Obviedades invisibles

De la autopista de crecimiento sostenido por la que circulaba la Argentina no hace mucho ha pasado a vivir un desierto plagado de peligros, dice el autor en este ensayo hablando desde el punto de vista de las empresas. Es preciso, dice, aprender hoy algo la situación para que sirva y pueda aprovecharse en el futuro.

5 agosto, 2009

<p><em>Por Roly Boussy<br />OBC Consultora y capacitaci&oacute;n<br /><br /></em>Imagino que muchos ejecutivos de &aacute;reas comerciales de compa&ntilde;&iacute;as en Argentina, grandes o peque&ntilde;as, deben estar por estos d&iacute;as pregunt&aacute;ndose cu&aacute;ntas cosas m&aacute;s podr&iacute;an sucedernos este a&ntilde;o. <br /><br />La cosa viene complicada desde hace tiempo. Hasta hace no mucho, la Argentina ven&iacute;a circulando en una autopista de crecimiento tan sostenido y considerable, que a pocos le permit&iacute;a presagiar las tormentas que se avecinar&iacute;an.<br /><br />El problema estaba, en general, ligado a intentar domar la demanda y a tratar de acompa&ntilde;ar el crecimiento del mercado, disponiendo de los recursos necesarios para abastecer los pedidos, tratando de no ceder espacios de mercado en manos de la competencia. <br /><br />De todas formas, casi siempre la perinola competitiva sol&iacute;a caer con la cara &ldquo;todos ganan&rdquo; hacia arriba, y de una u otra forma, cada cual se llevaba su parte a casa y terminaba el d&iacute;a medianamente tranquilo.<br /><br />Pero, esos d&iacute;as venturosos dieron paso a una serie de circunstancias que de a poco fueron convirtiendo el oasis del consumo en un desierto plagado de peligros.<br /><br />Primero fue el conflicto entre el gobierno y los representantes del campo que entablaron una pulseada eterna para determinar qui&eacute;n era el m&aacute;s guapo. Luego las consecuencias de la irresponsable conducta de la meca del capitalismo que deriv&oacute; en la consecuente crisis global. Como si esto no fuera suficiente, con el calor vino el dengue y con el fr&iacute;o la gripe porcina.<br /><br />&nbsp;</p>

<p>En medio de este escenario plagado de villanos, cada uno de nosotros se encontr&oacute; solo en su circunstancia, tratando de llevar adelante no s&oacute;lo su propia existencia, sino tambi&eacute;n la obligaci&oacute;n vital de sostener el logro de sus objetivos profesionales para preservar su espacio y sobrevivir a la tormenta perfecta.<br /><br />Ahora bien, habiendo ya revisado hasta el hartazgo el ideograma chino que representa el concepto crisis e intentando internalizar la idea que toda crisis ofrece simult&aacute;neamente la oportunidad en el cambio, nos preguntamos de qu&eacute; manera podemos capitalizar la comuni&oacute;n conceptual con el enunciado oriental en la pr&aacute;ctica, en nuestra realidad concreta, en la que tengo que levantarme cada ma&ntilde;ana con un objetivo para cumplir mientras se reproducen los obst&aacute;culos que se interponen entre mi intenci&oacute;n y mis posibilidades.<br /><br />Un camino lo ofrece la fe. Cada uno puede optar por creer que de alguna manera aquel depositario de su propia fe, lo va a sacar de aqu&iacute;. &ldquo;Dios aprieta, pero no ahorca&rdquo;, &ldquo;Dios proveer&aacute;&rdquo;, son expresiones frecuentes entre quienes se enfocan en este encuadre. <br />En definitiva, se trata de nuestro destino, pero este concepto, el destino, admite m&aacute;s de una interpretaci&oacute;n.<br /><br />Veamos algunas de ellas.<br /><br />Para los norteamericanos, el destino lo construye cada uno. Habitual enfoque simplificador made in USA, donde siempre hay un h&eacute;roe que lucha contra la adversidad y logra salir adelante. &iexcl;T&uacute; puedes hacerlo! Al levantarte, dicen, m&iacute;rate en el espejo y dite con convicci&oacute;n y &eacute;nfasis, t&uacute; puedes lograrlo, lucha denodadamente y finalmente las resistencias ceder&aacute;n y lo habr&aacute;s logrado. Esta hip&oacute;tesis est&aacute; regada de ejemplos que cuentan como un pobre hombre desprovisto de recursos y lleno de adversidades, logra el &eacute;xito so&ntilde;ado con la fuerza y la tenacidad de su convicci&oacute;n.<br /><br />Suena interesante y tentador, pero se diluye su efectividad cuando intento aplicarlo en la vida de un joven Wichi formose&ntilde;o que no recibi&oacute; los nutrientes necesarios en su infancia y hoy intenta sobrevivir al hambre y la segregaci&oacute;n social en los m&aacute;rgenes del Pilcomayo. Desgraciadamente no basta para &eacute;l que alguien le diga, &ldquo;T&uacute; puedes&rdquo;.<br /><br />&nbsp;</p>

