Tyco era toda una cultura y un estilo de vida

Tyco International, cuya ex conducción está siendo juzgada por saquear la empresa, puso al descubierto una increíble trama de engaños, falsedades y corruptelas. Existía en la firma una cultura de enriquecimiento personal a toda costa.

Los excesos y un estilo de vida ostentoso, por momentos vulgar, fueron más
allá de los ejecutivos e involucraron a jefes de departamento, profesionales,
técnicos, etc. Pero todo esto encarnaba en Dennis Kozlowski, el presidente
ejecutivo (CEO) que autorizaba en secreto créditos personales y luego
resolvía no cobrarlos, sin decir una palabra a la junta directiva ni
a la asamblea de accionistas.

Kozlowski pagaba favores y obtenía complicidades usando dinero de la
compañía. Cincuenta personas recibieron bonificaciones no autorizadas
por un total de US$ 56 millones, más 39 millones para pagar los impuestos
por esos mismos ingresos extraordinarios. Según el informe de una comisión
investigadora interna, divulgado días atrás, la suma resultante
(US$ 95 millones) supera los operaciones financieras hechas por la propia firma.

El mismo CEO desvió millones a sus gastos particulares. ¡Y qué
gastos! La lista difundida incluye US$ 16.800.000 por un dúplex en la
V avenida -Manhattan- más 11.000.000 en muebles, 3.000.000 en remodelación
y otro piso, de 7.000.000, en Park Avenue para su ex esposa (al menos, Kozlowski
no era un avaro estilo Jack Welch).

Según la investigación interna, el ex CEO hizo abonar otras facturas
en secreto. Entre ellas, US$ 80.000 de gastos mensuales vía American
Express
, 72.000 al argentino Germán Frers por un yate, un equipo
de higiene personal para viajes por 17.000, una casilla con toldo para el perro
(15.000), un costurero de 6.300, una cortina de baño a 6.000, 5.960 por
dos juegos de sábanas personalizadas, un par de percheros de pie a 2.900,
un tacho de basura dorado (2.200), un almohadón de 445 y la única
"pichincha": una computadora tipo notebook por US$ 1.650.

Rastrear semejante serie de abusos llevó cuatro meses. Pero subsisten
dudas acerca de prácticas contables y no queda claro si esa cultura del
exceso ha sido erradicada. De hecho, muchos de sus beneficiarios de préstamos
luego perdonados -para lo cual firmaban acuerdos de confidencialidad- siguen
en Tyco.

Respecto de esas dádivas, apareció un memo firmado por Kozlowski
en septiembre de 2000, donde se lee: "Hemos resuelto dispensar de deudas
a individuos cuyos esfuerzos fueron clave para completar la reciente oferta
pública inicial de acciones". Ahora, el informe sostiene que los
empleados ignoraban que los créditos y las dispensas no hubieran sido
aprobados por la junta directiva.

Tampoco se explica qué pasará con los ejecutivos que figuran
en la lista, cuya copia a sido elevada al fiscal federal de Manhattan -que ha
anunciado el propósito de indagar y eventualmente procesar a esas personas-
y a la Securities & Exchange Commission. En un memo posterior, Kozlowski
arguye que bonificaciones, créditos y dispensas fueron autorizados por
Philil Hampton, entonces jefe de la comisión de remuneraciones. Pero
este ejecutivo murió en 2001.

Volviendo al informe, Kozlowski tomó prestados en forma ilegal US$ 61.700.000
para comprar bienes raíces. Su director financiero, Mark Schwartz, se
otorgó a sí mismo créditos por US$ 33.100.000 y Mark Belnick,
ex asesor corporativo, recibió US$ 14.600.000, también por vías
tortuosas. Finalmente, los investigadores descubrieron un convenio secreto entre
Kozlowski y Belnick, por el cual éste percibían un aguinaldo igual
al del CEO. En la actualidad, se lo juzga a Belnick por falsificar registros
y asientos contables con el objeto de ocultar US$ 14 millones en préstamos
obtenidos de la empresa.

