El distanciamiento entre EE.UU. y Europa no es obra de un presidente

Si el Atlántico que los separa se ve cada día más ancho no es por los caprichos de Donald Trump.

Es porque Europa nunca fue la única atracción para una nación que ha tenido durante 200 años una costa al Pacífico. Así interpreta el distanciamiento actual Janan Ganesh en la columna que publica el Financial Times. Europa y Estados Unidos nunca tuvieron un pacto formal hasta que los nazis y los soviéticos los obligaron a una sociedad de conveniencia que ahora se interpreta como eterna o innata. Cuando en 1991 desapareció el segundo de esos enemigos también desapareció el pegamento que unía a esos dos lugares profundamente diferentes. Desde entonces hubo diferencias sobre Bosnia, Irak, el protocolo de Kioto, la Corte Internacional de Justicia, tasación digital, el pacto nuclear con Irán y la pandemia del coronavirus. Pero además de diferencias en Estados UNidos creció la indiferencia por Europa. Casi lo único que importa es hacia qué lado se va a inclinar el viejo continente en la constante pelea entre Estados Unidos y China

La indisferencia parece mutua. Para Europa, Estados Unidos ya no es indispensable. Para Estados Unidos, Europa ya no es el centro estratégico del mundo.

Por debajo de la política de altura, las tendencias demográficas y la opinión pública a ambos lados del Atlántico refuerzan ese extrañamiento. Un extrañamiento que no va a desaparecer aunque en el mes de noviembre surja Joe Biden como presidente.

Si gana, Biden seguramente reafirmará el rol de la OTAN y casi seguramente el Acuerdo de París, descongelará las relaciones con Alemania, pero la amalgama que existía entre las élites del Atlántico Norte no volverá.

 

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