<p>Otra interesante interpretaci&oacute;n dice que el destino de cada uno simplemente &ldquo;est&aacute; escrito&rdquo;.<br />Vaya, vaya. Interesante. Sin tratar de resultar ofensivo para quienes adhieren a esta posici&oacute;n, porque al fin y al cabo cada uno es due&ntilde;o de creer en lo que quiera, esta posici&oacute;n me resulta cuando menos simplista.<br /><br />Si mi destino est&aacute; escrito, entonces me sacar&eacute; la corbata, me ir&eacute; a orillas del r&iacute;o y bajo la sombra de un &aacute;rbol, simplemente esperar&eacute; a que con el paso de los d&iacute;as, las hojas ya escritas del libro de mi destino, me vayan revelando el devenir. Haga lo que haga, en definitiva no ser&aacute; m&aacute;s que lo que estaba escrito y nada puedo hacer yo por cambiar este predestinado fluir. Prefiero creer que tengo alguna posibilidad de protagonizar mi existencia, no resign&aacute;ndome a ser un simple espectador.<br />No, tampoco satisface mi inquietud esta posici&oacute;n.<br /><br />Por suerte, por lo menos para m&iacute;, aparece una tercera teor&iacute;a. Dicen que los chinos, milenarios pensadores de los porqu&eacute;s, creen que el destino se forma de la intersecci&oacute;n de dos aspectos. <br />En primer lugar, todo aquello que no controlamos, dominamos ni depende de nosotros. No estoy involucrado en la pelea campo &ndash; gobierno, no tom&eacute; ni ofrec&iacute; pr&eacute;stamos subprime, no cri&eacute; mosquitos en sumideros propios, ni experiment&eacute; con porcinos en M&eacute;xico. Eso no depende de m&iacute; y est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de lo que puedo controlar. Son circunstancias fuera de mi alcance.<br /><br />Ahora bien, esa es s&oacute;lo una parte de la constituci&oacute;n de mi destino. &iquest;Cu&aacute;l es la otra? la otra parte son mis decisiones. Si bien yo no decid&iacute; nacer en el verano del 63 en donde nac&iacute;, ni que pasara todo lo que est&aacute; pasando hoy, s&iacute; puedo y debo tomar decisiones respecto a todo lo que est&aacute; a mi alcance y entonces s&iacute;, a partir de c&oacute;mo esas decisiones fecunden el medio, se ir&aacute; gestando mi propio destino.<br />Decisiones. O me quedo preguntando por qu&eacute; pasa esto o, asumiendo lo que pasa, me pregunto qu&eacute; puedo hacer y al responderme esta simple pregunta, me dispongo a hacer.<br /><br />&nbsp;</p>

