Cómo cumplir las promesas del 1 de enero

Se nos hizo creer que la fuerza de voluntad lo puede todo. Aquí cuestionan la existencia de ese concepto y aconsejan otro camino para lograr quebrar hábitos.

Durante los últimos tiempos se nos hizo creer que la fuerza de voluntad es como un músculo que se puede fortalecer con el uso frecuente; pero también se lo puede agotar , de modo que gastar demasiada voluntad en una dirección puede significar que queda agotada para otra.

Un psicólogo realizó un estudio de laboratorio en 1998: puso a dos grupos de personas ante un plato de galletitas de chocolate y otro de rábanos. A uno les dio instrucciones de comer las galletitas y al otro los rábanos. La premisa era que implicaría más auto disciplina para los que tenían que comer los rábanos resistir la tentación de elegir las galletitas.

En la segunda parte del experimento dieron a los mismos grupos dos acertijos para resolver sin advertirles que no tenían solución posible. Tenían 19 minutos para resolverlos. Los que habían comido los rábanos abandonaron a los 8, muy probablemente porque su fuerza de voluntad se había agotado resistiendo las galletitas. (Interpretación de los psicólogos)

 

Así nació la teoría según la cual la fuerza de voluntad es un recurso limitado. Si las decisiones que tomamos al comenzar un nuevo año son antagónicas lo más probable es que no logremos ninguna y terminemos con la fea sensación de impotencia.

 

Ahora se cree que la fuerza de voluntad no es un músculo, es comuna emoción, un sentimiento que viene y se va, impredecible. No se la puede obligar a lograr cosas.

 

Se adjudica fuerza de voluntad a personas que dijeron que iban a hacer algo y lo hicieron: ese es un juicio sobre una conducta. Pero nadie sabe si la fuerza de voluntad es algo que está detrás de esa conducta. No sabemos si es una sustancia, un recurso que algunos poseen y otros no. En lugar de preguntarnos “cómo fortalecer mi fuerza de voluntad”, deberíamos preguntarnos “cómo hago para que sea más probable que lo que proyecto lo pueda hacer?”

Una táctica es manipular el entorno para que la fuerza de voluntad pierda importancia.

Por ejemplo, si no llevás siempre la tarjeta de crédito en la billetera te va a ser más difícil hacer compras por impulso. Si el dinero de tu sueldo no es automáticamente transferido de tu cuenta corriente a tu cuenta de ahorro, la meta de ahorrar va a depender exclusivamente de tu fuerza de voluntad.

El consejo es usar cualquier truco que se adapte a tu personalidad. Los hábitos de una persona son difíciles de cambiar. Tal vez lo más conveniente sea abandonar totalmente la idea de la fuerza de voluntad. Si la palabra no se refiere a ninguna cosa identificable no hace falta preocuparse porque uno no la tenga. El cambio de conducta se convierte así en algo más sencillo como juntar algunas herramientas, trucos, para ir hacia delante. Lo más importante es no iniciar una batalla con nuestra propia psiqué 

 

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