Morgan Stanley pone a Mack para encarar la crisis interna

La máxima firma mundial de valores nombró, sorpresivamentem te a John Mack como presidente y director ejecutivo, un doblete que sigue causando estragos en management. Algunos creen que habpía apuro en quitarse de encima a Philip Purcell.

1 julio, 2005

Pero la designación no dejará del todo satisfechos a accioinistas que acababan de pedirles la renuncia a todos los directivos y ejecutivos vinculados a Purcell. Ocurre que Mack, de 60 años, ya había ocupado ambos cargos. Aunque puede exhibir una ventaja a ojos de quienes no aguantaban más al autócrata dimitente: hace cuatro años peleó duro con él para llegar al frente de la firma (perdió).

No obstante, algunos analistas y no pocos accioinstas temen que Mack siga aún demsiados cerca del estilo Purcell. Después de todo, había estado casi treinta años en MS. De ahí pasó a Crédit Suisse First Boston, una banca de inversión de origen hélveta, cuyo management tampoco entusiasma a los especialistas. Por cierto, los hábitos de Mack eran tan “estilo MS” que no duró ni dos años en CSFB.

La designación fue aprobada por la junta directiva al terminar junio –sin echar siquiera una mirada a lista propuesta por la empresa contratada para una búsqueda- y el nuevo CEO se hará cargo el lunes próximo. Tanta prisa despierta resquemores entre los accionistas, pues ahora deberán esperar hasta marzo para evaluar la gestión de Mack. A su vez, varios analistas y gurúes del sector saludan “un triunfal regreso”, quizás en forma prematura (dice gente de Merrill Lynch y CSFB).

El camino será cuestra arriba para Mack y su equipo, todavía ignoto. Por un lado, le será difícil reclutar ex incondicionales de Purcell (una de ellas aspiraba al cargo). En buena medida, porque la crisis interna fue producto del choque entre la “guardia de Purcell” y el grupo de ejecutivos superiores que fue dejando MS en los últimos meses.

Por otro lado, Mack deberá rearmar cuadros deshechos por el conflicto. También tendrá que restaurar la reputación institucional, maltrecha tras meses de disputas, mejorar la moral interna, recobrar la confianza de accionistas y clientes importantes. A juicio de varios expertos en management, Morgan Stanley encara el cambio partirendo de un error: retener en la misma mano presidencia y dirección ejecutiva.

Pero la designación no dejará del todo satisfechos a accioinistas que acababan de pedirles la renuncia a todos los directivos y ejecutivos vinculados a Purcell. Ocurre que Mack, de 60 años, ya había ocupado ambos cargos. Aunque puede exhibir una ventaja a ojos de quienes no aguantaban más al autócrata dimitente: hace cuatro años peleó duro con él para llegar al frente de la firma (perdió).

No obstante, algunos analistas y no pocos accioinstas temen que Mack siga aún demsiados cerca del estilo Purcell. Después de todo, había estado casi treinta años en MS. De ahí pasó a Crédit Suisse First Boston, una banca de inversión de origen hélveta, cuyo management tampoco entusiasma a los especialistas. Por cierto, los hábitos de Mack eran tan “estilo MS” que no duró ni dos años en CSFB.

La designación fue aprobada por la junta directiva al terminar junio –sin echar siquiera una mirada a lista propuesta por la empresa contratada para una búsqueda- y el nuevo CEO se hará cargo el lunes próximo. Tanta prisa despierta resquemores entre los accionistas, pues ahora deberán esperar hasta marzo para evaluar la gestión de Mack. A su vez, varios analistas y gurúes del sector saludan “un triunfal regreso”, quizás en forma prematura (dice gente de Merrill Lynch y CSFB).

El camino será cuestra arriba para Mack y su equipo, todavía ignoto. Por un lado, le será difícil reclutar ex incondicionales de Purcell (una de ellas aspiraba al cargo). En buena medida, porque la crisis interna fue producto del choque entre la “guardia de Purcell” y el grupo de ejecutivos superiores que fue dejando MS en los últimos meses.

Por otro lado, Mack deberá rearmar cuadros deshechos por el conflicto. También tendrá que restaurar la reputación institucional, maltrecha tras meses de disputas, mejorar la moral interna, recobrar la confianza de accionistas y clientes importantes. A juicio de varios expertos en management, Morgan Stanley encara el cambio partirendo de un error: retener en la misma mano presidencia y dirección ejecutiva.

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