<p>&iquest;Qu&eacute; debo hacer entonces?<br />Veamos algunas cuestiones orientativas.<br /><br /><strong>Pensar<br /></strong>Entender resulta clave. Ver la realidad, m&aacute;s all&aacute; de los m&uacute;ltiples simulacros que nos intentan vender. Dimensionar cada cosa a partir de la interpretaci&oacute;n de nuestro propio juicio cr&iacute;tico personal.<br />Poner todo en perspectiva, dentro de un marco m&aacute;s amplio que el d&iacute;a a d&iacute;a, porque uno puede estar corriendo el riesgo de ahogarse en un vaso de agua.<br /><br /><strong>Hacer m&aacute;s<br /></strong>Si hubo un momento en el que la corriente jugaba a nuestro favor, no es &eacute;ste. No hay corrientes ni vientos favorables. Hay que hacer cada d&iacute;a m&aacute;s, redoblar los esfuerzos y no claudicar.<br />Lo hicimos para llegar hasta aqu&iacute;, probablemente no alcance para llegar a la pr&oacute;xima estaci&oacute;n. Tomar las dificultades como desaf&iacute;os y salir a la cancha a dejar todo. Transpirar la camiseta como nunca.<br /><br /><strong>Hacer lo que debo hacer<br /></strong>La energ&iacute;a es necesaria, pero debe tener direcci&oacute;n. Los cambios de contexto implican cambios personales. Es probable que muchas de las cosas que ven&iacute;amos haciendo, deban reemplazarse por otras, pertinentes al momento. <br />La primera reacci&oacute;n natural es hacer m&aacute;s de lo mismo, m&aacute;s r&aacute;pido, m&aacute;s intensamente, m&aacute;s fuerte, pero tambi&eacute;n debemos considerar el hacer cosas nuevas que hoy resultan necesarias y vitales.<br /><br /><strong>Hacer mejor</strong><br />El techo de calidad que alcanzo hoy debe ser el piso desde donde intente superarme ma&ntilde;ana. Cada d&iacute;a mejorar y superarnos porque la exigencia de la evaluaci&oacute;n de nuestro aporte crece por lo general m&aacute;s r&aacute;pidamente que nuestro nivel de mejora.<br />Cuando hay pocas oportunidades, esas oportunidades se muestran h&iacute;per selectivas y cr&iacute;ticas y su decisi&oacute;n depender&aacute; de nuestra capacidad de diferenciarnos cualitativamente de otras opciones. Cada d&iacute;a mejor, en una b&uacute;squeda permanente por la superaci&oacute;n.<br /><br />&nbsp;</p>

<p><strong>Creer<br />
</strong>Si uno no empieza creyendo que es posible la salvaci&oacute;n o incluso el crecimiento, nadie lo creer&aacute; por nosotros ni a partir de nosotros. La convicci&oacute;n es vital para movilizar la maquinaria. All&iacute; comienza la soluci&oacute;n que construiremos luego como consecuencia de los actos que le den coherencia a la intenci&oacute;n.<br />
Lo mejor est&aacute; por venir y cuando llegue, quiero y voy a estar en el lugar preferencial para disfrutarlo en primera fila.<br />
<strong><br />
Inspirar<br />
</strong>La esperanza de nuestros colaboradores est&aacute; latente en el esp&iacute;ritu de cada uno, buscando donde amarrarse para desplegarse y actuar. Todos necesitamos quien lidere nuestra propia lucha y esto tiene m&aacute;s que ver con las actitudes que con las aptitudes.<br />
Ser optimistas, realistas pero positivos, es la clave para movilizar el ej&eacute;rcito con el que lucharemos la batalla. Encender el fuego interior de cada uno para arrasar la nada, la densa bruma del desconcierto y la resignaci&oacute;n.<br />
<br />
<strong>Aprender<br />
</strong>Finalmente, no podemos desaprovechar la oportunidad enorme de aprender algo de esta experiencia y tenemos que asumir la responsabilidad no s&oacute;lo de incorporar aprendizajes, sino de darle un destino que justifique la lucha y el esfuerzo.<br />
<br />
Que valga la pena. Que las posibilidades futuras cuenten con esta experiencia para actuar y no tengamos que una vez m&aacute;s empezar de cero.<br />
&Eacute;stas probablemente sean cuestiones obvias para muchos de nosotros, pero no siempre las cosas obvias son visibles a nuestros ojos. Verlas, hacerlas visibles, vencer la ceguera por habitualidad, cambiar la mirada, enfocar correctamente y no dejar que nada, pero nada de lo que est&aacute; pasando, amenace nuestras capacidades.<br />
<br />
Alg&uacute;n d&iacute;a miraremos las hojas que cuentan la historia de estos d&iacute;as y si hemos ocupado el lugar correcto, nos sentiremos orgullosos y sabremos que esa porci&oacute;n de futuro que habitan nuestros hijos, fue posible tambi&eacute;n gracias a nosotros.<br />
&nbsp;</p>

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