Internet aguarda su Napoleón

Las revoluciones se comen a sus hijos. Los devoran y luego consolidan a sectores más moderados. Luego se estabilizan, se esparcen y se consolidan. El mismo camino accidentado está siguiendo la Internet, dijo Carlos Becerra en el Plaza Hotel.

25 agosto, 2001

En el marco del ciclo “Desayunos con los Número Uno”, organizado por la Asociación Argentina de Marketing, se realizó un nuevo encuentro que tuvo como expositor a Jorge Becerra, vicepresidente y director general de The Boston Consulting Group. El mismo tuvo lugar el pasado 14 del corriente, en el salón Dorado del Marriot Plaza Hotel, Buenos Aires.

La exposición de Becerra llevaba por título “La revolución de Internet se encuentra a la espera de sus Napoleones: la nueva economía se está transformando desde adentro”. En opinión del disertante, los procesos revolucionarios –en política, en tecnología y en negocios- tienen una primera etapa explosiva y expansiva, que mueve a desconfianza a los escépticos y radicaliza a los conservadores. Seguidamente, los precursores pagan su precio, la revolución que ellos mismos produjeron termina devorando a sus propios hijos y consolida a los sectores más reaccionarios. Finalmente, el proceso se estabiliza, se esparce y termina consolidándose. El producto resultante se parece bastante a la revolución inicialmente anunciada y temida, pero no es igual; tiene otras maneras, otro estilo; es más sólida, impera y domina.

La revolución de Internet – dijo Becerra — parece seguir un camino similar, y está a la espera de su Bonaparte. Lo que sigue es una síntesis de la presentación, elaborada por el propio autor.

Para muchos, la revolución de Internet ha sido un fracaso. El Nasdaq perdió la mitad de su valor el año último. Centenares de “punto com” han desaparecido. Está claro que la nueva economía no está desplazando a la vieja: más bien esta última está transformándose desde adentro. ¿Acaso esto significa que la revolución terminó y podemos volver sin contratiempos al manejo de nuestros negocios tradicionales? De ninguna manera.

Esta revolución simplemente está recorriendo el mismo camino accidentado de aquellas que la precedieron. Cada revolución se alimenta de sus propios hijos. Los Jacobinos, quienes constituyeron la vanguardia de la Revolución Francesa, estuvieron entre sus primeras víctimas. El 28 de julio de 1794 (o el diez de Termidor para el calendario revolucionario), el líder jacobino Maximilien Robespierre fue condenado a la guillotina. Fue el fin del “Reinado de Terror”.

Pero la desaparición de los Jacobinos, conocida como Termidor, de ninguna manera fue el fin de la Revolución Francesa: el Directorio, el Consulado, el ascenso de Napoleón y su conquista de Europa comenzarían a desarrollarse.

Lo mismo ocurre con las revoluciones económicas. En 1895 existían alrededor de 5000 industrias automotrices norteamericanas; para 1925 sobrevivieron tan sólo una docena. Pero esto no impidió que la industria automotriz transformara la economía, las ciudades y nuestro estilo de vida.

La revolución de Internet seguirá un curso similar. Hoy en día muchos de los empresarios de Internet pueden estar sintiéndose tan despreciados como Robespierre. Sin embargo, los ejecutivos de las compañías tradicionales no deben suponer que el reciente Termidor de la Nueva Economía significa una vuelta al negocio clásico. Es simplemente el paso siguiente en la evolución de la revolución ya desencadenada.

Cambios estructurales

Así como es más sencillo ubicar las fallas geológicas que establecer el momento y lugar del próximo terremoto, la dirección y la intensidad de las fuerzas tectónicas que gobiernan la revolución de Internet están comenzando a ser entendidas:

· La velocidad de cálculo y el ancho de banda aumentan órdenes de magnitud cada pocos años
· Como consecuencia, la conectividad está extendiéndose desde computadoras a dispositivos móviles, aparatos de entretenimiento y aplicaciones para el hogar
· El aumento de la conectividad está habilitando radicalmente nuevos paradigmas de asociaciones empresariales, control y organización. – Las asimetrías en la información están erosionándose. El poder está desplazándose de los vendedores a los compradores, y finalmente, a los consumidores.

