Universal Studios, buen negocio para General Electric

Entre 1990 y 2004, este ícono de Hollywood cambió cinco veces de manos. Ninguno de los sucesivos controlantes provenía del sector pero, al menos, el último –General Electric- parece hacer buen negocio.

“Véanme como una azafata en un vuelo turbulento. Si sigo sirviendo tragos, no hay problemas”. Así solía hablarles a los gerentes Ronald Meyer, director ejecutivo que visión todos esos cambios de dueño, cuando se dirimían –en 2003- la venta a General Electric. Por entonces, la firma todavían se llamaba Vivendi Universal Entertainment.

El gigante finalmente pagó US$ 14.000 millones y, en 2004, se quedó con todo: estudios, parques temáticos, operaciones televisivas y a Meyer como comnisario de abordo. Según analistas especializados, Universal ha recobrado la estabilidad que tuviera hasta hace quince años. En tanto, GE –que ingresó al negocio del entretenimiento en 1986, con la toma de la cadena National Brosadcasting Corporation (NBC)- ha manejado bien la transición.

Curiosamente, la integración GE-US coincide con una tendencia opuesta entre otros conglomnerados. Empresas como Viacom y Clear Channel hacen lo posible para separar TV y cine, tradicionalmente considerados una pareja perfecta. Al respecto, algunos observadores creen que la diferencia reside en la notable disciplibna de General Electric, que favorece sinergias que otros no consiguen cristalizar.

Buena parte del efecto positivo tiene que ver con los vaineves iniciados en 1990. Al igual que otras compañías en el rubro, Universal vivó azarosamente de un propietario “no profesional” a otro. En 1990, Matsushita Electric Industrial, ni siquiera habitauda al contexto norteamericano, compró Univeresal cuando una fusión intrasectorial ya la había rebatuzado MCA (Motion Corporation of America).

Los orientales aguantaron hasta 1995. Ese año, la licorera canadiense Seagram’s toma 80% de MCA. El comprador se lanzarías, tiempo después, a una carrera de F&A que terminó incorporándolo a un conglomerado algo desmedido. Otros cinco años y aparece un “Terminator” francés, el inefable Jean-Marie Messier, que adquiere Seagam´s y reconvierte MCA en Universal Studios.

Cuando ya las veleidades de Messier empezaban a mellar el imprerio Vivendi, otro aventurero –Barry Diller- le compra Vivendi Universal Entertainment, o sea los activos del grupo en Estados Unidos. Aun menos estable que el galo, Diller larga VUE en 2003 y Universal se queda en el aire. Ahí surge GE, que toma 80% del paquete y le deja 20% al Vivendi residual. Algún día, Meyer podrá sentarse a escribir memorias muy movidas.

“Véanme como una azafata en un vuelo turbulento. Si sigo sirviendo tragos, no hay problemas”. Así solía hablarles a los gerentes Ronald Meyer, director ejecutivo que visión todos esos cambios de dueño, cuando se dirimían –en 2003- la venta a General Electric. Por entonces, la firma todavían se llamaba Vivendi Universal Entertainment.

El gigante finalmente pagó US$ 14.000 millones y, en 2004, se quedó con todo: estudios, parques temáticos, operaciones televisivas y a Meyer como comnisario de abordo. Según analistas especializados, Universal ha recobrado la estabilidad que tuviera hasta hace quince años. En tanto, GE –que ingresó al negocio del entretenimiento en 1986, con la toma de la cadena National Brosadcasting Corporation (NBC)- ha manejado bien la transición.

Curiosamente, la integración GE-US coincide con una tendencia opuesta entre otros conglomnerados. Empresas como Viacom y Clear Channel hacen lo posible para separar TV y cine, tradicionalmente considerados una pareja perfecta. Al respecto, algunos observadores creen que la diferencia reside en la notable disciplibna de General Electric, que favorece sinergias que otros no consiguen cristalizar.

Buena parte del efecto positivo tiene que ver con los vaineves iniciados en 1990. Al igual que otras compañías en el rubro, Universal vivó azarosamente de un propietario “no profesional” a otro. En 1990, Matsushita Electric Industrial, ni siquiera habitauda al contexto norteamericano, compró Univeresal cuando una fusión intrasectorial ya la había rebatuzado MCA (Motion Corporation of America).

Los orientales aguantaron hasta 1995. Ese año, la licorera canadiense Seagram’s toma 80% de MCA. El comprador se lanzarías, tiempo después, a una carrera de F&A que terminó incorporándolo a un conglomerado algo desmedido. Otros cinco años y aparece un “Terminator” francés, el inefable Jean-Marie Messier, que adquiere Seagam´s y reconvierte MCA en Universal Studios.

Cuando ya las veleidades de Messier empezaban a mellar el imprerio Vivendi, otro aventurero –Barry Diller- le compra Vivendi Universal Entertainment, o sea los activos del grupo en Estados Unidos. Aun menos estable que el galo, Diller larga VUE en 2003 y Universal se queda en el aire. Ahí surge GE, que toma 80% del paquete y le deja 20% al Vivendi residual. Algún día, Meyer podrá sentarse a escribir memorias muy movidas.

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