La hora de la regulación

Las súper compañías ¿deben seguir reinando o habría que frenarlas?

Hay dos posiciones frente a esta economía de las “súper estrellas”, o sea compañías como Apple, Amazon y Alphabet que aumentan sin parar su productividad y su rentabilidad. Una dice que hay que dejarlas que sigan haciendo lo que hacen, que disfruten el producto de su creatividad, de su innovación y de su eficiencia. Ya llegará el momento en que arriben otras a quitarles la corona.

 

La otra posición es que los reguladores deben intervenir. Según esta óptica es necesario que los gobiernos intervengan para impedir que los monopolios ahoguen la innovación futura. Una posibilidad es dividir las compañías más grandes. Los reguladores podrían decidir que una compañía no puede tener una plataforma y además ofrecer allí sus productos. Este es el argumento que expresó esta semana la precandidata presidencial por el partido demócrata en Estados Unidos, Elizabeth Warren.

 

Otra postura, expresada también esta semana por el Digital Competition Expert Panel de Gran Bretaña, propone regular la conducta de los grandes grupos digitales en lugar de cambiar su estructura. Los reguladores podrían insistir en que haya estándares para el intercambio de datos e interconexión con jugadores establecidos para que los competidores pequeños pueden crecer sobre o alrededor de las plataformas existentes.

 

Hay muchas dudas sobre este tema. Primero porque siempre existe la posibilidad de que los organismos reguladores cometan injusticias. Segundo porque es difícil definir cuáles son las compañías que pueden ser consideradas súper estrellas.

 

Hay otra posibilidad que proponen Germán Gutiérrez y Thomas Philippon, economistas de la Universidad de Nueva York. Sugieren elegir las 20 compañías más valiosas en la economía norteamericana y las cuatro más valiosas en cada uno de los 60 sectores , sean digitales o no; sean muy productivas o no. Según este punto de vista no siempre las súper estrellas de la economía norteamericana son muy grandes o muy productivas.

Cualquier grupo grande contribuye a la productividad de la economía general de dos maneras: directamente, generando productos e indirectamente absorbiendo recursos de jugadores menos productivos.

Ambos catedráticos sugieren que la contribución directa que hacen a la economía del país las principales compañías es más pequeña que antes pero la indirecta no aumento lo suficiente como para compensar. Esto puede deberse a que es muy difícil medir productividad, especialmente en servicios y todavía más en servicios brindados gratuitamente a cambio de datos y de atención. Pero el opacamiento de las “estrellas” puede ser real y sorprende porque hemos convertido a los grandes grupos digitales en símbolos de escala y poder de mercado. La economía norteamericana tiene un problema de monopolios; la concentración crece en casi todos los sectores. Las compañías ganan menos aumentando eficiencia y más aprovechando su poder para fijar los precios.

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