La industria y el efecto del aislamiento social

El sector mostró en abril una caída interanual de actividad no vista desde que se hace el relevamiento por parte del INDEC

Asimismo, algunas de las ramas allí incluidas evidenciaron cero-nivel de utilización de capacidad instalada, por primera vez desde que se calcula el indicador, explica el último informe de la auditora y consultora PwC de Argentina.

El sector industrial en el país venía siendo uno de los más golpeados por los vaivenes macroeconómicos, mucho antes de la llegada de la pandemia. Sin embargo, el efecto del aislamiento social, preventivo y obligatorio, que comenzó a regir el 20 de marzo, llevó a la parálisis casi total de algunas de sus ramas, volviendo su situación aún más crítica.

La industria constituye la principal actividad aportante al PIB de la República Argentina, con aproximadamente el 16%, y es el segundo sector con mayor cantidad de empleados en el sector privado, luego del de comercio al por mayor y menor y reparación de vehículos automotores.

El cuarto mes del año constituyó el más restrictivo respecto de las medidas adoptadas para prevenir el avance de la pandemia. De acuerdo a datos de Google Mobility al 26 de abril, en promedio la caída del uso de transporte público alcanzó el 72% respecto al escenario base considerado entre el 3 de enero y el 6 de febrero, mientras que el indicador de individuos concurriendo a sus lugares de trabajo mostró una baja del 52% respecto del escenario base.

En abril la industria exhibió una caída en su actividad del 33,5% respecto de igual mes del año pasado, y de un 18,3% respecto de marzo, mes en el que sólo 11 días estuvo operativa al 100% la política de aislamiento (y cuya caída intermensual respecto de febrero había alcanzado el 17,3%).

Sin embargo, el comportamiento de las distintas ramas industriales fue heterogéneo. De acuerdo con información difundida por el INDEC, del relevamiento de más de 1.300 empresas, un tercio de los locales de las industrias manufactureras pudo operar con normalidad, mientras que los dos tercios restantes, o no operó o sólo pudo hacerlo parcialmente.

En aquellos sectores establecidos como esenciales, las caídas fueron más moderadas, pero no por eso inexistentes. La industria de alimentos y bebidas operó en el mes de abril al 59,7% de su capacidad instalada, tan sólo un punto porcentual por debajo del promedio operado durante 2019 (60,7%).

Dentro de este sector, los rubros con mayor descenso fueron azúcar y productos de confitería y chocolate, -35,5%, y producción de gaseosas, aguas, sodas, cervezas, jugos para diluir, sidras y bebidas espirituosas, con -12,1%. Los primeros, relacionados con la menor demanda en kioscos por la merma en la circulación de personas en la calle, mientras que las segundas estuvieron afectadas principalmente por la falta de canales de venta como son restaurantes, bares, centros comerciales, cines y kioscos.

Los de menor caída

Entre las que mostraron menor caída que el promedio también se encuentra madera, papel, edición e impresión, donde la baja general se vio moderada por la mayor producción de artículos de papel de uso doméstico e higiénico sanitario, como rollos de cocina y papel higiénico, entre otros.

El rubro sustancias y productos químicos, que operó durante abril con una utilización de su capacidad al 69,3%, mostró una caída del 11% interanual. Hacia adentro se encuentran rubros relacionados con sectores esenciales, como los productos farmacéuticos y agroquímicos, mientras que los relacionados con otras cadenas industriales (por constituir parte de su insumo) mostraron caídas.

En el otro extremo encontramos las industrias del tabaco y la industria automotriz, las cuales estuvieron virtualmente cerradas, hecho que se revela en un nivel de utilización de capacidad instalada de cero por ciento y con bajas en el mes respecto de abril del año previo del 59% y 89%, respectivamente. Asimismo, aquellas otras industrias relacionadas con la producción automotriz también sufrieron la parálisis de ésta. Los casos de productos de caucho y plástico, por ejemplo, operaron al 31,7% de su capacidad, cayendo la producción un 38,5%, donde el ítem neumáticos se desplomó un 98%.

