La teoría de la complejidad

La competitividad en los negocios y el desarrollo de las comunicaciones hacen que los resultados sean aleatorios y que la planificación empresaria sea inútil.

16 diciembre, 1999

En la teoría empresarial hay una nueva corriente científica que niega el valor de la planificación. El planteo que hace es el siguiente: hay sistemas lineales, en los que las acciones son previsibles, y sistemas no lineales, donde es imposible prever las consecuencias de una acción. Las empresas son sistemas no lineales, razón por la cual el planeamiento estratégico es no sólo inútil sino además peligroso.

En la empresa, dice este reducido grupo de teóricos, las estrategias de largo plazo sólo podrían planificarse si cada acción tuviera un número limitado de resultados posibles. Y eso no ocurre, porque el fenómeno de la competitividad en los negocios y el crecimiento fenomenal de las comunicaciones han creado una nueva situación en la que nada es seguro.

Ralph Stacey, profesor de la universidad de Hertfordshire y uno de los principales exponentes de esta “teoría de la complejidad”, cree que el concepto de estrategia intencional es un producto del pensamiento “lineal”, y que si muchas estrategias fracasan, no es porque estén mal concebidas o mal implementadas sino porque las empresas son sistemas “no lineales”.

Los empresarios que hablan de enfoques gerenciales “holísticos” reconocen tácitamente que las empresas tienen aspectos no lineales, y sin embargo aplican modelos lineales, o sea modelos en los que las acciones tienen un número limitado de resultados posibles.

Según esta nueva tesis, en un sistema no lineal, un acontecimiento pequeño puede provocar cambios fundamentales. Stacey dice que la capacidad que tienen los microacontecimientos para convertirse en macro triunfos o macro desastres significa que las empresas no pueden ser controladas y que es preciso dejar que en el largo plazo se desarrollen mediante un proceso de auto-organización espontánea. Los gerentes hacen una contribución importante al desarrollo de la compañía, pero no la pueden controlar.

Es posible planificar a corto plazo, porque para que un pequeño cambio pueda quebrar el equilibrio del sistema hace falta bastante tiempo. Y sin embargo, dicen los teóricos, más que planificación debería ser aprendizaje experimental.

Stacey explica que las compañías tienen tres opciones:

1) estancamiento estable

2) inestabilidad crónica

3) inestabilidad controlada

La última es la opción que recomiendan los teóricos de la complejidad por ser, según dicen, la que conduce a la creatividad y a la “cambiabilidad” (capacidad para cambiar).

Stacey afirma que las compañías sólo consiguen el estado de cambiabilidad cuando llegan a un estado de tensión creativa al borde de la inestabilidad.

Entonces es posible que una empresa con un sentido estratégico firme y claro sea superada sin esfuerzo por lo que podría parecer una red de compañías aparentemente desorganizadas y haciendo equilibrio al borde del colapso. Es más, cuando triunfa la estrategia, el responsable es el azar y no el mérito.

En la teoría empresarial hay una nueva corriente científica que niega el valor de la planificación. El planteo que hace es el siguiente: hay sistemas lineales, en los que las acciones son previsibles, y sistemas no lineales, donde es imposible prever las consecuencias de una acción. Las empresas son sistemas no lineales, razón por la cual el planeamiento estratégico es no sólo inútil sino además peligroso.

En la empresa, dice este reducido grupo de teóricos, las estrategias de largo plazo sólo podrían planificarse si cada acción tuviera un número limitado de resultados posibles. Y eso no ocurre, porque el fenómeno de la competitividad en los negocios y el crecimiento fenomenal de las comunicaciones han creado una nueva situación en la que nada es seguro.

Ralph Stacey, profesor de la universidad de Hertfordshire y uno de los principales exponentes de esta “teoría de la complejidad”, cree que el concepto de estrategia intencional es un producto del pensamiento “lineal”, y que si muchas estrategias fracasan, no es porque estén mal concebidas o mal implementadas sino porque las empresas son sistemas “no lineales”.

Los empresarios que hablan de enfoques gerenciales “holísticos” reconocen tácitamente que las empresas tienen aspectos no lineales, y sin embargo aplican modelos lineales, o sea modelos en los que las acciones tienen un número limitado de resultados posibles.

Según esta nueva tesis, en un sistema no lineal, un acontecimiento pequeño puede provocar cambios fundamentales. Stacey dice que la capacidad que tienen los microacontecimientos para convertirse en macro triunfos o macro desastres significa que las empresas no pueden ser controladas y que es preciso dejar que en el largo plazo se desarrollen mediante un proceso de auto-organización espontánea. Los gerentes hacen una contribución importante al desarrollo de la compañía, pero no la pueden controlar.

Es posible planificar a corto plazo, porque para que un pequeño cambio pueda quebrar el equilibrio del sistema hace falta bastante tiempo. Y sin embargo, dicen los teóricos, más que planificación debería ser aprendizaje experimental.

Stacey explica que las compañías tienen tres opciones:

1) estancamiento estable

2) inestabilidad crónica

3) inestabilidad controlada

La última es la opción que recomiendan los teóricos de la complejidad por ser, según dicen, la que conduce a la creatividad y a la “cambiabilidad” (capacidad para cambiar).

Stacey afirma que las compañías sólo consiguen el estado de cambiabilidad cuando llegan a un estado de tensión creativa al borde de la inestabilidad.

Entonces es posible que una empresa con un sentido estratégico firme y claro sea superada sin esfuerzo por lo que podría parecer una red de compañías aparentemente desorganizadas y haciendo equilibrio al borde del colapso. Es más, cuando triunfa la estrategia, el responsable es el azar y no el mérito.

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