China eleva tasas, la RF habla de bajarlas y sube el euro

China aumentó tipos activos y Benjamin Bernanke dio a entender que –en algún momento- cesaría de elevar tasas básicas. Lo primero impulsó un poco el yüan y ambas noticias confundieron a los mercados de riesgo y al dólar (27-IV).

Fue el primer retoque en dieciochos meses y lleva el costo del crédito de 5,58 a 5,85% anual. Esa decisión y las crípticas señales emitidas desde el Sistema de Reserva Federal obraron contra el dólar (el euro tocó US$ 1.26), el oro –que cedió a US$ 636- y los crudos (el tejano promedio se replegaba a US$ 70,80 el barril, pero el Brent marcaba 71,75).

Entretanto, las tasas no mostraban cambios notables. Salvo la Libor, que marcaba otra máxima, 5,29% anual a seis meses. A su vez, la T-10 apenas bajaba de 5,10 a 5,08% y la T-30 de 5,19 a 5,17% anual. Los tres guarismos continúan siendo coyunturalmente altos. Por su parte, Wall Street no sabía para qué lado marchar, ansioso por concluir abril en alza. Menos expuesta, la bolsa paulista –única relevante en Sudamérica- había quebrado el jueves sus propios récords y registraba 40.410 puntos en el panel líder.

En Estados Unidos, el clima se recalentaba. El miércoles, se supo que compras de bienes durables y venta de viviendas habían marcado en marzo máximos en más de diez años. Pero el petróleo rebotó a US$ 72,50 –los anuncios de Bush surtieron corto efecto- y el oro a 642. Concluyendo el mes, esos niveles descendían, pero muy poco.

Tomando desprevenidos a políticos, funcionarios y gurúes, en medio de una compleja crisis geopolítica global, la economía real norteamericana de pronto dio un salto; estadístico, al menos. Las órdenes de compra de bienes durables, según el departamento federal de Comercio, subieron 6,1% en marzo. Vale decir, más de tres veces los pronósticos en Wall Street.

Por su parte, la venta de viviendas nuevas aumentó un alarmante 13,8%, ritmo inédito desde marzo de 1993, que implica una proyección de 1.213.000 unidades anuales. En privado, algunos expertos del SRF ven con temores esta rebrote de la burbuja inmobiliaria, en gran medida porque se da pese al avance en tipos de interés. En este sentido, no se entiende por qué, ahora, Bernanke sale a admitir que las tasas básicos no seguirán subiendo mucho tiempo más (a menos que, como Alan Greenspan antes, el banquero opere para el gobierno en año electoral).

Volviendo a China, varios expertos estiman que el inesperado aumento de tasas activas busca enfriar una economía recalentada, en buena medida por un auge en la demanda de crédito al sistema financiero. De paso, Beijing conseguía elevar levemente el yüan en términos de la canasta dólar-euro-yen.

Por supuesto, no es que el gobierno chino “haya escuchado la voz de los mercados”, como salieron a decir el “Wall Street Journal” y su rival allende el Atlántico. Esa magia sólo opera en ciertas economías periféricas. Pero hay, sí, un cambio de políticas: ahora, los chinos apelan en parte a instrumentos de mercado para modificar expectativas, no ya sólo a mero dirigismo burocrático.

Si las principales bolsas del mundo manifestaban, desde el jueves, incertidumbres o señales negativas, es por temor a que la expansión china comience a perder velocidad y, con ello, ceda la demanda (“apetito” se dice ahora) por insumos y productos básicos. Por eso, los sectores bursátiles más afectados eran hidrocarburos, minería, energía y similares.

Esta decisión sobre tipos de interés pone en relieve, también, la inquietud dekl gobierno chino sobre síntomas de recalentamiento general. La clave fueros las estimaciones sobre producto bruto interno: promediaban 10,2% anual para el primer trimestre. Los planes oficiales habían proyectado no más de 8,75% en ese lapso. Hoy, la sorpresa es doble: un brote eufórico en esa economía real y otro en la norteamericana; ambos en el mismo período.

