Carne argentina con marca

Los logros de una empresa como Quickfood en su esfuerzo por colocar carnes argentinas en el exterior deja al descubierto la maraña proteccionista que alientan los países centrales.

22 octubre, 2000

Muchos expertos insisten en que la carne vacuna argentina debería venderse con marca en el exterior, como el café colombiano o las bananas de Ecuador.

Tal es el caso de Quickfood, una empresa frigorífica familiar que, con una inversión inicial de US$ 100 mil y en 1999 cerró el ejercicio con una facturación que ronda los US$ 250 millones, de los cuales 100 millones provienen de la exportación.

Para contar ese proceso, y particularmente para alertar sobre los inconvenientes que enfrenta la carne argentina en el exterior, ya que este análisis fue realizado antes del rebrote de aftosa desatado por el ingreso ilegal de ganado paraguayo, Luis Bameule, Presidente de Quickfood, expuso como invitado durante el desayuno de trabajo organizado por Fundece el pasado mes de mayo.

El negocio –contó Bameule– arrancó con el propósito de introducir la hamburguesa en la Argentina, un producto que, desde la década de los años cincuenta, había funcionado con gran éxito en Estados Unidos.

“Se decidió hacer el negocio porque en la Argentina no existía la carne con marca. Inclusive hoy, aproximadamente 90% de la carne que consumimos en nuestro país no tiene marca definida. Esto sucede porque el producto es visto como un commodity”, explicó el ejecutivo.

Con el tiempo la empresa descubrió otra oportunidad al detectar que el mercado no sólo respondía a las hamburguesas de marca, sino que también otros cortes de la res podían ser comercializados de esta forma, particularmente en el exterior.

Por esta vía, la empresa logró desarrollarse al punto de estar peleando hoy el segundo lugar por facturación en el mercado argentino, como procesador de carne vacuna.

La experiencia de Quickfood es un espejo donde todo el negocio puede verse. Hace unos 10 años la empresa participaba con casi 46% del mercado argentino de carnes de marca y para crecer un solo punto más se requería una inversión que excedía el retorno.

Un reciente estudio de la Fundación Mediterránea demostró que, como consecuencia de los denominados subsidios agrícolas, productos básicos de la Argentina, entre ellos carnes, lácteos, cereales, frutas, arroz y algunos otros, se están perdiendo de exportar por aproximadamente US$ 4 mil millones anuales.

Ese balance muestra que la Argentina, por cada dólar que exporta a la Unión Europea, importa tres.

Con Estados Unidos, la relación es casi de uno a cuatro. Con Brasil, por el contrario, la balanza está equilibrada o levemente a favor de la Argentina.

Pero más allá de eso, Bameule cree que las políticas argentinas deberían ser más agresivas.

En el sector se tiene la sensación de que existe una especie de resignación política, que la situación es algo que está dado, que viene así, que es un hecho de la naturaleza. “Esto es inaceptable”, rechaza.

“La nueva rueda de la OMC ya empezó y la clase política y la opinión pública en la Argentina parecen no estar informadas oficialmente.

Ya se están discutiendo temas fitosanitarios y en los diarios no hay ni media línea. La Argentina se está jugando la vida en estas discusiones. Estados Unidos tiene 1.000 funcionarios pagos, de alto nivel, monitoreando permanentemente en Bruselas para ver, sector por sector, qué nuevo resquicio aparece.

Nosotros, ¿tenemos una idea común de cómo negociar?, concluyó el expositor.

La misión es la excelencia en la calidad de la marca y el producto, esta es la conclusión de Quickfood.

Muchos expertos insisten en que la carne vacuna argentina debería venderse con marca en el exterior, como el café colombiano o las bananas de Ecuador.

Tal es el caso de Quickfood, una empresa frigorífica familiar que, con una inversión inicial de US$ 100 mil y en 1999 cerró el ejercicio con una facturación que ronda los US$ 250 millones, de los cuales 100 millones provienen de la exportación.

Para contar ese proceso, y particularmente para alertar sobre los inconvenientes que enfrenta la carne argentina en el exterior, ya que este análisis fue realizado antes del rebrote de aftosa desatado por el ingreso ilegal de ganado paraguayo, Luis Bameule, Presidente de Quickfood, expuso como invitado durante el desayuno de trabajo organizado por Fundece el pasado mes de mayo.

El negocio –contó Bameule– arrancó con el propósito de introducir la hamburguesa en la Argentina, un producto que, desde la década de los años cincuenta, había funcionado con gran éxito en Estados Unidos.

“Se decidió hacer el negocio porque en la Argentina no existía la carne con marca. Inclusive hoy, aproximadamente 90% de la carne que consumimos en nuestro país no tiene marca definida. Esto sucede porque el producto es visto como un commodity”, explicó el ejecutivo.

Con el tiempo la empresa descubrió otra oportunidad al detectar que el mercado no sólo respondía a las hamburguesas de marca, sino que también otros cortes de la res podían ser comercializados de esta forma, particularmente en el exterior.

Por esta vía, la empresa logró desarrollarse al punto de estar peleando hoy el segundo lugar por facturación en el mercado argentino, como procesador de carne vacuna.

La experiencia de Quickfood es un espejo donde todo el negocio puede verse. Hace unos 10 años la empresa participaba con casi 46% del mercado argentino de carnes de marca y para crecer un solo punto más se requería una inversión que excedía el retorno.

Un reciente estudio de la Fundación Mediterránea demostró que, como consecuencia de los denominados subsidios agrícolas, productos básicos de la Argentina, entre ellos carnes, lácteos, cereales, frutas, arroz y algunos otros, se están perdiendo de exportar por aproximadamente US$ 4 mil millones anuales.

Ese balance muestra que la Argentina, por cada dólar que exporta a la Unión Europea, importa tres.

Con Estados Unidos, la relación es casi de uno a cuatro. Con Brasil, por el contrario, la balanza está equilibrada o levemente a favor de la Argentina.

Pero más allá de eso, Bameule cree que las políticas argentinas deberían ser más agresivas.

En el sector se tiene la sensación de que existe una especie de resignación política, que la situación es algo que está dado, que viene así, que es un hecho de la naturaleza. “Esto es inaceptable”, rechaza.

“La nueva rueda de la OMC ya empezó y la clase política y la opinión pública en la Argentina parecen no estar informadas oficialmente.

Ya se están discutiendo temas fitosanitarios y en los diarios no hay ni media línea. La Argentina se está jugando la vida en estas discusiones. Estados Unidos tiene 1.000 funcionarios pagos, de alto nivel, monitoreando permanentemente en Bruselas para ver, sector por sector, qué nuevo resquicio aparece.

Nosotros, ¿tenemos una idea común de cómo negociar?, concluyó el expositor.

La misión es la excelencia en la calidad de la marca y el producto, esta es la conclusión de Quickfood.

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