PeopleSoft, Conway y un despido de ribetes poco claros

El sorpresivo despido de Craig Conway, en medio de la batalla con Oracle, crea suspicacias en el sector. En particular, porque la junta no dio explicaciones convincentes, salvo la “pérdida de confianza en su conducción”.

“No”, respondió Skip Battle, uno de los directores independientes que fueron unánimes en votar el despido, al preguntársele si se habían generado disensos entre ellos y Conway en torno de la pelea con Lawrence Ellison. Eso ocurrió el martes 5 y el primero en no creerle fue el propio CEO de Oracle.

La inesperada decisión fue adoptada no en un plenario, sino en el comité de acuerdos, creado para armonizar decisiones relevantes. Lo extraordinario es que, a los diez minutos de la reunión de prensa donde habló, Battle se desdijera, afirmando que ese cuerpo no había tenido que ver y la decisión fue adoptada por apenas tres miembros de la junta.

Entonces, si la resolución “unánime” no existía, “¿qué pasó en realidad? ¿quién lo sabe? ¿por qué lo echaron?”, salió a provocar Ellison mismo. Por su parte, Conway se cerró al mazo, tras una reunión secreta con su viejo enemigo.

“Después de Enron y la larga serie de escándalos subsiguiente, los accionistas merecen explicaciones dignas de crédito”, reclamaron casi al unísono medios tan influyentes como el “Financial Times”, el “Wall Street Journal”, el “Daily Telegraph” y “The globe”. PeopleSoft, pues, aún está en deuda y lo malo es que su nuevo jefe, David Duffield, no haya hecho nada al respecto.

Por cierto, los accionistas respaldaron hasta el final a Conway en la lucha contra Ellison. El directorio, pues, persiste en una explicación sin sustento claro: le perdió fe a Conway, aunque no en relación con la última oferta hostil de Oracle (US$ 7.700 millones) ni las posibilidades de que pueda aumentar unos mil millones, debido al alza de la acción en Wall Street (pasa de US$ 23,50).

El miércoles se nombró a Kevin Parker y Phillips Wilmington como copresidentes de Duffield (hasta el viernes 1 presidente y hoy también director ejecutivo). “Aca no pasó nada ni hubo irregularidades contables –aclaró-, sólo falta de confianza”. Pero, al enrostrársele esto sin motivos concretos, Conway queda en excelentes condiciones para entablarle juicio civil a la junta. Salvo que haya pactado algo con Ellison.

Ejecutivos de la propia empresa, por el contrario, creen que el despido de Conway de debió a sus tácticas agresivas contra Oracle y su poco interés de temas estratégicos. En especial, Duffield y otros en realidad nunca estuvieron de acuerdo con la compra de JD Edwards en 2003.

En realidad, como apunta Lynn Stout (universidad de California, rama Los Ángeles), “el relevo de Conway significa que los directores se preparan a aceptar una última oferta de Oracle y ya no lo necesitan. Ahora quieren sacar tajada del copamiento. El futuro de la empresa o el personal no los preocupa, pues se jubilarán con la bolsa llena”.

“No”, respondió Skip Battle, uno de los directores independientes que fueron unánimes en votar el despido, al preguntársele si se habían generado disensos entre ellos y Conway en torno de la pelea con Lawrence Ellison. Eso ocurrió el martes 5 y el primero en no creerle fue el propio CEO de Oracle.

La inesperada decisión fue adoptada no en un plenario, sino en el comité de acuerdos, creado para armonizar decisiones relevantes. Lo extraordinario es que, a los diez minutos de la reunión de prensa donde habló, Battle se desdijera, afirmando que ese cuerpo no había tenido que ver y la decisión fue adoptada por apenas tres miembros de la junta.

Entonces, si la resolución “unánime” no existía, “¿qué pasó en realidad? ¿quién lo sabe? ¿por qué lo echaron?”, salió a provocar Ellison mismo. Por su parte, Conway se cerró al mazo, tras una reunión secreta con su viejo enemigo.

“Después de Enron y la larga serie de escándalos subsiguiente, los accionistas merecen explicaciones dignas de crédito”, reclamaron casi al unísono medios tan influyentes como el “Financial Times”, el “Wall Street Journal”, el “Daily Telegraph” y “The globe”. PeopleSoft, pues, aún está en deuda y lo malo es que su nuevo jefe, David Duffield, no haya hecho nada al respecto.

Por cierto, los accionistas respaldaron hasta el final a Conway en la lucha contra Ellison. El directorio, pues, persiste en una explicación sin sustento claro: le perdió fe a Conway, aunque no en relación con la última oferta hostil de Oracle (US$ 7.700 millones) ni las posibilidades de que pueda aumentar unos mil millones, debido al alza de la acción en Wall Street (pasa de US$ 23,50).

El miércoles se nombró a Kevin Parker y Phillips Wilmington como copresidentes de Duffield (hasta el viernes 1 presidente y hoy también director ejecutivo). “Aca no pasó nada ni hubo irregularidades contables –aclaró-, sólo falta de confianza”. Pero, al enrostrársele esto sin motivos concretos, Conway queda en excelentes condiciones para entablarle juicio civil a la junta. Salvo que haya pactado algo con Ellison.

Ejecutivos de la propia empresa, por el contrario, creen que el despido de Conway de debió a sus tácticas agresivas contra Oracle y su poco interés de temas estratégicos. En especial, Duffield y otros en realidad nunca estuvieron de acuerdo con la compra de JD Edwards en 2003.

En realidad, como apunta Lynn Stout (universidad de California, rama Los Ángeles), “el relevo de Conway significa que los directores se preparan a aceptar una última oferta de Oracle y ya no lo necesitan. Ahora quieren sacar tajada del copamiento. El futuro de la empresa o el personal no los preocupa, pues se jubilarán con la bolsa llena”.

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