Más vigilancia antimonopólica para Big Pharma

Aumenta el escrutinio por la relación entre la consolidación de la industria y el aumento de los precios.

A los inversores en salud norteamericanos no parece preocuparles el riesgo que corren los precios de las drogas, dice Andrew Baum, investigador en temas de salud para el Financial Times. Tal vez porque no creen que con la escasa mayoría que tiene el gobierno demócrata en ambas cámaras, es casi nula la posibilidad de que se apruebe el proyecto de ley (HR3) que daría al gobierno la posibilidad de negociar directamente los precios de los medicamentos.

Sin embargo, son muchos los riesgos que corre el modelo operativo de los laboratorios farmacéuticos. La incapacidad legislativa para bajar el costo de los medicamentos para los pacientes terminó generando una enorme presión política. Eso comienza ahora a manifestarse en acciones. La administración Biden recientemente apoyó la renuncia a los derechos de propiedad intelectual sobre las vacunas contra el Covid 19.

Pero el verdadero peligro de arribar a precios inaceptables que corren las farmacéuticas podría provenir de otra parte: o sea, del apoyo que ambos partidos brindan a la propuesta de aumentar la vigilancia antimonopólica y las multas.

También durante la administración Trump ya había señales de que la Federal Trade Commission (FTC) de Estados Unidos estaba adoptando una actitud antimonopólica más agresiva. El acuerdo por US$ 63.000 millones con que AbbVie buscaba comprar Allergan (los fabricantes de Botox domiciliados en Irlanda) recibió un segundo pedido de información de la FTC y obtuvo un escaso voto de 3 a 2 para su aprobación.

Bristol-Mayer-Squibb cerró una de las más grandes operaciones farmacéuticas en la historia cuando en 2019 aceptó comprar Celgene, la compañía de biotecnología por US$ 90.000 millones. Pero se le exigió que se desprendiera de un tratamiento para la psoriasis por US$ 13.400 millones.

Ese mayor escrutinio antimonopólico es global. La presidencia de la FTC anunció en marzo un grupo de trabajo con agencias antimonopólicas de la Unión Europea, Reino Unido y Canadá para tratar de mejorar el análisis antimonopólico sobre la industria habida cuenta de la correlación entre la consolidación histórica de la industria y el aumento de precios.

En Estados Unidos ya han entrado al Parlamento ocho proyectos de ley antimonopólica referidos a la industria farmacéutica que abarca toda una gama de actividades presuntamente anticompetitivas. Cubren áreas como, por ejemplo, cuando las compañías introducen cambios menores para extender la exclusividad sobre las drogas, o cuando pagan para demorar el lanzamiento de productos genéricos.

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