“Hay una relación de esclavitud con el dinero”

Invitado por el BankBoston en el marco de las jornadas “Perspectivas Económicas”, organizadas por la entidad financiera, Jorge Bucay, terapeuta gestáltico, disertó en Córdoba sobre la relación que el hombre sostiene con el dinero.

1 septiembre, 2001

–¿Qué tipo de relación desarrolló el empresario argentino con el concepto dinero, después de 40 meses de una recesión que parece asumir una tendencia estructural?

–Pensar que la situación de un empresario o profesional no cambió frente al dinero sería casi infantil. De todas maneras, hay una relación entre los hombres de negocios y el dinero que va más allá de la situación actual, de que les vaya bien o mal. Obviamente, la referencia cambia en la medida en que cambia la situación económica, y en este sentido, es odioso decirlo, pero es así: el dinero se parece un poco al aire. Cuando hay suficiente nadie se ocupa de él, pero cuando empieza a escasear todos nos damos cuenta de que algo está faltando.

–Por la comparación que hizo entre el dinero y el aire, ¿piensa que el hombre es esclavo del dinero?

–Ojalá que no. El dinero es un excelente esclavo, pero también es un terrible amo. Siempre hay una relación de esclavitud, de amo-esclavo, con el dinero. El tema depende de dónde uno se ubique y qué tipo de relación se quiera tener. El dinero empieza a ser un problema cuando no está. En cambio, cuando es suficiente no es un problema estructural ni personal. En estos tiempos, una de las evaluaciones de reconocimiento priorizadas por la sociedad es cuánto dinero tiene uno, cuánto produce y cuánto maneja. Esto genera una fuerte distorsión. Durante estos meses de recesión hubo mucha gente que debió aceptar que cambiaba su situación y tuvo una relación de naturaleza diferente con el dinero propio. De ser una relación feliz se volvió, de alguna manera, en una de esclavitud, lo cual es terrible.

–¿Cómo revertir el sentido de esta relación para volver al punto inicial?

— Hay que aprender a dar el valor que realmente tiene al dinero. Creo que la gente no tiene idea de ese valor, que en el fondo es secundario.

–Hoy, en la Argentina, la mayoría de la sociedad vincula al dinero con la idea de poder, otorgándole valor esencial.

–Esta aseveración es vista desde los ojos que dan al dinero un valor más trascendente del que verdaderamente tiene. Esa visión no es la mía, porque en realidad el dinero tiene un valor secundario. Esta realidad consumista y materialista es la realidad según la forma en que se la mire. El dinero no se sustancia a partir de cuánto uno tiene, sino de la relación que se entable con él. La gran problemática es la relación, no cuánto se tiene sino cómo se usa ese dinero. Y en nuestra sociedad se ha elegido el dinero como una manera de evaluar el éxito, es la medida para representar si alguien ha cumplido con el objetivo de ser exitoso en la vida. Ahí está la trampa. Nuestras madres nos enseñaron la idea de que había que ser alguien en la vida y ser alguien significa ser importante. Ser importante implica destacarse y esto significa lograr también un resultado económico. Los estadounidenses dicen: si es tan inteligente, ¿cómo es que no tiene dinero?“. Se lo preguntan como si fuese una asociación directa, de causa y efecto. Lo cierto es que esto es una mentira. Uno se destaca más cuando percibe que es amado por la persona que ama y no cuando percibe que tiene una buena cuenta bancaria. En esto, los ricos tienen una gran ventaja sobre los pobres porque saben que con el dinero no alcanza.

–¿Cuáles son las consecuencias que sufre una organización por tener al frente una persona que entiende al dinero como un valor esencial?

–No tengo dudas de que quien tenga una relación saludable con el dinero puede ser un mejor empresario que alguien que tiene una relación patológica con él. Ser obsesivo no significa nada desde el punto de vista de la enfermedad, se puede ser obsesivo y ser absolutamente normal. De hecho, Freud era un obsesivo e hizo cosas maravillosas. El problema se presenta cuando una persona está obsesionada con el dinero y todo gira alrededor de esa preocupación. De ese modo no va a poder tener la cabeza libre para pensar qué es lo mejor para su empresa y sólo va a limitarse a la historia y el resultado. Hoy, evaluar todo en base a los resultados, sobre todo resultados económicos, es altamente pernicioso para la evolución de cualquier empresa y proyecto.

–En este estado de cosas, ¿cuáles son sus proyecciones acerca de la relación hombre-dinero para los próximos años?

