¿Cómo renunciar? Decir adiós como la gente

Vivimos nuestras vidas abriendo y cerrando ciclos. También en el ámbito laboral. Por eso es importante saber cómo retirarse con elegancia. Por Miguel Cortina*

18 septiembre, 2015

Vivimos nuestras vidas abriendo y cerrando ciclos. También en el ámbito laboral. A menudo tendemos a vivir como si todo fuese a durar para siempre, lo cual es falso. Los ciclos son parte de la vida y no deberíamos tomar como algo tan extraordinario que uno se cierre para que comience otro.

Siendo entonces que el fin de una etapa es una parte inevitable de una trayectoria, nada en nuestra conducta puntual debería ser distinta de la que siempre hemos tenido, ni tendríamos que ser menos rigurosos de las formas, menos respetuosos o menos cuidadosos de nuestro nombre que lo que siempre hemos sido. Y un buen nombre ha sido siempre un activo, y aún más en este mundo cada vez más comunicado. El mundo es redondo y las vueltas de la vida harán que inevitablemente nos volvamos a encontrar con los mismos interlocutores en otras empresas, como proveedores o clientes, o simplemente con conocidos en común.

Expondremos los motivos por los cuales partimos, con la misma naturalidad con la que nos comportamos habitualmente y seremos tan auténticos como la relación que hayamos podido construir con nuestros jefes lo permita. Ningún jefe debería ofenderse por que un colaborador considere que le apetece más seguir su camino por otro lado. Deberíamos estar abiertos a contestar las preguntas que nos haga con ánimo sincero por aprender de la experiencia. Es creciente el uso de Entrevistas de Egreso, a partir de las cuales las empresas tratan de mejorar la relación con sus empleados a partir del análisis de las razones por las cuales las han dejado quienes los precedieron.

No es momento para sacarnos las ganas de decir alguna frase atragantada: Si no fuimos capaces de decirlo cuando era pertinente, significa que la frase ahora sobra. Hablaríamos peor de nosotros, que lo mal que creeríamos estar hablando de otros. Recordemos que cuando Juan habla de Pedro, habla más de Juan que de Pedro.

Es aconsejable separar los hechos de las percepciones o emociones que los hechos nos han generado. Narrar las emociones como tales refuerza nuestra humanidad. Hablar de las emociones como si hubiesen sido hechos suena exagerado para cualquier observador imparcial.

Como en tantos otros aconteceres importantes de nuestra trayectoria esta es una conversación que debe ser planificada: Es bueno pensar antes qué y cómo se va a comunicar. Haber pensado, por ejemplo, cuántos días o semanas de preaviso estaremos dando evita luego un tira y afloje innecesario. Así como en un despido la decisión no se nos consulta, aquí nosotros estamos comunicando nuestra renuncia y no estamos abriendo el debate a cuál es nuestro último día de trabajo.

Del mismo modo, desaconsejo totalmente abrir la negociación a una contra-oferta económica para terminar desistiendo de la renuncia, excepto situaciones muy puntuales y excepcionales. Cada quien sabrá cuáles pueden ser éstas, pero deberían ser siempre cambios en el proyecto, mucho más abarcativos que un toque del salario o, incluso, la implementación del nombramiento que “nunca llegaba”. Si aceptásemos esta conducta de la empresa, estaríamos aceptando una relación perpetua de tira y afloje. Por supuesto que el desistir de ingresar al potencial nuevo empleador nos deja como candidatos poco fiables para esa empresa y para los consultores intervinientes.

Así como hablamos de economía  y empresas sustentables, qué diga el mercado de nuestro nombre a largo plazo, es lo mejor que como profesionales podemos edificar.

 

*Co-Fundador de Al Grupo Humano

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