La paradoja en todos estos cambios radica en que es más probable que la tecnología sea disruptiva cuando el cambio se produce lentamente. Las “punto com” podrán haber perdido su encanto, pero las fuerzas de la nueva economía continúan acumulándose. Las verdades eternas acerca del costo, el cash y el valor para el cliente importan más que nunca, pero no necesariamente de la misma forma que antes.

Para enfrentar este desafío, una compañía necesita identificar las líneas defectuosas latentes en su negocio. Imagine que todas las fuerzas fundamentales relevantes se han desarrollado por completo: la computación es gratuita, el ancho de banda infinito, la información simétrica y ubicua. ¿Cuál sería, en ese punto imaginario, la estructura económicamente eficiente de su negocio y su industria?

Pregúntese luego, ¿cómo podría mi negocio evolucionar desde donde se encuentra hoy hasta ese punto imaginario? Cada discontinuidad hipotética en esa evolución señala un shock potencial e impredecible. En algún punto, las presiones se tornarán muy fuertes, y alguien, en algún lugar, encontrará el modo de romper con el modelo de negocios tradicional. Éste es el punto de partida para la estrategia en la segunda fase de la revolución de Internet. No un pronóstico, ni una visión, sino un conocimiento frío y racional del modo en que la nueva economía de la información sostiene la estructura de negocio actual y cómo la debilitará en algún punto.

Con esta perspectiva estratégica puede transformarse radicalmente hasta el punto de redefinir el corazón de sus habilidades y su modelo de negocios. Las ventajas competitivas en la economía de información tienen poco que ver con agradar al mercado de acciones. Tiene que ver con la asignación sistemática de recursos a un fin elegido bajo condiciones de gran incertidumbre: la clásica definición de la estrategia militar. La revolución de Internet espera a sus Napoleones.

En el marco del ciclo “Desayunos con los Número Uno”, organizado por la Asociación Argentina de Marketing, se realizó un nuevo encuentro que tuvo como expositor a Jorge Becerra, vicepresidente y director general de The Boston Consulting Group. El mismo tuvo lugar el pasado 14 del corriente, en el salón Dorado del Marriot Plaza Hotel, Buenos Aires.

La exposición de Becerra llevaba por título “La revolución de Internet se encuentra a la espera de sus Napoleones: la nueva economía se está transformando desde adentro”. En opinión del disertante, los procesos revolucionarios –en política, en tecnología y en negocios- tienen una primera etapa explosiva y expansiva, que mueve a desconfianza a los escépticos y radicaliza a los conservadores. Seguidamente, los precursores pagan su precio, la revolución que ellos mismos produjeron termina devorando a sus propios hijos y consolida a los sectores más reaccionarios. Finalmente, el proceso se estabiliza, se esparce y termina consolidándose. El producto resultante se parece bastante a la revolución inicialmente anunciada y temida, pero no es igual; tiene otras maneras, otro estilo; es más sólida, impera y domina.

La revolución de Internet – dijo Becerra — parece seguir un camino similar, y está a la espera de su Bonaparte. Lo que sigue es una síntesis de la presentación, elaborada por el propio autor.

Para muchos, la revolución de Internet ha sido un fracaso. El Nasdaq perdió la mitad de su valor el año último. Centenares de “punto com” han desaparecido. Está claro que la nueva economía no está desplazando a la vieja: más bien esta última está transformándose desde adentro. ¿Acaso esto significa que la revolución terminó y podemos volver sin contratiempos al manejo de nuestros negocios tradicionales? De ninguna manera.

