Para entender qué es competitividad

Es un concepto fundamental para poder crecer sostenidamente y mejorar los ingresos de las familias

23 junio, 2020

Por: Jorge Remes Lenicov*

Hay coincidencia en que no es posible obtener una definición unívoca, y que, en cualquier caso, su medición es compleja. Definición y componentes según Michael Porter M. Porter que fue quien planteó, en los años ochenta, la relevancia de las Ventajas Competitivas, como así también la importancia y significado de las cadenas de valor y los clústeres.

Fue él quien señaló que la competitividad es la capacidad de sostener y aumentar la participación en el comercio mundial con un incremento paralelo del nivel de vida de la población. Señaló que la competitividad nacional no se hereda, sino que se debe crear.

El elemento clave, en esta teoría, es el aumento de la productividad y la capacidad para innovar y mejorar de manera permanente. Para este autor la innovación es un conjunto que incluye las nuevas tecnologías, los métodos más avanzados o maneras de hacer las cosas y puede manifestarse en el diseño de un producto nuevo, en el proceso de producción, en la manera de enfocar el mercado, o en un modo novedoso para capacitar u organizar.

Porter identifica a las ventajas competitivas de una nación como el resultado de una serie de factores interrelacionados. Las cuatro características relevantes para la formación de un ambiente propicio para el mejoramiento de la competitividad son: la estrategia de la firma, la estructura y la competencia, las condiciones de demanda, las industrias relacionadas y de apoyo, y las condiciones de los factores de producción especializados (mano de obra calificada, capital e infraestructura científica; le resta importancia a la mano de obra no calificada y a las materias primas).

Considera, además, que hay que tener en cuenta dos cuestiones adicionales: por un lado, el gobierno, que tiene un rol poderoso en el fomento y amplificación de la competitividad porque debe alentar a la inversión en las empresas de manera sostenida, fomentar la demanda temprana de productos avanzados, promover la creación de factores de producción especializados, garantizar el cumplimiento de estándares ambientales, de seguridad y de productos, y estimular la competencia con regulaciones antimonopólicas.

Por el otro, señala que siempre hay que tener en cuenta los valores culturales de la sociedad: la confianza mutua y en las autoridades, el respeto a la ley, la frugalidad (alta propensión al ahorro), la actitud positiva frente al trabajo (aversión al ocio), la posición frente a la educación y al logro de la excelencia, el sistema ético, y la responsabilidad social de las empresas.

Termina señalando que una economía más competitiva es la que tiene mayores probabilidades de crecer más rápido en el mediano y largo plazo. Prueba de ello es la elevada correlación positiva entre competitividad y PIB por habitante en dólares PPP. Como era de prever y como bien señala la teoría económica, cuanto mayor es la competitividad y la productividad, más elevado es el nivel de vida y el crecimiento económico.

Con el paso del tiempo el concepto de competitividad fue evolucionando. Adam Smith fue el primero en plantear el tema con la idea de las Ventajas Absolutas, siendo la fuente de la competitividad los menores costos laborales unitarios absolutos. Le siguió el concepto de las Ventajas Comparativas que para David Ricardo está dada por la distinta productividad del trabajo originada en la diferente tecnología utilizada, y para Heckscher y Ohlin por la diferente dotación factorial.

Posteriormente Krugman y Lancaster plantean la Nueva Teoría del Comercio Internacional en la que incorporan el concepto de economía de escala y la diferenciación de productos. Posteriormente Porter, Cho y Moon, y Verbeke plantean las Ventajas Competitivas a partir de la innovación de las firmas y del ambiente institucional y macro.

Termina esta síntesis con la Competitividad Sistémica, formulada por Esser, Hillebrand, Messner y Meyer-Stamer quienes señalan que se alcanza con la capacidad de la sociedad en su conjunto de funcionar en pos del desarrollo de un ambiente competitivo para poder comerciar en el mundo, crecer y mejorar los salarios.

Índice Global de Competitividad (IGC)1. Este Índice fue construido por el Institute for Management Development (IMD: Instituto para el Desarrollo Gerencial), Suiza, y lo publica anualmente desde 1989 en The World Competitiveness Yearbook.

El IMD considera que la competitividad es un campo de la economía que examina los hechos y políticas que determinan la capacidad de una nación para establecer y mantener un ambiente de mayor creación de valor agregado para las empresas y mayor prosperidad para la población.

La prosperidad, fin último de la competitividad, está dada por la calidad de vida y el nivel de ingresos. El índice IMD analiza la relación entre el entorno nacional de un país (en el cual el Estado juega un papel clave) y el proceso de creación de riqueza (llevado a cabo por las firmas y los individuos).

Se examina el resultado de la interacción de los cuatro factores de competitividad, que determinan las características de cada país: 1. Desempeño económico: se refiere al ambiente macroeconómico, la inserción en el comercio internacional, el comportamiento de la inversión (local y extranjera), el empleo y la inflación. Otro índice también muy conocido es el preparado por el World Economic Forum. Los resultados para los países de América Latina son semejantes al IGC del IMD. Ambos muestran el bajo nivel de competitividad de nuestra región.

Eficiencia del gobierno: evalúa la manera en que las políticas públicas conducen a la competitividad. Se analiza el marco institucional (leyes, funcionamiento de la justicia, estabilidad de las reglas de juego), la política presupuestaria, el régimen impositivo, la situación social, y las condiciones para obtener plena competencia entre las empresas (defensa de la competencia y de los consumidores, y los marcos regulatorios).

Eficiencia empresarial: se refiere a la evolución de la productividad, el funcionamiento del mercado, la legislación laboral, el sistema financiero y el mercado de capitales.

Infraestructura: analiza en qué medida satisface los requerimientos de la actividad productiva. Incluye la infraestructura básica y la tecnológica, el nivel y cobertura de la educación, salud y el medio ambiente, y los valores y actitudes de la sociedad. Se asume que una buena performance en estos cuatro factores crea un ambiente nacional que propicia la competitividad. Metodológicamente, cada uno de estos factores se divide en cinco subfactores, los cuales, a su vez, son divididos en varios criterios a los efectos de evaluar la competitividad. En total, el Índice tiene en cuenta 20 subfactores y 342 criterios.

Cada subfactor, independientemente del número de criterios que contenga, posee una ponderación de 5 % dentro del índice. Tiene una cobertura de 63 países, elegidos tanto por su impacto en la economía global como por la disponibilidad de estadísticas que hacen posible la medición. Los 342 criterios de competitividad están sostenidos por una revisión de la literatura económica y por procesos de retroalimentación con la comunidad empresarial, gubernamental y académica.

*Con la colaboración de Lucas Pina y Nicolás Constante)

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