Fue el primer retoque en dieciochos meses y lleva el costo del crédito de 5,58 a 5,85% anual. Esa decisión y las crípticas señales emitidas desde el Sistema de Reserva Federal obraron contra el dólar (el euro tocó US$ 1.26), el oro –que cedió a US$ 636- y los crudos (el tejano promedio se replegaba a US$ 70,80 el barril, pero el Brent marcaba 71,75).

Entretanto, las tasas no mostraban cambios notables. Salvo la Libor, que marcaba otra máxima, 5,29% anual a seis meses. A su vez, la T-10 apenas bajaba de 5,10 a 5,08% y la T-30 de 5,19 a 5,17% anual. Los tres guarismos continúan siendo coyunturalmente altos. Por su parte, Wall Street no sabía para qué lado marchar, ansioso por concluir abril en alza. Menos expuesta, la bolsa paulista –única relevante en Sudamérica- había quebrado el jueves sus propios récords y registraba 40.410 puntos en el panel líder.

En Estados Unidos, el clima se recalentaba. El miércoles, se supo que compras de bienes durables y venta de viviendas habían marcado en marzo máximos en más de diez años. Pero el petróleo rebotó a US$ 72,50 –los anuncios de Bush surtieron corto efecto- y el oro a 642. Concluyendo el mes, esos niveles descendían, pero muy poco.

Tomando desprevenidos a políticos, funcionarios y gurúes, en medio de una compleja crisis geopolítica global, la economía real norteamericana de pronto dio un salto; estadístico, al menos. Las órdenes de compra de bienes durables, según el departamento federal de Comercio, subieron 6,1% en marzo. Vale decir, más de tres veces los pronósticos en Wall Street.

Por su parte, la venta de viviendas nuevas aumentó un alarmante 13,8%, ritmo inédito desde marzo de 1993, que implica una proyección de 1.213.000 unidades anuales. En privado, algunos expertos del SRF ven con temores esta rebrote de la burbuja inmobiliaria, en gran medida porque se da pese al avance en tipos de interés. En este sentido, no se entiende por qué, ahora, Bernanke sale a admitir que las tasas básicos no seguirán subiendo mucho tiempo más (a menos que, como Alan Greenspan antes, el banquero opere para el gobierno en año electoral).

Volviendo a China, varios expertos estiman que el inesperado aumento de tasas activas busca enfriar una economía recalentada, en buena medida por un auge en la demanda de crédito al sistema financiero. De paso, Beijing conseguía elevar levemente el yüan en términos de la canasta dólar-euro-yen.

Por supuesto, no es que el gobierno chino “haya escuchado la voz de los mercados”, como salieron a decir el “Wall Street Journal” y su rival allende el Atlántico. Esa magia sólo opera en ciertas economías periféricas. Pero hay, sí, un cambio de políticas: ahora, los chinos apelan en parte a instrumentos de mercado para modificar expectativas, no ya sólo a mero dirigismo burocrático.

Si las principales bolsas del mundo manifestaban, desde el jueves, incertidumbres o señales negativas, es por temor a que la expansión china comience a perder velocidad y, con ello, ceda la demanda (“apetito” se dice ahora) por insumos y productos básicos. Por eso, los sectores bursátiles más afectados eran hidrocarburos, minería, energía y similares.

Esta decisión sobre tipos de interés pone en relieve, también, la inquietud dekl gobierno chino sobre síntomas de recalentamiento general. La clave fueros las estimaciones sobre producto bruto interno: promediaban 10,2% anual para el primer trimestre. Los planes oficiales habían proyectado no más de 8,75% en ese lapso. Hoy, la sorpresa es doble: un brote eufórico en esa economía real y otro en la norteamericana; ambos en el mismo período.

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