La escuela contribuye a reproducir la pobreza

Un estudio realizado por el Centro de Estudios de la Educación Argentina de la Universidad de Belgrano confirma que la escuela hoy no hace más que contribuir a reproducir la pobreza de una generación a otra.

“Nuestra escuela no está quebrando el círculo negativo de la reproducción intergeneracional de la pobreza”, sostiene Alieto Guadagni, director del Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano. Lo hace en el último reporte de esa entidad, que analiza los resultados de la reciente evaluación Aprender.

“Si comparamos los resultados de la prueba Aprender 2016, en el área de Matemática, con los obtenidos en la última edición de los operativos nacionales de evaluación ONE 2013, los alumnos del último año del colegio secundario registran un desempeño peor, con un leve incremento en la proporción de estudiantes cuyos conocimientos no alcanzan el nivel ‘Básico’, que pasó de 40 a 40,9%. También se registra una disminución de poco más de 2% en aquellos que obtuvieron un puntaje acorde con el nivel de conocimientos ‘Avanzado’, que había sido del 7,4% en 2013 y bajó a 5,2% en la prueba Aprender”, observa Guadagni.   Pero lo notable es que, según los resultados de la prueba Aprender, no alcanzó el nivel de conocimientos “Básico” el 58,6% de los alumnos de nivel socioeconómico bajo, el 40,6% de los estudiantes de nivel socioeconómico medio, y el 20,9% de los que tienen un nivel socioeconómico alto.

“La desigualdad económica de la sociedad penetró en la escuela, lo más igualitario que tenía la Argentina. La prueba Aprender muestra que los alumnos pertenecientes a un nivel socioeconómico bajo triplican a los que provienen de un nivel alto, cuando se compara el porcentual de evaluaciones con peor desempeño. Pocos meses antes de ingresar a una universidad, estos adolescentes no tienen el mismo desarrollo cognitivo, porque no sólo deben lidiar con la falta de recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas, sino que también se alejan de un recurso esencial para su futuro, al ser pobres en conocimiento”, indica el director del CEA.

“Mientras el nivel de conocimientos de nuestros niños y adolescentes dependa del dinero que tengan sus padres, nos alejaremos cada vez más de un país no sólo con justicia social, sino también con un crecimiento económico sostenido, ya que seguiremos debilitando el capital humano, que es la clave del progreso en este siglo XXI de la ciencia y la tecnología”, completa.

 

 

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