Luego están aquellos sectores relacionados con la construcción que, ante la fuerte caída de su actividad, (75,6% interanual en abril), los arrastró consigo. Aquí encontramos las industrias de productos minerales no metálicos, que operó tan sólo al 22,5% y mostró un descenso en su actividad del 71%; y metálicas básicas que operó al 25% y evidenció una baja de su producción del 65%.

Asimismo, la producción de productos de metal cayó 62,8%, mientras que la división correspondiente a “otro equipo de transporte” muestra una reducción interanual de 82% en abril de 2020. Dentro de otro equipo de transporte, excluyendo las motocicletas, se registra una caída interanual de 73% en abril de 2020, como consecuencia principalmente de la reducción en las actividades vinculadas con la construcción y reparación de buques, y la fabricación y reparación de aeronaves

Demanda reducida

Seguidamente se encuentran aquellos sectores que, además de no poder operar, vieron fuertemente reducida su demanda, ya sea por menores ingresos de los demandantes o por la menor circulación frente a las medidas de aislamiento.

La industria de prendas de vestir, cuero y calzado descendió 79% interanual, otros equipos, aparatos e instrumentos bajó 75%, productos textiles operó tan sólo al 4% de su capacidad y descendió 58%, maquinaria y equipo cayó 45%, mientras que refinación del petróleo, coque y combustible nuclear lo hizo un 34,4%.

Para contener esta situación, el gobierno nacional implementó una serie de políticas vinculadas a la asistencia al trabajo y el empleo, y a la producción. Esta asistencia consiste, por un lado, en el pago de un salario complementario para trabajadores en relación de dependencia, donde el Estado Nacional afronta el 50% del salario del empleado (programa ATP) con un mínimo de un salario mínimo y un máximo de dos, y por otro el otorgamiento de créditos a tasa cero, y otros con una tasa subsidiada del 24%.

De acuerdo con la información oficial, del total de transferencias del programa ATP otorgados en referencia al mes de abril, el 28% se destinó al sector industrial, beneficiando a 633.878 empleados, y en segundo lugar se encontró el sector comercio con el 24%. Por su parte, el sector industrial recibió el 30,6% de los créditos otorgados a tasa subsidiada del 24%, por detrás del sector comercio, que recibió el 31% de los mismos.

En cambio, de los créditos a tasa cero, a las empresas del sector industrial sólo se le destinó el 3,7% del total otorgado hasta el 8 de junio. En este contexto, en el cual también rige un decreto que impide despedir trabajadores o, en caso contrario, abonar una doble indemnización, de acuerdo a la información publicada por la AFIP en base a SIPA, el total de empleados registrados se redujo en 91.237 puestos de trabajo en abril respecto de marzo, de los cuales 5.780 pertenecen al sector industrial.

A diferencia del mes de abril, para principios de junio, salvo en el AMBA, la industria manufacturera estaba plenamente habilitada para producir. De este modo, si el 20 de marzo el 54% del empleo industrial estaba exceptuado de la cuarentena (destacándose aquel ligado a la industria alimenticia, a la de productos de higiene y limpieza o a la de medicamentos, y sus respectivos proveedores), en junio esa cifra alcanza el 80%.

Frente a la compleja situación, la provincia de Buenos Aires parece haber tomado nota de dicho derrumbe y, a partir de mayo, se comenzaron a habilitar algunas actividades industriales que permitan detener la fuerte contracción de este sector.

Así fue como, el 11 de mayo, se habilitaron 20 ramas de actividades industriales en 4 municipios, el 18 del mismo mes se sumaron seis municipios con 34 actividades, el 22 de mayo se adicionaron otros 8 municipios con 29 actividades y dos adicionales en el municipio de Tres de Febrero, que ya tenía una rama operando desde el 18.

En la semana del 26 de mayo diecisiete municipios incorporaron 93 ramas industriales. Es innegable el estado crítico de la economía y del sector industrial en particular. Su posible recuperación se encuentra supeditada, primero, al relajamiento de las medidas de distanciamiento social, que hacia fines de junio habrá superado los 100 días; y a la posibilidad de recuperación por parte de la demanda, que se mantendrá afectada por los próximos meses, aún cuando se recupere la actividad.

 

 

 

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