Siemens: ahora tocó el turno al director ejecutivo, Klaus Kleinfeld

Primero cayó el ex CEO, luego jefe de la junta supervisora, Heinrich von Pierer. El miércoles, su sucesor en el primer cargo informó que no le prorrogan el contrato y se retira. Kleinfeld es otra baja en un escándalos que data de noviembre.

“Este paso es necesario para recobrar transparencia y replantear la conducción”, explicó Kleinfeld en un mensaje a la deutsche Börse, Fráncfort. Por cierto, en estos seis meses la imagen del viejo gigante alemán fue vapuleada a raíz de sobornos por US$ 570 millones repartidos por media Unión Europea, Latinoamérica –donde existe una larga historia de corruptelas- y Estados Unidos. Además de otras irregularidades.

Por supuesto, las acciones continúan perdiendo terreno. Hasta ahora, nadie le echa culpas directas a Kleinfeld, que entró en Siemens hace veinte años. Pero resulta extraño que no haya notadp desprolijidades desde 2004, cuando pasó a la división equipos, que cubre Levante, Europa oriental y África subsahariana. Por otra parte, en 2002/4 encabezaba la filial EE.UU.

En 2005, finalmente lo nombran director ejecutivo del grupo. Por entonces, la ONU incluía a Siemens entre 2.300 empresas comprometidas en severas irregulariddeas atinentes al programa “petróleo por alimentos” en Irak. Mientras este escándalo internacional seguía pendiente, estalló (noviembre de 2006) el de sobornos la división global de equipos, que Kleinfeld manejó en 2004/5.

En ese momento, la policía federal germana reveló que investigaba maniobras turbias para facilitar ventas en el exterior. En diciembre, mientras desarrollaba una campaña de medios algo patética para escudar al CEO, la compañía admitió que había detectado US$ 570 millones (€ 420 millones) en coimas, en tanto arrestaba a un ejecutivo de borrascosa trayectoria internacional. En enero, la Comisión europea multaba en € 400 millones a la firma por haber manipulado precios de interruptores.

Al mes siguiente, la subsidiaria estadounidense de servicios médicos admitió ante la procuración federal haber obstruido a la justicia. En marzo, los alemanes detiene a otro ejecutivo, acusado de sobornar dirigentes sindicales. En abril, von Pierer deja la presidencia ejecutiva, pero la trueca por un semirretiro dorado, la junta supervisora, desde donde podía cubrir a Kleinfeld. Mas éste abandona el campo el miércoles 25 y, ahora, nadie apuesta mucho por la permanencia de von Pierer.

Tampoco es cómoda la posición del directorio y de la propia junta supervisora. Días atrás, fracasó una discreta iniciativa para contratar a Wolfgang Reitzle (CEO de la gasífera Linde) como reemplazante de Kleinfeld. Deutsche Bank –o sea Josef Ackermann, que también tuvo sus tropiezos judiciales- quiere hallar substitutos aceptables, lo antes posible, para el ex CEO y von Pierer. Ambos insisten en negar participación directa, pero resulta extrañó que nunca hayan advertido nada raro. Sobre todo von Pierer, que condujo Siemens durante doce años.

“Este paso es necesario para recobrar transparencia y replantear la conducción”, explicó Kleinfeld en un mensaje a la deutsche Börse, Fráncfort. Por cierto, en estos seis meses la imagen del viejo gigante alemán fue vapuleada a raíz de sobornos por US$ 570 millones repartidos por media Unión Europea, Latinoamérica –donde existe una larga historia de corruptelas- y Estados Unidos. Además de otras irregularidades.

Por supuesto, las acciones continúan perdiendo terreno. Hasta ahora, nadie le echa culpas directas a Kleinfeld, que entró en Siemens hace veinte años. Pero resulta extraño que no haya notadp desprolijidades desde 2004, cuando pasó a la división equipos, que cubre Levante, Europa oriental y África subsahariana. Por otra parte, en 2002/4 encabezaba la filial EE.UU.

En 2005, finalmente lo nombran director ejecutivo del grupo. Por entonces, la ONU incluía a Siemens entre 2.300 empresas comprometidas en severas irregulariddeas atinentes al programa “petróleo por alimentos” en Irak. Mientras este escándalo internacional seguía pendiente, estalló (noviembre de 2006) el de sobornos la división global de equipos, que Kleinfeld manejó en 2004/5.

En ese momento, la policía federal germana reveló que investigaba maniobras turbias para facilitar ventas en el exterior. En diciembre, mientras desarrollaba una campaña de medios algo patética para escudar al CEO, la compañía admitió que había detectado US$ 570 millones (€ 420 millones) en coimas, en tanto arrestaba a un ejecutivo de borrascosa trayectoria internacional. En enero, la Comisión europea multaba en € 400 millones a la firma por haber manipulado precios de interruptores.

Al mes siguiente, la subsidiaria estadounidense de servicios médicos admitió ante la procuración federal haber obstruido a la justicia. En marzo, los alemanes detiene a otro ejecutivo, acusado de sobornar dirigentes sindicales. En abril, von Pierer deja la presidencia ejecutiva, pero la trueca por un semirretiro dorado, la junta supervisora, desde donde podía cubrir a Kleinfeld. Mas éste abandona el campo el miércoles 25 y, ahora, nadie apuesta mucho por la permanencia de von Pierer.

Tampoco es cómoda la posición del directorio y de la propia junta supervisora. Días atrás, fracasó una discreta iniciativa para contratar a Wolfgang Reitzle (CEO de la gasífera Linde) como reemplazante de Kleinfeld. Deutsche Bank –o sea Josef Ackermann, que también tuvo sus tropiezos judiciales- quiere hallar substitutos aceptables, lo antes posible, para el ex CEO y von Pierer. Ambos insisten en negar participación directa, pero resulta extrañó que nunca hayan advertido nada raro. Sobre todo von Pierer, que condujo Siemens durante doce años.

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