No es la pandemia. ¡Es la cuarentena estúpido!

Pandemia o Fraudemia. Si el virus hubiera tenido la misma letalidad que la fiebre española, la estadística debería mostrar que morían 427.397 personas por día, número que al COVID-19 le costó cinco meses alcanzar

Hay un chiste que dice que se encuentran dos microeconomistas (quienes miran todo en términos relativos) y uno le dice al otro “Hola, ¿cómo está tu mujer?” y el otro le contesta “¿Comparada con qué?”.

En esto vale lo mismo. Si uno quiere comprender los efectos letales del COVID-19 lo primero que debería tener en cuenta es: ¿Cómo es la dinámica poblacional en términos de muertes? En éste sentido, lo primero qué se debe captar es que a lo largo del presente año, según los estudios demográficos de Naciones Unidas, en el planeta morirán 60 millones de personas, esto es, cerca de unas 165 mil personas por día a lo largo del todo el mundo.

Por otra parte, cuando se analizan las muertes por COVID-19 en todo el mundo, se tardó poco más de 100 días para alcanzar ese número. Esto es, estaríamos en torno al 1% de las muertas del mundo (aún en una linealización favorable al COVID-19).

Esta es una de las contundentes y controvertidas afirmaciones que hace Javier Milei en el libro que acaba de publicar: “Pandenomics, la Economía que viene en tiempos de Megarecesión, Inflación y Crisis Global”.

Es más, si uno compara con el caso de la fiebre española, que es el caso con el que la Organización Mundial de la Salud amenazó al mundo, el nivel de desproporción es mucho más que enorme. Concretamente, la fiebre española tuvo lugar desde fines de 1918 hasta inicios de 1920, e infectó a un tercio del planeta y se cargó con la vida del 6% de los infectados.

Esto es, la fiebre española mató a 39 millones de personas, lo cual representaba un 2% de la población total del planeta. Si uno replicara los números, para los niveles de población del 2020, estaríamos hablando de 2.600 millones de infectados y de un total de muertos por el COVID-19 de 156 millones, mientras que extrapolando linealmente los datos al día de hoy darían un total de 20 millones de infectados y de 1 millón de muertos.

Esto es, la OMS le ha errado en la cantidad de infectados en 130 veces y en el número de muertos en 156 veces. Es más, dado que durante el primer semestre, en los medios de comunicación audiovisual se mostraban continuamente zócalos con la cantidad de muertos por COVID-19 en todo el mundo, si el virus en cuestión, hubiera tenido la misma letalidad que la fiebre española, los zócalos deberían haber mostrado que morían 427.397 personas por día, número que al COVID-19 le costó alcanzar cinco meses.

Por lo tanto, a la luz de los datos presentados estamos frente a dos interpretaciones. Por un lado, es que la Organización Mundial de la Salud tiene un serio problema con el manejo de las matemáticas y las estadísticas, lo cual la llevo a cometer un error descomunal. Por otro, es que lo hayan hecho de modo totalmente intencionado. Sin embargo, más allá de cual haya sido el motivo, el punto es que el COVID-19 no sólo no es como la fiebre española, sino que es cuestionable definirlo como pandemia.

Cuarentena y economía

De acuerdo con los números presentados y de los errores más que groseros cometidos por la OMS en las estimaciones que dieron sustento a sus recomendaciones, resulta por demás importante saber, cuánto de la caída del PIB mundial es atribuible al COVID-19 (la Fraudemia) y cuánto a la cuarentena, ejercicio que cobra sentido, ya que, más allá de las diferencias entre los distintos modelos de cuarentena implementados en el mundo, todos han hecho cuarentena.

A partir de las proyecciones realizadas por la OMS y por los infectólogos quienes señalaron que la pandemia del COVID-19 sería equivalente a la “peste española” un trabajo econométrico realizado por Robert Barro, José Ursua y Joanna Weng determinó que si el COVID-19 fuera similar a la peste española, la tasa de caída en el crecimiento del producto per-cápita sería del 6%.

A su vez, si consideramos que la tasa del crecimiento del PIB puede asimilarse con la suma de la tasa de crecimiento del PIB/c más la de la población (neto entre crecimiento natural y el efecto de la enfermedad) el PIB del mundo estaría mostrando una retracción de la tasa de crecimiento de 7 puntos porcentuales.

Por lo tanto, dado que las estimaciones de caída en la tasa de crecimiento acorde a lo estimado por el FMI (utilizando otra metodología y trabajando país por país) está en la misma línea que el trabajo de Barro-Ursua-Weng asimilando el COVID-19 con el caso de la fiebre española, dado que el virus mostró una letalidad por lo menos 156 veces menor, el origen de la retracción es la cuarentena y no la Fraudemia.

