Internet: ¿un gran ente igualador?

El hecho de conectar el mundo a Internet significará más que abrir las puertas del comercio, significará achicar las brechas económicas, sociales, culturales y de comunicación que separan a las distintas culturas.

10 noviembre, 2000

Pero, en vez de apuntar a una homogeneización de la sociedad, esto conducirá a una mayor apreciación de las diferencias, las tradiciones y las lenguas.

Internet será el gran ente igualador, pese a que es posible prever la aparición de disputas territoriales en el mundo virtual, así como siempre las hubo en el mundo tal cual lo conocíamos antes de la Web.

En todo el mundo, se llevan a cabo proyectos similares a medida que los sectores públicos y privados se unen para conectar a personas aisladas por razones geográficas o económicas.

De tener éxito, lo que es casi seguro, estos proyectos abrirán las puertas internacionales del comercio, el crecimiento económico y las comunicaciones.

La comunidad económica mundial se convertirá en una comunidad global en todos los sentidos.

En América latina, las iniciativas, encaradas por gobiernos progresistas, activistas comunitarios y organizaciones sin fines de lucro, apuntan a mejorar las oportunidades económicas de la población con menos recursos y de la gente joven.

En los últimos dos años, el movimiento para terminar con el apartheid digital de la región ha alcanzado su punto culmine, lo que alimenta la esperanza de que se cumpla la promesa de una Internet que sirva como igualador económico.

En la Argentina, el gobierno lanzó un programa de US$ 1.000 millones para que los préstamos para adquirir computadoras personales resulten accesibles a personas que no pueden acceder a créditos otorgados por entidades crediticias tradicionales.

Chile conectó a Internet las 1.263 escuelas secundarias y la mitad de los colegios primarios del país; así, garantizó que estudiantes de todos los niveles económicos accedieran a la Web.

En Brasil, donde vive la mitad de los 13 a 16 millones de internautas latinoamericanos, organizaciones sin fines de lucro dictan cursos de computación y proporcionan acceso a Internet en cientos de barrios bajos.

En Perú, gracias a subsidios otorgados por una organización sin fines de lucro, ubicada en Lima, el gobierno canadiense y la compañía local de teléfonos, se instaló una computadora, un generador portátil, una antena satelital y un monitor de pantalla grande en un remoto poblado de aborígenes del centro del país.

El comercio electrónico ya incrementó 10% el ingreso de las tribus; ahora, los pobladores venden naranjas, producidas orgánicamente, en Lima, ciudad que se encuentra a 400 kilómetros de distancia.

Si bien la fuerza dominante que navega la Internet de América latina está compuesta por hombres blancos, profesionales, de clase media y alta, que pertenecen a los centros urbanos, muchos prevén un futuro en el que todos los grupos económicos y étnicos de una población de 500 millones se conecten a la Web.

El índice de usuarios latinos se duplica cada año y, en las regiones más acomodadas, los índices se duplican cada cuatro a seis meses.

El acceso universal a Internet es el objetivo ambicioso de gobiernos progresistas y organizaciones de propugnación de América latina, Yukon y Estados Unidos.

Pese a que más de la mitad de la población mundial ya tiene acceso, aquellos que no son los mismos que fueron dejados de lado durante la expansión económica impulsada por la tecnología; muchos se han comprometido a que eso no vuelva a suceder.

Hoy en día, muchas personas de muchos lugares están considerando este asunto.

Según indicó Dante Caputo, secretario de tecnología de la Argentina, a un periodista del Washington Post: “No podemos cometer el mismo error dos veces y permitir que la nueva economía sea tan injusta y desigual como la vieja economía. Tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para garantizar que los pobres tengan acceso a Internet. Es nuestra oportunidad para empezar a lograr justicia social y económica”.

Pero, en vez de apuntar a una homogeneización de la sociedad, esto conducirá a una mayor apreciación de las diferencias, las tradiciones y las lenguas.

Internet será el gran ente igualador, pese a que es posible prever la aparición de disputas territoriales en el mundo virtual, así como siempre las hubo en el mundo tal cual lo conocíamos antes de la Web.

En todo el mundo, se llevan a cabo proyectos similares a medida que los sectores públicos y privados se unen para conectar a personas aisladas por razones geográficas o económicas.

De tener éxito, lo que es casi seguro, estos proyectos abrirán las puertas internacionales del comercio, el crecimiento económico y las comunicaciones.

La comunidad económica mundial se convertirá en una comunidad global en todos los sentidos.

En América latina, las iniciativas, encaradas por gobiernos progresistas, activistas comunitarios y organizaciones sin fines de lucro, apuntan a mejorar las oportunidades económicas de la población con menos recursos y de la gente joven.

En los últimos dos años, el movimiento para terminar con el apartheid digital de la región ha alcanzado su punto culmine, lo que alimenta la esperanza de que se cumpla la promesa de una Internet que sirva como igualador económico.

En la Argentina, el gobierno lanzó un programa de US$ 1.000 millones para que los préstamos para adquirir computadoras personales resulten accesibles a personas que no pueden acceder a créditos otorgados por entidades crediticias tradicionales.

Chile conectó a Internet las 1.263 escuelas secundarias y la mitad de los colegios primarios del país; así, garantizó que estudiantes de todos los niveles económicos accedieran a la Web.

En Brasil, donde vive la mitad de los 13 a 16 millones de internautas latinoamericanos, organizaciones sin fines de lucro dictan cursos de computación y proporcionan acceso a Internet en cientos de barrios bajos.

En Perú, gracias a subsidios otorgados por una organización sin fines de lucro, ubicada en Lima, el gobierno canadiense y la compañía local de teléfonos, se instaló una computadora, un generador portátil, una antena satelital y un monitor de pantalla grande en un remoto poblado de aborígenes del centro del país.

El comercio electrónico ya incrementó 10% el ingreso de las tribus; ahora, los pobladores venden naranjas, producidas orgánicamente, en Lima, ciudad que se encuentra a 400 kilómetros de distancia.

Si bien la fuerza dominante que navega la Internet de América latina está compuesta por hombres blancos, profesionales, de clase media y alta, que pertenecen a los centros urbanos, muchos prevén un futuro en el que todos los grupos económicos y étnicos de una población de 500 millones se conecten a la Web.

El índice de usuarios latinos se duplica cada año y, en las regiones más acomodadas, los índices se duplican cada cuatro a seis meses.

El acceso universal a Internet es el objetivo ambicioso de gobiernos progresistas y organizaciones de propugnación de América latina, Yukon y Estados Unidos.

Pese a que más de la mitad de la población mundial ya tiene acceso, aquellos que no son los mismos que fueron dejados de lado durante la expansión económica impulsada por la tecnología; muchos se han comprometido a que eso no vuelva a suceder.

Hoy en día, muchas personas de muchos lugares están considerando este asunto.

Según indicó Dante Caputo, secretario de tecnología de la Argentina, a un periodista del Washington Post: “No podemos cometer el mismo error dos veces y permitir que la nueva economía sea tan injusta y desigual como la vieja economía. Tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para garantizar que los pobres tengan acceso a Internet. Es nuestra oportunidad para empezar a lograr justicia social y económica”.

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