–Creo que vamos en la dirección de cambio, no importa qué se haga mañana o dentro de años. La primicia es que vamos hacia allá porque lo único que sobra en este mundo es dinero, todo lo demás falta. Hay más dinero del que en realidad se puede invertir y del que se puede gastar. El gran problema de aquellos que tienen dinero es qué van a hacer con él. Los bancos internacionales no saben qué hacer con él. Y si todos los países pagasen su deuda externa no se sabría qué hacer. No hay nada que se pueda comprar con el dinero que no sea más dinero y deuda de dinero. Y más contracciones de espacio de poder que no conducen a nada, siempre que el dinero siga teniendo este lugar de centro.

–¿Por qué la percepción de la sociedad es tan distinta de lo que usted plantea y no puede ver esto?

–Porque quien fija las pautas publicitarias es la gente que tiene interés de que lo valioso sea el dinero. No se puede vender el amor de otro, sólo se vende el dinero, pero hay una posibilidad adicional de usar el dinero: que sirva para lo que cada uno decida, y ojalá que se pueda desechar para siempre la estupidez cúbica que consiste en gastar el dinero que no se tiene, para comprar lo que no se necesita para poner contenta a gente que no importa. Lo vital es que empecemos, cada vez más, a pensar en esto para volvernos más conscientes.

–En el momento en que el ejecutivo se propone trabajar para obtener dinero, ¿lo hace para satisfacer una necesidad actual o con visión de ahorro y previsión?

–La pregunta puede contestarse desde varios aspectos, ya sea por estas dos formas o por una tercera opción, que consiste en el planteo que hizo Adam Smith (1776). El especialista dijo que todo está movido por el interés económico y trabaja esta idea. Pero termina diciendo que, en realidad, el hombre quiere ganar dinero no por el dinero mismo sino porque es el medio para recibir el reconocimiento del prójimo, que es lo único que en realidad le importa. El dinero no es el fin, sino recibir algo a cambio, y ese algo se llama valoración, amor o como cada uno quiera denominarlo. Pero ésta es la mirada del prójimo. El empresario, el ejecutivo o el comerciante hacen lo mismo, puede que no lo sepa o que no se dé cuenta. ¿Estará buscando la admiración y el resultado inmediato del amor de los demás o la garantía futura de que los demás lo van a querer cuando ya no sea capaz de trabajar para producirlo? ¿Estará garantizándose la historia de poder acceder a lo que gasta o estará comprando el amor a futuro? Ambas cosas pueden pasar, el problema es no darse cuenta de qué es lo que está buscando. En última instancia, es ser valioso para los demás. Se necesitan empresarios con claridad suficiente como para saber que éste es un camino para conseguir otras cosas más importantes. El dinero tiene un valor importante, pero es secundario.

Por Mariana Scalerandi
MERCADO Córdoba

–¿Qué tipo de relación desarrolló el empresario argentino con el concepto dinero, después de 40 meses de una recesión que parece asumir una tendencia estructural?

–Pensar que la situación de un empresario o profesional no cambió frente al dinero sería casi infantil. De todas maneras, hay una relación entre los hombres de negocios y el dinero que va más allá de la situación actual, de que les vaya bien o mal. Obviamente, la referencia cambia en la medida en que cambia la situación económica, y en este sentido, es odioso decirlo, pero es así: el dinero se parece un poco al aire. Cuando hay suficiente nadie se ocupa de él, pero cuando empieza a escasear todos nos damos cuenta de que algo está faltando.

–Por la comparación que hizo entre el dinero y el aire, ¿piensa que el hombre es esclavo del dinero?

–Ojalá que no. El dinero es un excelente esclavo, pero también es un terrible amo. Siempre hay una relación de esclavitud, de amo-esclavo, con el dinero. El tema depende de dónde uno se ubique y qué tipo de relación se quiera tener. El dinero empieza a ser un problema cuando no está. En cambio, cuando es suficiente no es un problema estructural ni personal. En estos tiempos, una de las evaluaciones de reconocimiento priorizadas por la sociedad es cuánto dinero tiene uno, cuánto produce y cuánto maneja. Esto genera una fuerte distorsión. Durante estos meses de recesión hubo mucha gente que debió aceptar que cambiaba su situación y tuvo una relación de naturaleza diferente con el dinero propio. De ser una relación feliz se volvió, de alguna manera, en una de esclavitud, lo cual es terrible.

–¿Cómo revertir el sentido de esta relación para volver al punto inicial?

— Hay que aprender a dar el valor que realmente tiene al dinero. Creo que la gente no tiene idea de ese valor, que en el fondo es secundario.

–Hoy, en la Argentina, la mayoría de la sociedad vincula al dinero con la idea de poder, otorgándole valor esencial.

