Citi: maniobra por US$ 13.500 millones en Londres y líos en Tokio

Citigroup admitió ante el personal que lamentaba haber hecho una maniobra con bonos por US$ 13.500 millones. Esto irritó a varios rivales en la Unión Europea y llevó a un sumario en Gran Bretaña. También hay problemas en Japón.

15 septiembre, 2004

En un memorando por e-mail a los 40.000 empleados de su banca global de inversión, Thomas Maheras –director ejecutivo de la división- sostiene que esa transacción “fue innovadora y buscaba acceso a una plaza de bonos tan líquida como la europea. Pero, finalmente, la operación no cumplía con nuestras propias normas. Deploramos haberla encarado”.

Se trataba de una venta masiva de eurobonos (€ 11.000 millones, o sea US$ 13.500 millones), emitidos por varios gobiernos de la zona. La operación se hizo en minutos, mayormente vía electrónica. Menos de una hora después, parte de esos papeles fue recomprada por Citigroup a menor precio: la venta les había bajado la cotización. Eso generó airadas reacciones entre competidores, analistas especializados y medios.

Si bien este tipo de trueques no es ilícito, el enroque transgredía un “pacto no escrito entre caballeros” (categoría por cierto inexistente en materia de especulación bursátil), en cuanto a no saturar un mercado para hacer bajas precios. Citigroup “omitió considerar el impacto del trueque en nuestros clientes, otros operadores –confesó Maheras- y las instancias regulatorias”. Especialmente en éstas.

El 4 de agosto, el mercado electrónico londinense (MTS) impuso un tope a los montos que bancas y otros intermediarios podían vender vía “oportunidades instantáneas”. El 6 ese tope quedó sin efecto. Amoscada, el 18 la Financial Services Authority (la SEC británica) abrió un sumario en torno a Citigroup y la extraña conducta del MTS.

El tardío “mea culpa” de Citigroup denota que el mayor grupo financiero del mundo toma en serio las investigaciones de la FSA y los reclamos del mercado. Ocurre que, en Estados Unidos, Citigroup ha sido objeto de numerosas investigaciones y demandas colectivas, originadas en tratos con clientes como Enron, WorldCom, otras empresas transgresoras y hasta “oligarcas” latinoamericanos ligados a tráficos ilícitos.

El director ejecutivo del grupo, Charles Prince –un abogado- declaró públicamente que Citi quería dejar esas historias atrás. Maheras no parece haberlo escuchado y, hoy, la FSA encuentra un motivo perfecto para profundizar su propia campaña de sumarios, sanciones y multas. Más aún: el martes, la entidad reveló que consideraba intensificar la supervisión y endurecer la normativa atinentes al mercado de bonos públicos y privados.

Sin duda, la reguladora británica está sacando los dientes y muestra una proactividad inédita desde que fuera creada. Poco antes de abrir actuaciones contra Citigroup, le había aplicado a Royal Dutch/Shell la mayor multa dispuesta hasta el presente (US$ 30.500.000), en su caso por falsear datos sobre reservas petroleras.

Pero los problemas no acaban ahí. El memo de Maheras coincide con investigaciones japoneses sobre otro negocio de Citigroup. Ya la Comisión de Valores local recomendó acciones disciplinarias contra la división nipona del grupo, tras verificar que había violado leyes bursátiles.

En efecto, la Securities & Exchange Surveillance Commission informó que, en 2003, Citibank Tokyo había proporcionado datos equívocos sobre bonos ofrecidos. Además, hizo de su compra condición taxativa para otorgar créditos a clientes. La Financial Services Agency debe ahora decidir qué penalidades impondrá a la banca norteamericana.

En un memorando por e-mail a los 40.000 empleados de su banca global de inversión, Thomas Maheras –director ejecutivo de la división- sostiene que esa transacción “fue innovadora y buscaba acceso a una plaza de bonos tan líquida como la europea. Pero, finalmente, la operación no cumplía con nuestras propias normas. Deploramos haberla encarado”.

Se trataba de una venta masiva de eurobonos (€ 11.000 millones, o sea US$ 13.500 millones), emitidos por varios gobiernos de la zona. La operación se hizo en minutos, mayormente vía electrónica. Menos de una hora después, parte de esos papeles fue recomprada por Citigroup a menor precio: la venta les había bajado la cotización. Eso generó airadas reacciones entre competidores, analistas especializados y medios.

Si bien este tipo de trueques no es ilícito, el enroque transgredía un “pacto no escrito entre caballeros” (categoría por cierto inexistente en materia de especulación bursátil), en cuanto a no saturar un mercado para hacer bajas precios. Citigroup “omitió considerar el impacto del trueque en nuestros clientes, otros operadores –confesó Maheras- y las instancias regulatorias”. Especialmente en éstas.

El 4 de agosto, el mercado electrónico londinense (MTS) impuso un tope a los montos que bancas y otros intermediarios podían vender vía “oportunidades instantáneas”. El 6 ese tope quedó sin efecto. Amoscada, el 18 la Financial Services Authority (la SEC británica) abrió un sumario en torno a Citigroup y la extraña conducta del MTS.

El tardío “mea culpa” de Citigroup denota que el mayor grupo financiero del mundo toma en serio las investigaciones de la FSA y los reclamos del mercado. Ocurre que, en Estados Unidos, Citigroup ha sido objeto de numerosas investigaciones y demandas colectivas, originadas en tratos con clientes como Enron, WorldCom, otras empresas transgresoras y hasta “oligarcas” latinoamericanos ligados a tráficos ilícitos.

El director ejecutivo del grupo, Charles Prince –un abogado- declaró públicamente que Citi quería dejar esas historias atrás. Maheras no parece haberlo escuchado y, hoy, la FSA encuentra un motivo perfecto para profundizar su propia campaña de sumarios, sanciones y multas. Más aún: el martes, la entidad reveló que consideraba intensificar la supervisión y endurecer la normativa atinentes al mercado de bonos públicos y privados.

Sin duda, la reguladora británica está sacando los dientes y muestra una proactividad inédita desde que fuera creada. Poco antes de abrir actuaciones contra Citigroup, le había aplicado a Royal Dutch/Shell la mayor multa dispuesta hasta el presente (US$ 30.500.000), en su caso por falsear datos sobre reservas petroleras.

Pero los problemas no acaban ahí. El memo de Maheras coincide con investigaciones japoneses sobre otro negocio de Citigroup. Ya la Comisión de Valores local recomendó acciones disciplinarias contra la división nipona del grupo, tras verificar que había violado leyes bursátiles.

En efecto, la Securities & Exchange Surveillance Commission informó que, en 2003, Citibank Tokyo había proporcionado datos equívocos sobre bonos ofrecidos. Además, hizo de su compra condición taxativa para otorgar créditos a clientes. La Financial Services Agency debe ahora decidir qué penalidades impondrá a la banca norteamericana.

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