Muchos temas pendientes en el Día de la Tierra

Hoy es el Día de la Tierra, una fecha que se celebra en el mundo desde 1970, o sea, desde hace exactamente 45 años. Pero todavía las miradas hacia  los grandes peligros que acosan al planeta y a la especie que lo habita son diferentes.

Para la Brookings Institution, hay básicamente tres grupos: los ecomodernistas,  los ambientalistas y los “verdes sociales”.

Los autodenominados ecomodernistas  señalan que se ha logrado un progreso real en,  por ejemplo, el agujero de ozono, smog urbano, agua potable en las principales ciudades del mundo. Ellos señalan la incorporación de una lógica “ecológica” (valga la redundancia) en la toma de decisiones de las grandes empresas y vidas particulares y la necesidad de adoptar todo tipo de soluciones tecnológicas a disposición.

Advierten que las noticias demasiado oscuras van a provocar el alejamiento de la gente y es cierto, dicen los especialistas de la Brookings, que la gente necesita alguna buena noticia para mantener el interés por el asunto.  Los mensajes catastróficos  han logrado movilizar  a una pequeña porción de la sociedad pero no lograron mantener el interés de las grandes masas como se necesita para conseguir soluciones importantes.

El segundo grupo incluye a aquellos que dicen que no nos estamos ocupando para nada de los problemas ambientales globales; son lo que hablan del creciente consumo de materiales y de la acumulación de desperdicios en la atmósfera. A 45 años del día en que se instauró el día de la tierra con el objetivo de hacer cosas por salvarla del deterioro, dicen, todavía no hemos ni desacelerado, ni detenido ni revertido la tendencia en consumo de materiales y de energía. Todo lo contrario. Sobre este punto aclaran que la economía mundial, medida por el aumento del PBI se está “desacoplando” de los niveles de consumo de recursos naturales, pero la cantidad total de materiales que estamos extrayendo y tirando no se está desacelerando. Todo lo contrario,

La economía global creció 22 veces desde 1900 mientras que el uso de materiales de construcción creció 34 veces, el de minerales 27 y el de combustibles fósiles — como carbón, petróleo y gas — aumentó 12 veces. Usamos, dicen,  3,6 veces más.

Lo mismo ocurre con los gases que están causando el cambio climático.  No estamos reduciendo la curva como deberíamos.

Todas las cosas materiales que nos rodean hacen que no sintamos nada: si las temperaturas suben, (el menos en los países más ricos) simplemente encendemos el aire acondicionado. O probablemente las temperaturas de los edificios estén ya reguladas sin que siguiera tengamos que encender nada.

Y eso nos lleva al tercer grupo: los verdes sociales, quienes señalan las enormes desigualdades en exposición a los “males” ambientales y en acceso  a los “bienes” ambientales en el mundo actual. Cuando los problemas ambientales están regulados en un lugar de la Tierra, simplemente se mudan a otros lugares. Así, nada se soluciona sin una acción global. 

Con el cambio climático, el mundo se está volviendo un lugar más inhóspito para la gente en las regiones semiáridas, en las comunidades costeras y especialmente en lugares donde los huracanes y las inundaciones son frecuentes.  No es solamente los lugares donde ocurren este tipo de fenómenos sino cuán vulnerables están los pobladores.  Esto puede significar enormes diferencias en impacto: el mismo huracán puede matar a algunos en la República Dominicana  y a miles de miles en Haití. El análisis de la Brookings Institution mostró que las tasas de muertos provocadas por causas climáticas– ajustadas a la población – muestran una variación de 200 en los países del mundo. En Haití, por ejemplo, ya no hay más bosques para fijar el suelo e impedir aludes de barro: No tuvieron tampoco sistemas de alarma para pedir a la gente que evacuara; tampoco infraestructura  para sacar a la gente del lugar afectado ni trabajadores de emergencia que llegaran a tiempo, etc.

Entonces, las recomendaciones: ir más allá de los esfuerzos simbólicos por pintar todo de verde. Hace falta crear una acción local para reenfocar las respuestas colectivas del Día de la Tierra al cambio climático y los otros problemas ambientales globales. Nada de eso ha logrado la escala que hace falta. Hay que enfocarse en soluciones sistémicas que busquen progreso de largo plazo. Enfocar los esfuerzos para ayudar a las sociedades marginales a reducir su vulnerabilidad. Esto significa financiar para la adaptación al clima que esa en la escala que necesitan. Significa agresivas reducciones en el las emisiones de dióxido de carbono. Significa que los gobiernos creen incentivos para que la gente deje de usar en demasía un recurso que genera impactos negativos al quemarse. Entre otras muchas cosas.

 

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