Cines: se acerca una nueva forma de publicidad

En poco tiempo más podría ocurrir que las antesalas de los cines muestren en sus paredes afiches que nos “ven, nos llaman y nos hablan”. Se trata de un salto cualitativo para los clásicos posters de papel.

17 diciembre, 2002

Los nuevos carteles serán, en realidad, exhibidores electrónicos
con pantallas de plasma, que además serán terminales de una red
digitalizada que transportará información de ida y vuelta. Lo que
el público verá será algo así como un “poster
parlante”, pero en realidad sería como una ventana interactiva abierta
al lobby del cine.

Por un lado podrá llamar a la gente, invitarla a acercarse y explicar las
bondades y atractivos del largometraje que anuncia. Podría ser la voz del
director, o de cualquiera de los protagonistas, etc. Simultáneamente, el
“ojo” alojado en la pantalla registrará cuántas personas
se acercan, cuánto interés demuestran, cuánto tiempo se quedan
ante ella, etc.

De manera que el poster dejará de ser un mudo papel que a lo sumo logra
despertar interés durante escasos segundos para convertirse en un poderosísimo
instrumento de marketing interactivo.

El salto tecnológico no abarca únicamente los afiches cinematográficos.
La red digitalizada también podría utilizarse para pasar películas
en forma simultánea en varias salas de proyección. Esa aplicación
escapa ya el ámbito del marketing, porque alteraría la forma misma
de proyectar largometrajes. El sistema consistiría en lo siguiente: una
infraestructura electrónica que transmite películas digitalizadas
a salas de cine que necesitarían incorporar proyectores digitales. Las
pantallas serían de plasma.

Los nuevos carteles serán, en realidad, exhibidores electrónicos
con pantallas de plasma, que además serán terminales de una red
digitalizada que transportará información de ida y vuelta. Lo que
el público verá será algo así como un “poster
parlante”, pero en realidad sería como una ventana interactiva abierta
al lobby del cine.

Por un lado podrá llamar a la gente, invitarla a acercarse y explicar las
bondades y atractivos del largometraje que anuncia. Podría ser la voz del
director, o de cualquiera de los protagonistas, etc. Simultáneamente, el
“ojo” alojado en la pantalla registrará cuántas personas
se acercan, cuánto interés demuestran, cuánto tiempo se quedan
ante ella, etc.

De manera que el poster dejará de ser un mudo papel que a lo sumo logra
despertar interés durante escasos segundos para convertirse en un poderosísimo
instrumento de marketing interactivo.

El salto tecnológico no abarca únicamente los afiches cinematográficos.
La red digitalizada también podría utilizarse para pasar películas
en forma simultánea en varias salas de proyección. Esa aplicación
escapa ya el ámbito del marketing, porque alteraría la forma misma
de proyectar largometrajes. El sistema consistiría en lo siguiente: una
infraestructura electrónica que transmite películas digitalizadas
a salas de cine que necesitarían incorporar proyectores digitales. Las
pantallas serían de plasma.

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