¿Quién le pone el cascabel al gato?

Poco se habla del estado de salud psíquica. Y mucho menos cuando se trata de la mente de alguien en posición de mandar. Sin embargo, el problema es serio.

Según un columnista del Financial Times, en las empresas abunda hoy la gente con alguno de estos síntomas: extraordinaria energía y actividad; excesiva euforia; irritabilidad extrema e incapacidad para concentrarse. También, dice, muestran tener una confianza ilimitada en sus posibilidades y capacidades, poco sentido común y a menudo conductas agresivas. Estos sujetos – dice—por lo general se resisten a creer que algo esté mal.

Cuando muestran más de una de estas cosas, podríamos estar frente a un desorden bipolar, o lo que antes se llamaba “trastorno maníaco depresivo”.

Según el columnista, éste es un tema al que se le dedeica muy poca atención. La salud mental es el último tabú. Pero mantenerla en secreto también es poco saludable. Y suprimir o ignorar las preocupaciones sobre el estado de nuestra psiquis tampoco es saludable.

Los buenos jefes son personas ambiciosas que quieren sacar lo mejor de su gente. A veces pueden sentir la tentación surrealista de decir que el negro podría ser blanco si sólo la gente se esforzara un poco más. Pero los buenos jefes saben mantener controladas sus tendencias surrealistas. Mantienen sus pies sobre la tierra la mayor parte del tiempo.

Pero los malos jefes locos escapan a la ley de gravedad y vuelan hacia su propia órbita de insania. Y entonces es cuando tenemos un problema. Con gente así no valen los argumentos racionales. En esas circunstancias, un domador de leones tiene tantas posibilidades de éxito como cualquier otro profesional para hacerle entrar en razones.

Según un columnista del Financial Times, en las empresas abunda hoy la gente con alguno de estos síntomas: extraordinaria energía y actividad; excesiva euforia; irritabilidad extrema e incapacidad para concentrarse. También, dice, muestran tener una confianza ilimitada en sus posibilidades y capacidades, poco sentido común y a menudo conductas agresivas. Estos sujetos – dice—por lo general se resisten a creer que algo esté mal.

Cuando muestran más de una de estas cosas, podríamos estar frente a un desorden bipolar, o lo que antes se llamaba “trastorno maníaco depresivo”.

Según el columnista, éste es un tema al que se le dedeica muy poca atención. La salud mental es el último tabú. Pero mantenerla en secreto también es poco saludable. Y suprimir o ignorar las preocupaciones sobre el estado de nuestra psiquis tampoco es saludable.

Los buenos jefes son personas ambiciosas que quieren sacar lo mejor de su gente. A veces pueden sentir la tentación surrealista de decir que el negro podría ser blanco si sólo la gente se esforzara un poco más. Pero los buenos jefes saben mantener controladas sus tendencias surrealistas. Mantienen sus pies sobre la tierra la mayor parte del tiempo.

Pero los malos jefes locos escapan a la ley de gravedad y vuelan hacia su propia órbita de insania. Y entonces es cuando tenemos un problema. Con gente así no valen los argumentos racionales. En esas circunstancias, un domador de leones tiene tantas posibilidades de éxito como cualquier otro profesional para hacerle entrar en razones.

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