El viejo y difícil arte de entrevistar

La preparación es clave en una entrevista: aumenta la posibilidad de lograr el principal objetivo de decidir si hacer o no una oferta al candidato averiguando si es la persona adecuada para el cargo.

28 agosto, 2001

No hay una sola técnica para interrogar. Cada persona en la tarea de entrevistar aplica sus propias técnicas con los aspirantes a algún puesto de trabajo.

La entrevista directa o dirigida es, en realidad, la menos usada. Consiste en una situación de preguntas y respuestas estructuradas que se han pensado previamente y ordenado en un formulario. El entrevistado no puede hacer otra cosa que contestarlas y en ningún momento se le invita a salirse. No se le admite ninguna espontaneidad y tampoco el entrevistador muestra la más mínima flexibilidad, que toma la iniciativa desde el inicio y de manera sistemática para explorar a fondo al candidato.

La entrevista libre o no dirigida es una entrevista que pretende llegar a un nivel más profundo. Consiste en una conversación en la que el candidato habla directamente y no sólo basándose en las preguntas que se le formulen. El entrevistador no dirige el desarrollo del coloquio, que es más bien un monólogo. En este tipo de intercambio verbal no hay respuestas correctas o incorrectas. Se considera que todas aportan información de sentimientos, estados de ánimo, tendencias y estilos que revelan características personales que de otro modo serían difíciles de observar. El entrevistador explicará brevemente en qué consiste el ejercicio para luego pedir al candidato información sobre su expediente académico, trayectoria y expectativas profesionales.

Durante este monólogo el entrevistador practicará la “escucha activa”: observará y utilizará algunos de los procedimientos, como el eco (repetir algo que la otra persona acaba de decir), el resumen (hacer una síntesis de lo que acaba de escuchar) o el silencio. Una vez finalizada la entrevista, el entrevistado no obtendrá ninguna pista de cómo salió su entrevista, y se irá con la sensación de haber estado hablando con una pared.

En la entrevista mixta o semi-dirigida el coloquio sigue un modelo preestablecido para asegurar que se cubran todas las áreas de información que se desean (datos personales, historia laboral, etc… ). El entrevistador deja que el candidato hable espontáneamente y de vez en cuando participa con alguna pregunta que encauce la conversación. Es el tipo de entrevista más frecuente. El entrevistador trata de eliminar la tensión nerviosa del candidato con una palabra amable o una sonrisa.

Las primeras preguntas son generales y luego se va achicando el campo para averiguar lo que más interesa con relación al cargo que está vacante. Aunque aparentemente la entrevista no sigue un plan establecido, el interrogador indagará todas las áreas o etapas del currículo que considere interesantes, pero lo hará de manera relajada, con el fin de que sea el aspirante quien lleve la voz cantante.

No hay una sola técnica para interrogar. Cada persona en la tarea de entrevistar aplica sus propias técnicas con los aspirantes a algún puesto de trabajo.

La entrevista directa o dirigida es, en realidad, la menos usada. Consiste en una situación de preguntas y respuestas estructuradas que se han pensado previamente y ordenado en un formulario. El entrevistado no puede hacer otra cosa que contestarlas y en ningún momento se le invita a salirse. No se le admite ninguna espontaneidad y tampoco el entrevistador muestra la más mínima flexibilidad, que toma la iniciativa desde el inicio y de manera sistemática para explorar a fondo al candidato.

La entrevista libre o no dirigida es una entrevista que pretende llegar a un nivel más profundo. Consiste en una conversación en la que el candidato habla directamente y no sólo basándose en las preguntas que se le formulen. El entrevistador no dirige el desarrollo del coloquio, que es más bien un monólogo. En este tipo de intercambio verbal no hay respuestas correctas o incorrectas. Se considera que todas aportan información de sentimientos, estados de ánimo, tendencias y estilos que revelan características personales que de otro modo serían difíciles de observar. El entrevistador explicará brevemente en qué consiste el ejercicio para luego pedir al candidato información sobre su expediente académico, trayectoria y expectativas profesionales.

Durante este monólogo el entrevistador practicará la “escucha activa”: observará y utilizará algunos de los procedimientos, como el eco (repetir algo que la otra persona acaba de decir), el resumen (hacer una síntesis de lo que acaba de escuchar) o el silencio. Una vez finalizada la entrevista, el entrevistado no obtendrá ninguna pista de cómo salió su entrevista, y se irá con la sensación de haber estado hablando con una pared.

En la entrevista mixta o semi-dirigida el coloquio sigue un modelo preestablecido para asegurar que se cubran todas las áreas de información que se desean (datos personales, historia laboral, etc… ). El entrevistador deja que el candidato hable espontáneamente y de vez en cuando participa con alguna pregunta que encauce la conversación. Es el tipo de entrevista más frecuente. El entrevistador trata de eliminar la tensión nerviosa del candidato con una palabra amable o una sonrisa.

Las primeras preguntas son generales y luego se va achicando el campo para averiguar lo que más interesa con relación al cargo que está vacante. Aunque aparentemente la entrevista no sigue un plan establecido, el interrogador indagará todas las áreas o etapas del currículo que considere interesantes, pero lo hará de manera relajada, con el fin de que sea el aspirante quien lleve la voz cantante.

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