–Esta aseveración es vista desde los ojos que dan al dinero un valor más trascendente del que verdaderamente tiene. Esa visión no es la mía, porque en realidad el dinero tiene un valor secundario. Esta realidad consumista y materialista es la realidad según la forma en que se la mire. El dinero no se sustancia a partir de cuánto uno tiene, sino de la relación que se entable con él. La gran problemática es la relación, no cuánto se tiene sino cómo se usa ese dinero. Y en nuestra sociedad se ha elegido el dinero como una manera de evaluar el éxito, es la medida para representar si alguien ha cumplido con el objetivo de ser exitoso en la vida. Ahí está la trampa. Nuestras madres nos enseñaron la idea de que había que ser alguien en la vida y ser alguien significa ser importante. Ser importante implica destacarse y esto significa lograr también un resultado económico. Los estadounidenses dicen: si es tan inteligente, ¿cómo es que no tiene dinero?“. Se lo preguntan como si fuese una asociación directa, de causa y efecto. Lo cierto es que esto es una mentira. Uno se destaca más cuando percibe que es amado por la persona que ama y no cuando percibe que tiene una buena cuenta bancaria. En esto, los ricos tienen una gran ventaja sobre los pobres porque saben que con el dinero no alcanza.

–¿Cuáles son las consecuencias que sufre una organización por tener al frente una persona que entiende al dinero como un valor esencial?

–No tengo dudas de que quien tenga una relación saludable con el dinero puede ser un mejor empresario que alguien que tiene una relación patológica con él. Ser obsesivo no significa nada desde el punto de vista de la enfermedad, se puede ser obsesivo y ser absolutamente normal. De hecho, Freud era un obsesivo e hizo cosas maravillosas. El problema se presenta cuando una persona está obsesionada con el dinero y todo gira alrededor de esa preocupación. De ese modo no va a poder tener la cabeza libre para pensar qué es lo mejor para su empresa y sólo va a limitarse a la historia y el resultado. Hoy, evaluar todo en base a los resultados, sobre todo resultados económicos, es altamente pernicioso para la evolución de cualquier empresa y proyecto.

–En este estado de cosas, ¿cuáles son sus proyecciones acerca de la relación hombre-dinero para los próximos años?

–Creo que vamos en la dirección de cambio, no importa qué se haga mañana o dentro de años. La primicia es que vamos hacia allá porque lo único que sobra en este mundo es dinero, todo lo demás falta. Hay más dinero del que en realidad se puede invertir y del que se puede gastar. El gran problema de aquellos que tienen dinero es qué van a hacer con él. Los bancos internacionales no saben qué hacer con él. Y si todos los países pagasen su deuda externa no se sabría qué hacer. No hay nada que se pueda comprar con el dinero que no sea más dinero y deuda de dinero. Y más contracciones de espacio de poder que no conducen a nada, siempre que el dinero siga teniendo este lugar de centro.

–¿Por qué la percepción de la sociedad es tan distinta de lo que usted plantea y no puede ver esto?

–Porque quien fija las pautas publicitarias es la gente que tiene interés de que lo valioso sea el dinero. No se puede vender el amor de otro, sólo se vende el dinero, pero hay una posibilidad adicional de usar el dinero: que sirva para lo que cada uno decida, y ojalá que se pueda desechar para siempre la estupidez cúbica que consiste en gastar el dinero que no se tiene, para comprar lo que no se necesita para poner contenta a gente que no importa. Lo vital es que empecemos, cada vez más, a pensar en esto para volvernos más conscientes.

–En el momento en que el ejecutivo se propone trabajar para obtener dinero, ¿lo hace para satisfacer una necesidad actual o con visión de ahorro y previsión?

–La pregunta puede contestarse desde varios aspectos, ya sea por estas dos formas o por una tercera opción, que consiste en el planteo que hizo Adam Smith (1776). El especialista dijo que todo está movido por el interés económico y trabaja esta idea. Pero termina diciendo que, en realidad, el hombre quiere ganar dinero no por el dinero mismo sino porque es el medio para recibir el reconocimiento del prójimo, que es lo único que en realidad le importa. El dinero no es el fin, sino recibir algo a cambio, y ese algo se llama valoración, amor o como cada uno quiera denominarlo. Pero ésta es la mirada del prójimo. El empresario, el ejecutivo o el comerciante hacen lo mismo, puede que no lo sepa o que no se dé cuenta. ¿Estará buscando la admiración y el resultado inmediato del amor de los demás o la garantía futura de que los demás lo van a querer cuando ya no sea capaz de trabajar para producirlo? ¿Estará garantizándose la historia de poder acceder a lo que gasta o estará comprando el amor a futuro? Ambas cosas pueden pasar, el problema es no darse cuenta de qué es lo que está buscando. En última instancia, es ser valioso para los demás. Se necesitan empresarios con claridad suficiente como para saber que éste es un camino para conseguir otras cosas más importantes. El dinero tiene un valor importante, pero es secundario.

Por Mariana Scalerandi
MERCADO Córdoba

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