También los minoristas norteamericanos afrontan bancarrotas

La caída del consumo y el gasto familiar, más la crisis crediticia, castigan las cadenas al detalle. La creciente ola de cierres está cambiando el paisaje urbano y suburbano en un grado insospechable hasta no hace mucho.

15 abril, 2008

Desde el último trimestre de 2007, ni las ventas por fiestas impidieron que ocho cadenas mayormente medianas se aparasen en la ley federal de concursos y quiebras (título XI). Negocios tan diversos como la mueblería Levitz o Sharper Imagen (electrónica de uso final) sucumbe a las deudas, mientras declinan las ventas.

Pero los síntomas alcanzan velozmente a grupos de más volumen. Por ejemplo, Linens’n’things (juegos de dormitorio, ropa blanca) planea pedir convocatoria de acreedores esta semana. Se trata de una cadena de 500 locales en 47 estados.

Aun minoristas capaces de eludir la bancarrota cierran locales para ahorrar efectivo, con vista a lo que podría ser un largo invierno económico. En los próximos doce meses, por ejemplo, Foot Locker desactivará 140 tiendas de calzado, Ann Taylor (lencería) hará igual con 117 locales y Zales (joyería) cerrará cien.

El creciente precio de alimentos, artículos de primera necesidad y otros rubros ajusta cinturones y presupuestos en todo el país. Datos difundidos el martes confirman que los gastos en comida y combustibles restan efectivo disponible para indumentaria, electrónica de uso final, muebles, mantenimiento del hogar, etc. Esto torna vulnerables las cadenas especializadas en esas categorías.

El comercio al detalle está expuesto a vaivenes durante el año y, por ende, requiere crédito para financiar compras mayoristas y pagar sueldo en fases de menos ventas. Pero los bancos norteamericanos, acosados por la crisis de malas hipotecas, comienzan a retacear renovaciones de préstamos o ponen restricciones el uso de tarjetas.

Dado que los minoristas dependen de amplias redes de abastecimiento, sus bancarrotas y demás apuros repercuten en el resto de la economía. Cadenas cortas de caja van dejando atrás decenas de millones en facturas pendientes en manos de fleteros, fabricantes y hasta agencias de publicidad.

Al pedir bancarrota, verbigracia. Sharper Image debía US$ 6.600 millones United Parcel Service. Levitz tenía con Sealy un rojo de 1.400 millones. Hasta el momento, casi todos los concursos buscan reorganizar, no liquidar las compañías. Así ocurre con Wickes (otra mueblería), Fortunoff (artículos par el hogar), Harvey Electronics o Lillian Vernon (ventas por catálogo). Pero, a diferencia de otras recesiones, algunos analistas creen que muchas firmas no podrán evitar la quiebra.

Desde el último trimestre de 2007, ni las ventas por fiestas impidieron que ocho cadenas mayormente medianas se aparasen en la ley federal de concursos y quiebras (título XI). Negocios tan diversos como la mueblería Levitz o Sharper Imagen (electrónica de uso final) sucumbe a las deudas, mientras declinan las ventas.

Pero los síntomas alcanzan velozmente a grupos de más volumen. Por ejemplo, Linens’n’things (juegos de dormitorio, ropa blanca) planea pedir convocatoria de acreedores esta semana. Se trata de una cadena de 500 locales en 47 estados.

Aun minoristas capaces de eludir la bancarrota cierran locales para ahorrar efectivo, con vista a lo que podría ser un largo invierno económico. En los próximos doce meses, por ejemplo, Foot Locker desactivará 140 tiendas de calzado, Ann Taylor (lencería) hará igual con 117 locales y Zales (joyería) cerrará cien.

El creciente precio de alimentos, artículos de primera necesidad y otros rubros ajusta cinturones y presupuestos en todo el país. Datos difundidos el martes confirman que los gastos en comida y combustibles restan efectivo disponible para indumentaria, electrónica de uso final, muebles, mantenimiento del hogar, etc. Esto torna vulnerables las cadenas especializadas en esas categorías.

El comercio al detalle está expuesto a vaivenes durante el año y, por ende, requiere crédito para financiar compras mayoristas y pagar sueldo en fases de menos ventas. Pero los bancos norteamericanos, acosados por la crisis de malas hipotecas, comienzan a retacear renovaciones de préstamos o ponen restricciones el uso de tarjetas.

Dado que los minoristas dependen de amplias redes de abastecimiento, sus bancarrotas y demás apuros repercuten en el resto de la economía. Cadenas cortas de caja van dejando atrás decenas de millones en facturas pendientes en manos de fleteros, fabricantes y hasta agencias de publicidad.

Al pedir bancarrota, verbigracia. Sharper Image debía US$ 6.600 millones United Parcel Service. Levitz tenía con Sealy un rojo de 1.400 millones. Hasta el momento, casi todos los concursos buscan reorganizar, no liquidar las compañías. Así ocurre con Wickes (otra mueblería), Fortunoff (artículos par el hogar), Harvey Electronics o Lillian Vernon (ventas por catálogo). Pero, a diferencia de otras recesiones, algunos analistas creen que muchas firmas no podrán evitar la quiebra.

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