Un CEO hábil y prudente

Derek Brown, anglosajón hasta la médula, dirige un negocio que es la quintaesencia de lo francés: las Guías Michelín de restaurantes y hoteles. Es el primer no francés, en 103 años, al frente de esos publicaciones.

No es fácil para un inglés ser árbitro de la comida francesa.
Y sin embargo, el CEO de la guía Michelín de restaurantes, es de
Inglaterra, país que goza de pésima reputación gastronómica.
Hoy, se ha ganado el respeto de los franceses.

Su nombramiento provocó escándalo en septiembre 2002, cuando
la empresa lo llamó a París para ocupar la dirección ejecutiva
de las guías. En la actualidad Derek Brown con autoridad que se ha ganado
por una gestión eficiente y cuidadosa en un negocio que el pueblo francés
entroniza: la gastronomía. A dos años de aquel nombramiento, las
protestas no sólo se callaron sino que además nadie parece recordarlas.

Antes de convertirse en director general Brown era inspector. Así llaman
en Michelín a los gastrónomos que visitan los restaurantes – muchas
veces escondiendo su verdadera identidad – y luego redactan sus informes.

Brown, como en los viejos tiempos, sigue cenando anónimamente. Sólo
se anuncia cuando llega el momento de la cuenta. “Si me reconocen”,
dice, “tal vez me traten mejor, o me den raciones más grandes, pero
no van a poder cambiar la calidad de la comida. O sea, pueden mejorar el servicio,
pero no el producto”.

Nacido en la ciudad de Bath, Brown entró a Michelín en Inglaterra
en el año 1971 luego de terminar sus estudios de hotelería. Trabajó
durante varios en la guía Michelín para Inglaterra e Irlanda.
Ahora en Francia y con el paladar acostumbrado, ya superó el estigma
de su nacionalidad y maneja el negocio editorial sin fricciones ni conflictos.
Pero lo más importante desde el punto de vista de estilo de liderazgo
es que, aunque colocado en la cima del negocio, mantiene contacto diario con
la tarea de campo: evaluar restaurantes.

No es fácil para un inglés ser árbitro de la comida francesa.
Y sin embargo, el CEO de la guía Michelín de restaurantes, es de
Inglaterra, país que goza de pésima reputación gastronómica.
Hoy, se ha ganado el respeto de los franceses.

Su nombramiento provocó escándalo en septiembre 2002, cuando
la empresa lo llamó a París para ocupar la dirección ejecutiva
de las guías. En la actualidad Derek Brown con autoridad que se ha ganado
por una gestión eficiente y cuidadosa en un negocio que el pueblo francés
entroniza: la gastronomía. A dos años de aquel nombramiento, las
protestas no sólo se callaron sino que además nadie parece recordarlas.

Antes de convertirse en director general Brown era inspector. Así llaman
en Michelín a los gastrónomos que visitan los restaurantes – muchas
veces escondiendo su verdadera identidad – y luego redactan sus informes.

Brown, como en los viejos tiempos, sigue cenando anónimamente. Sólo
se anuncia cuando llega el momento de la cuenta. “Si me reconocen”,
dice, “tal vez me traten mejor, o me den raciones más grandes, pero
no van a poder cambiar la calidad de la comida. O sea, pueden mejorar el servicio,
pero no el producto”.

Nacido en la ciudad de Bath, Brown entró a Michelín en Inglaterra
en el año 1971 luego de terminar sus estudios de hotelería. Trabajó
durante varios en la guía Michelín para Inglaterra e Irlanda.
Ahora en Francia y con el paladar acostumbrado, ya superó el estigma
de su nacionalidad y maneja el negocio editorial sin fricciones ni conflictos.
Pero lo más importante desde el punto de vista de estilo de liderazgo
es que, aunque colocado en la cima del negocio, mantiene contacto diario con
la tarea de campo: evaluar restaurantes.

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