Liderazgo activo

Algunas personas llevan el liderazgo en la sangre. Otras, lo aprenden con esfuerzo. Pero todo buen líder parte siempre de la visión de un futuro mejor- Luego ve cómo hace para concretarla. Para ejemplo, una anécdota de la Madre Teresa.

Durante una visita a Nueva York, la Madre Teresa de Calcuta demostró que un líder – con ideas claras, confianza y decisión – puede convertir una visión en realidad.

La madre Teresa, jefa de las Misioneras de la Caridad que para entonces llevaban tratados 149.000 leprosos, decía que el SIDA es la lepra de nuestra era.

Después de hablar ante las Naciones Unidas en Nueva York, visitó la prisión de Sing Sing y descubrió que cuatro presos tenían SIDA Luego de la visita, se dirigió a la alcaldía de la ciudad para entrevistarse con el alcalde, que por aquel entonces era Ed Koch. Le pidió que por favor le consiguiera en el teléfono al gobernador Mario Cuomo.

“Gobernador”, le dijo. “Acabo de venir de Sing Sing, y cuatro de los prisioneros tienen SIDA. Quisiera abrir un centro para la atención de esa enfermedad. ¿Le importaría liberar a esos cuatro enfermos para que los atienda en mi centro?”

“Será un placer”, contestó el gobernador.

“Ahora permítame que le cuente del edificio que tengo en mente”, continuó. “¿Aportaría usted el dinero necesario?”

“Por supuesto”, fue la respuesta.

Volviéndose hacia Koch, dijo: “Hoy es lunes. Me gustaría abrirlo el miércoles. Vamos a necesitar algunos permisos. ¿Podría usted encargarse de conseguírmelos?”

“Siempre que no me pida que lave los pisos”, dijo el alcalde.

Durante una visita a Nueva York, la Madre Teresa de Calcuta demostró que un líder – con ideas claras, confianza y decisión – puede convertir una visión en realidad.

La madre Teresa, jefa de las Misioneras de la Caridad que para entonces llevaban tratados 149.000 leprosos, decía que el SIDA es la lepra de nuestra era.

Después de hablar ante las Naciones Unidas en Nueva York, visitó la prisión de Sing Sing y descubrió que cuatro presos tenían SIDA Luego de la visita, se dirigió a la alcaldía de la ciudad para entrevistarse con el alcalde, que por aquel entonces era Ed Koch. Le pidió que por favor le consiguiera en el teléfono al gobernador Mario Cuomo.

“Gobernador”, le dijo. “Acabo de venir de Sing Sing, y cuatro de los prisioneros tienen SIDA. Quisiera abrir un centro para la atención de esa enfermedad. ¿Le importaría liberar a esos cuatro enfermos para que los atienda en mi centro?”

“Será un placer”, contestó el gobernador.

“Ahora permítame que le cuente del edificio que tengo en mente”, continuó. “¿Aportaría usted el dinero necesario?”

“Por supuesto”, fue la respuesta.

Volviéndose hacia Koch, dijo: “Hoy es lunes. Me gustaría abrirlo el miércoles. Vamos a necesitar algunos permisos. ¿Podría usted encargarse de conseguírmelos?”

“Siempre que no me pida que lave los pisos”, dijo el alcalde.

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