Mejor que comprar es pagar para usar

En la era Cloud, ¿para qué comprar, almacenar, mantener, proteger, ante una oferta ilimitada de objetos y servicios al alcance de la mano con sólo apretar un botón o firmar un contrato por la web?, según Snoop Consulting.

11 diciembre, 2015

Mejor consumir que poseer, mejor pagar por el uso que comprar, sostiene el CEO de Snoop Consulting, Gustavo Guaragna.

 

Afirma haber conocido hace unos años a un reconocido ilusionista italiano, coleccionista de libros antiguos de la especialidad, que estaba tras un ejemplar de 1593 y pasó mucho tiempo buscándolo.

 

Cuenta que finalmente encontró una persona que lo tenía y estaba dispuesto a venderlo, pero el problema era que lo ofrecía con toda su biblioteca. Es decir, para comprar ese libro (un libro), este amigo coleccionista debía comprar la biblioteca entera.

 

“Ya que era la única forma de conseguir el objeto tan preciado, lo hizo. Compró la biblioteca”, prosigue.

 

Tras justificar el hecho poéticamente, afirma amar los libros y estar seguro de que, de haber podido, hubiera hecho lo mismo.

 

Aclara esto para quitarle a la historia todo su contenido romántico a fin de poder utilizarla como metáfora y explicar una tendencia actual y sus claros beneficios.

 

Si todo está ahí, disponible; listo para ser utilizado cuando se lo necesite y por el tiempo que se lo necesite, ¿para qué comprarlo?, se pregunta.

 

Si lo único que interesa es la información de ese libro (y no satisfacer el amor de coleccionista) y ese libro está en una biblioteca pública, ¿no convendría pagar la cuota a la biblioteca y retirarlo siempre que se quiera consultarlo?

 

¿Para qué comprar una biblioteca entera?

 

¿Para qué pagar tanto dinero; para qué todo el cuidado desmedido que habrá que poner; para qué enfrentarse con la necesidad de un espacio físico que no tenemos (o que es desproporcional a lo que tenemos), cuando lo que queremos es leer una página específica? Costo alto, cuidado elevado, alta disponibilidad de espacio físico, información repetida, innecesaria.

 

Ahora bien, esto se aplica a todo tipo de contenido y bienes de consumo. Pensemos en los teléfonos celulares.

 

Nadie instala una central telefónica en su casa para comunicarse. Hace lo que hacemos todos: contratar un servicio y pagar por lo que se habla.

 

Ese mismo razonamiento es el que opera en el mundo actualmente, y está redefiniendo el consumo cotidiano. Streaming por descarga (la reproducción instantánea de música y videos desde webs remotas sin necesidad de guardarlos en el disco rígido); uso de software online por encima de la instalación de programas en la PC; almacenamiento en la nube (Dropbox, SkyDrive; Google Drive) en lugar de almacenamiento local; juegos online por consolas de juegos: la tendencia no es exclusiva del mundo digital.

 

El leasing (alquiler con derecho de compra) o el renting (alquiler puro y duro) están llevándolo al mundo físico. Autos, material informático y médico, computadoras y cualquier producto que se vuelva obsoleto rápidamente puede ser susceptible de estas fórmulas.

 

Estar al tanto de las tendencias tecnológicas y las innovaciones, pero sin decirlo porque lo sabe, sino porque lo practica, es una de las premisas.

 

Todos los servicios principales de la empresa, por ejemplo, están en la nube: correo electrónico, documentos, material institucional, ERP, CRM, plataformas de desarrollo de software e, incluso, todas las fuentes de nuestros sistemas. Fueron poniéndolos en práctica por conveniencia, no por seguir una moda.

 

Se hizo porque las ventajas eran contundentes. Son todas las que pueden imaginarse al pensar en por qué no hay que comprar una biblioteca, si lo que necesitamos es leer un solo libro.

 

 

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