Sigue distante un arreglo entre la Comisión Europea y Microsoft

A un quinquenio del acuerdo con el departamento de Justicia en Estados Unidos, el gigante informático y la Unión Europea han negociado más de un año sin resultados tangibles. Además, otras grandes compañías presionan a los reguladores.

A principios de mayo, 2005, Steve Ballmer –director ejecutivo y socio de William Gates- se reunía con la holandesa Nellie Kroes, comisaria de Competencia. A pedido del directivo, fue un encuentro secreto para los medios y el propio sector. El objeto de Microsoft era llegar rápidamente a un entendimiento. Pero una sorpresa frustró la movida.

El propio Ballmer había concedido a un periódico francés una entrevista, en cuyo curso se expidió con extrema dureza contra la Comisión Europea y su accionar atinente a la empresa. Las explosivas declaraciones alcanzaron Bruselas justo cuando aterrizaba el operador de Gates. Mostrando la habitual falta de reflejos en su especialidad, Thomas Brookes, vocero de prensa, salió a calificar de “involuntario” (¡¿?!) el diálogo con ese medio, al que lo acusó de “infidente”.

Esta clase de malentendidos e imprudencias ha generado un clima de desconfianza mutua que traba posibilidades de arreglo. Así, a fines de abril representantes de Microsoft afrontaron a Kroes, sus aserores y abogados de firmas competidoras, ante un tribunal en Luxemburgo.

Una temible grupo de empresas, en efecto, presionan sobre la CE para que obtenga determinadas concesiones. Verbigracia, IBM y Sun Microsystems quieren que Microsoft permita a sus sistema operativos para servidores trabajar mejor con Windows y mantener ciertas funciones fuera del futuro Windows Vista. A su vez, Oracle desea promover el sistema gratuito de fuente abierta Linux, para reducir el predominio de Microsoft en software de datos compatible con Windows.

En otro plano, Google necesita precedentes jurídicos que le impidan a Gates poner en Windows su propio motor de búsquedas (y competir por avisos indeseables). Por fin, Red precisa obtener información que permita a servidores Linux interactuar menor con los de Windows. Como se ve, una amplia gama de motivos para lanzarse contra Microsoft.

¿Por qué una corte de la UE? Porque, en 2004, otra había dictaminado que Microsoft abusaba de su posición dominante vía Windows, sistema empleado por 90% de las computadoras personales para eliminar rivales en otros segmentos. Pero, ahora, el nuevo veredicto puede tardar hasta un año. Mientras tanto, la compañía debe acatar la sentenciaa original y modificar ciertas prácticas de negocios, amén de revelar a competidores parte de sus códigos.

Entre los desplantes de Ballmer y las recientes audiencias, el asunto se complicó. Hace poco, Kroes formuló una advertencia: vigilará de cerca la nueva versión de Windows, o sea Vista, en busca de nuevas infracciones a las legislación antimonopólica de la UE. Pero las cosas no paran ahí. El influyente cabildeo de Microsoft en Washington ha logrado que la Casa Blanca pida a Kroes “no tratarla injustamente”.

A principios de mayo, 2005, Steve Ballmer –director ejecutivo y socio de William Gates- se reunía con la holandesa Nellie Kroes, comisaria de Competencia. A pedido del directivo, fue un encuentro secreto para los medios y el propio sector. El objeto de Microsoft era llegar rápidamente a un entendimiento. Pero una sorpresa frustró la movida.

El propio Ballmer había concedido a un periódico francés una entrevista, en cuyo curso se expidió con extrema dureza contra la Comisión Europea y su accionar atinente a la empresa. Las explosivas declaraciones alcanzaron Bruselas justo cuando aterrizaba el operador de Gates. Mostrando la habitual falta de reflejos en su especialidad, Thomas Brookes, vocero de prensa, salió a calificar de “involuntario” (¡¿?!) el diálogo con ese medio, al que lo acusó de “infidente”.

Esta clase de malentendidos e imprudencias ha generado un clima de desconfianza mutua que traba posibilidades de arreglo. Así, a fines de abril representantes de Microsoft afrontaron a Kroes, sus aserores y abogados de firmas competidoras, ante un tribunal en Luxemburgo.

Una temible grupo de empresas, en efecto, presionan sobre la CE para que obtenga determinadas concesiones. Verbigracia, IBM y Sun Microsystems quieren que Microsoft permita a sus sistema operativos para servidores trabajar mejor con Windows y mantener ciertas funciones fuera del futuro Windows Vista. A su vez, Oracle desea promover el sistema gratuito de fuente abierta Linux, para reducir el predominio de Microsoft en software de datos compatible con Windows.

En otro plano, Google necesita precedentes jurídicos que le impidan a Gates poner en Windows su propio motor de búsquedas (y competir por avisos indeseables). Por fin, Red precisa obtener información que permita a servidores Linux interactuar menor con los de Windows. Como se ve, una amplia gama de motivos para lanzarse contra Microsoft.

¿Por qué una corte de la UE? Porque, en 2004, otra había dictaminado que Microsoft abusaba de su posición dominante vía Windows, sistema empleado por 90% de las computadoras personales para eliminar rivales en otros segmentos. Pero, ahora, el nuevo veredicto puede tardar hasta un año. Mientras tanto, la compañía debe acatar la sentenciaa original y modificar ciertas prácticas de negocios, amén de revelar a competidores parte de sus códigos.

Entre los desplantes de Ballmer y las recientes audiencias, el asunto se complicó. Hace poco, Kroes formuló una advertencia: vigilará de cerca la nueva versión de Windows, o sea Vista, en busca de nuevas infracciones a las legislación antimonopólica de la UE. Pero las cosas no paran ahí. El influyente cabildeo de Microsoft en Washington ha logrado que la Casa Blanca pida a Kroes “no tratarla injustamente”.

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