Esta revolución simplemente está recorriendo el mismo camino accidentado de aquellas que la precedieron. Cada revolución se alimenta de sus propios hijos. Los Jacobinos, quienes constituyeron la vanguardia de la Revolución Francesa, estuvieron entre sus primeras víctimas. El 28 de julio de 1794 (o el diez de Termidor para el calendario revolucionario), el líder jacobino Maximilien Robespierre fue condenado a la guillotina. Fue el fin del “Reinado de Terror”.

Pero la desaparición de los Jacobinos, conocida como Termidor, de ninguna manera fue el fin de la Revolución Francesa: el Directorio, el Consulado, el ascenso de Napoleón y su conquista de Europa comenzarían a desarrollarse.

Lo mismo ocurre con las revoluciones económicas. En 1895 existían alrededor de 5000 industrias automotrices norteamericanas; para 1925 sobrevivieron tan sólo una docena. Pero esto no impidió que la industria automotriz transformara la economía, las ciudades y nuestro estilo de vida.

La revolución de Internet seguirá un curso similar. Hoy en día muchos de los empresarios de Internet pueden estar sintiéndose tan despreciados como Robespierre. Sin embargo, los ejecutivos de las compañías tradicionales no deben suponer que el reciente Termidor de la Nueva Economía significa una vuelta al negocio clásico. Es simplemente el paso siguiente en la evolución de la revolución ya desencadenada.

Cambios estructurales

Así como es más sencillo ubicar las fallas geológicas que establecer el momento y lugar del próximo terremoto, la dirección y la intensidad de las fuerzas tectónicas que gobiernan la revolución de Internet están comenzando a ser entendidas:

· La velocidad de cálculo y el ancho de banda aumentan órdenes de magnitud cada pocos años
· Como consecuencia, la conectividad está extendiéndose desde computadoras a dispositivos móviles, aparatos de entretenimiento y aplicaciones para el hogar
· El aumento de la conectividad está habilitando radicalmente nuevos paradigmas de asociaciones empresariales, control y organización. – Las asimetrías en la información están erosionándose. El poder está desplazándose de los vendedores a los compradores, y finalmente, a los consumidores.

La paradoja en todos estos cambios radica en que es más probable que la tecnología sea disruptiva cuando el cambio se produce lentamente. Las “punto com” podrán haber perdido su encanto, pero las fuerzas de la nueva economía continúan acumulándose. Las verdades eternas acerca del costo, el cash y el valor para el cliente importan más que nunca, pero no necesariamente de la misma forma que antes.

Para enfrentar este desafío, una compañía necesita identificar las líneas defectuosas latentes en su negocio. Imagine que todas las fuerzas fundamentales relevantes se han desarrollado por completo: la computación es gratuita, el ancho de banda infinito, la información simétrica y ubicua. ¿Cuál sería, en ese punto imaginario, la estructura económicamente eficiente de su negocio y su industria?

Pregúntese luego, ¿cómo podría mi negocio evolucionar desde donde se encuentra hoy hasta ese punto imaginario? Cada discontinuidad hipotética en esa evolución señala un shock potencial e impredecible. En algún punto, las presiones se tornarán muy fuertes, y alguien, en algún lugar, encontrará el modo de romper con el modelo de negocios tradicional. Éste es el punto de partida para la estrategia en la segunda fase de la revolución de Internet. No un pronóstico, ni una visión, sino un conocimiento frío y racional del modo en que la nueva economía de la información sostiene la estructura de negocio actual y cómo la debilitará en algún punto.

Con esta perspectiva estratégica puede transformarse radicalmente hasta el punto de redefinir el corazón de sus habilidades y su modelo de negocios. Las ventajas competitivas en la economía de información tienen poco que ver con agradar al mercado de acciones. Tiene que ver con la asignación sistemática de recursos a un fin elegido bajo condiciones de gran incertidumbre: la clásica definición de la estrategia militar. La revolución de Internet espera a sus Napoleones.

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