Los excesos y un estilo de vida ostentoso, por momentos vulgar, fueron más
allá de los ejecutivos e involucraron a jefes de departamento, profesionales,
técnicos, etc. Pero todo esto encarnaba en Dennis Kozlowski, el presidente
ejecutivo (CEO) que autorizaba en secreto créditos personales y luego
resolvía no cobrarlos, sin decir una palabra a la junta directiva ni
a la asamblea de accionistas.

Kozlowski pagaba favores y obtenía complicidades usando dinero de la
compañía. Cincuenta personas recibieron bonificaciones no autorizadas
por un total de US$ 56 millones, más 39 millones para pagar los impuestos
por esos mismos ingresos extraordinarios. Según el informe de una comisión
investigadora interna, divulgado días atrás, la suma resultante
(US$ 95 millones) supera los operaciones financieras hechas por la propia firma.

El mismo CEO desvió millones a sus gastos particulares. ¡Y qué
gastos! La lista difundida incluye US$ 16.800.000 por un dúplex en la
V avenida -Manhattan- más 11.000.000 en muebles, 3.000.000 en remodelación
y otro piso, de 7.000.000, en Park Avenue para su ex esposa (al menos, Kozlowski
no era un avaro estilo Jack Welch).

Según la investigación interna, el ex CEO hizo abonar otras facturas
en secreto. Entre ellas, US$ 80.000 de gastos mensuales vía American
Express
, 72.000 al argentino Germán Frers por un yate, un equipo
de higiene personal para viajes por 17.000, una casilla con toldo para el perro
(15.000), un costurero de 6.300, una cortina de baño a 6.000, 5.960 por
dos juegos de sábanas personalizadas, un par de percheros de pie a 2.900,
un tacho de basura dorado (2.200), un almohadón de 445 y la única
"pichincha": una computadora tipo notebook por US$ 1.650.

Rastrear semejante serie de abusos llevó cuatro meses. Pero subsisten
dudas acerca de prácticas contables y no queda claro si esa cultura del
exceso ha sido erradicada. De hecho, muchos de sus beneficiarios de préstamos
luego perdonados -para lo cual firmaban acuerdos de confidencialidad- siguen
en Tyco.

Respecto de esas dádivas, apareció un memo firmado por Kozlowski
en septiembre de 2000, donde se lee: "Hemos resuelto dispensar de deudas
a individuos cuyos esfuerzos fueron clave para completar la reciente oferta
pública inicial de acciones". Ahora, el informe sostiene que los
empleados ignoraban que los créditos y las dispensas no hubieran sido
aprobados por la junta directiva.

Tampoco se explica qué pasará con los ejecutivos que figuran
en la lista, cuya copia a sido elevada al fiscal federal de Manhattan -que ha
anunciado el propósito de indagar y eventualmente procesar a esas personas-
y a la Securities & Exchange Commission. En un memo posterior, Kozlowski
arguye que bonificaciones, créditos y dispensas fueron autorizados por
Philil Hampton, entonces jefe de la comisión de remuneraciones. Pero
este ejecutivo murió en 2001.

Volviendo al informe, Kozlowski tomó prestados en forma ilegal US$ 61.700.000
para comprar bienes raíces. Su director financiero, Mark Schwartz, se
otorgó a sí mismo créditos por US$ 33.100.000 y Mark Belnick,
ex asesor corporativo, recibió US$ 14.600.000, también por vías
tortuosas. Finalmente, los investigadores descubrieron un convenio secreto entre
Kozlowski y Belnick, por el cual éste percibían un aguinaldo igual
al del CEO. En la actualidad, se lo juzga a Belnick por falsificar registros
y asientos contables con el objeto de ocultar US$ 14 millones en préstamos
obtenidos de la empresa.

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