Puesto en otros términos, dado que las muertes por COVID-19 serían del 0,013% para todo el mundo, la tasa de crecimiento del PIB per-cápita debería haber caído en 0,038%. De este modo, la cuarentena mundial es responsable del 99,27% de la caída del PIB.

Un remedio peor que la enfermedad

Si bien resulta claro que el modelo de cuarentena ha tenido un efecto devastador en la tasa de crecimiento mundial, dicho error se vuelve aún mucho más estremecedor cuando se considera los impactos en el mercado de trabajo. En este sentido, estudios de la Organización Mundial del Trabajo estimaron que durante el primer trimestre del año se perdieron 4,5% de las horas trabajadas en el mundo, lo cual implica que se perdieran 130 millones de puestos de trabajo, mientras que, frente a una pérdida de 10,5 horas durante el segundo trimestre del año, la cantidad de puestos laborales que se han perdido llegan a 305 millones.

Al mismo tiempo esa destrucción de millones de puestos de trabajo ha implicado que el salario promedio en el mundo caiga un 60%. Al mismo tiempo, dado que un 62% de los trabajadores del mundo trabajan en el sector informal y que 47 puntos de esos 62 han sido impactados de modo muy significativo por la cuarentena impulsada por la Organización Mundial de la Salud, la cantidad de trabajadores informales que se hallaba debajo de la línea de pobreza en el mundo pasó del 26% al 59%.

Por otra parte, acorde a las estimaciones del World Food Programme (WFP) junto a los resultados derivados del “Global Report on Food Crises 2020” (elaborado junto a la Food Security Information Network de la FAO y la International Food Policy Research Institute), señaló que, antes de la llegada del COVID-19, unas 135 millones se encontraban bajo una situación de inseguridad alimentaria. Sin embargo, lo que se observa es que el diseño de respuesta (cuarentenas estrictas) para resolver los efectos del virus enfrenta a los países a un desafiante trade-off entre salvar vidas o los medios de sustentación para poder vivir.

De este modo, salvar vidas del coronavirus, dado el modelo de cuarentena está llevando a que las personas mueran de hambre. En términos concretos, las investigaciones del WFP señalan que unas 130 millones de personas adicionales serán empujadas al límite de la inanición, por lo que el total de personas bajo inseguridad alimentaria treparía a 265 millones de seres humanos.

Por lo tanto, en función de ello y acorde los estudios de la WFP, en el mundo estarán muriendo de hambre 300.000 personas por día, durante por al menos un lapso de tres meses, esto es, unas 27 millones de personas estarán muriendo de hambre gracias al modelo de cuarentena impulsado por la OMS. En definitiva, todo ello muestra que el remedio está siendo mucho peor que la enfermedad.

Cuarentena Cavernícola

 Según como se ha sido definido en convenciones específicas o en el Estatuto de Roma, se permite advertir que los crímenes de lesa humanidad vienen dados por acciones sistemáticas y violentas dirigidas a eliminar o suprimir a ciertos grupos de la población. Al mismo tiempo, vale la pena señalar que no sólo la agresión física directa y el cercenamiento de la libertad constituyen un crimen de lesa humanidad, sino que también se puede buscar y alcanzar ese propósito mediante acciones que no son directamente violentas, como la supresión sistemática de derechos de propiedad a un nivel tal que haga imposible la subsistencia de la población.

En este sentido, es que emerge con total claridad que la supresión sistemática de los derechos de propiedad por parte del Estado, implica quitar la base de sustentación económica del individuo, el cual se enfrenta a un dilema existencial. Por un lado, defender su propiedad enfrentando el avance expropiador del Estado y que, a la postre terminará con su vida por inanición.

Así, el Estado lo terminará asesinando utilizando una vía indirecta (y cuya transición podría encuadrar como una tortura). Por otro lado, la opción de ceder mansamente al capricho de los jerarcas del Estado y convertirse de este modo en un esclavo. Por lo tanto, en el primer caso se aniquila el derecho a la vida, mientras que en el segundo el derecho a la libertad.

Por lo tanto, el impulso de un modelo de cuarentena extremadamente profundo y por un tiempo exageradamente prolongado, no sólo permite el avance sobre la vida y la libertad por parte de gobiernos con pretensiones totalitarias, sino que además, los gobiernos se convierten en verdaderas maquinarias de violación masiva de derechos individuales y cómo en dicha tarea, la violación de derechos de propiedad resulta esencial para alcanzar los objetivos, dichas acciones quedan alcanzadas por varias de las cláusulas del Estatuto de Roma y de aquellas legislaciones internas que lo hayan adoptado constituyendo así un delito de lesa humanidad.

 

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