineficientes pero influyentes sectores rurales. Máxime los de EE.UU., Francia, Italia, Dinamarca y Alemania.

A juicio de Allen Jones, negociador norteamericano en el tema agrícola, “sin más flexibilidad por parte de la UE sobre tarifas y subsidios, es difícil que haya reformas”. Parte de este escepticismo refleja las malas relaciones entre Washington y Bruselas, no por el tema rural sino por el litigio entre Airbus y Boeing. Por su parte, el Banco Mundial subraya un dato clave: casi dos tercios de las ventajas económicas que depararse un desmonte general de subsidios provendría del sector agrícola”.

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