Halliburton: sobreprecios, bancarrotas y nuevos contratos

Algunas filiales de Halliburton se declararon en bancarrota. Entretanto, el grupo era auditoreado por cobrar sobreprecios. Nada de eso impidió que Defensa le otorgara nuevos contratos por US$ 220 millones.

18 diciembre, 2003

Hace un tiempo, Kellogg Brown & Root (KGR, beneficiaria de controvertidos contratos directos) y otras divisiones pidieron concurso según el título XI de ley federal para convocatorias y quiebras. En el caso KBR, se trataba de obligaciones vinculadas al negocio de asbestos.

Las presentaciones se radicaron en el tribunal del fuero en Pennsilvania, donde –el martes- una mayoría simple de 386.000 acreedores votó en favor de un arreglo por US$ 4.000 millones. De esa suma, 2.800 millones corresponde a efectivo, cuya cuota inicial –US$ 326 millones- debe pagarse ya.

Las subsidiarias afectadas seguirán siendo propiedad total de Halliburton, donde el vicepresidente Richard Cheney fue CEO hasta el momento de asumir. El grupo es uno de los mayores proveedores mundiales de productos y servicios para el sector hidrocarburos. Su actual influencia política le permitió excluir del concurso los cuestionados contratos con el Pentágono.

Por supuesto, los sobreprecios en Irak son otro problema. Merced a Cheney, desde 2001 Halliburton –vía KBR- consiguió contratos por US$ 2.250 millones, inclusive los de posguerra (que no pasaron por licitación). Desde hace un tiempo, los sobreprecios cobrados por combustibles de uso militar generaron un escándalo y dieron lugar a investigaciones parlamentarias.

Un día después de conocerse detalles de la convocatoria aludida arriba, el cuerpo de ingenieros del ejército –que muestra peculiar simpatía por la empresa- le dio un nuevo contrato. Son US$ 220 millones para “reconstrucción de infraestructura básica” en Irak.

Hace un tiempo, Kellogg Brown & Root (KGR, beneficiaria de controvertidos contratos directos) y otras divisiones pidieron concurso según el título XI de ley federal para convocatorias y quiebras. En el caso KBR, se trataba de obligaciones vinculadas al negocio de asbestos.

Las presentaciones se radicaron en el tribunal del fuero en Pennsilvania, donde –el martes- una mayoría simple de 386.000 acreedores votó en favor de un arreglo por US$ 4.000 millones. De esa suma, 2.800 millones corresponde a efectivo, cuya cuota inicial –US$ 326 millones- debe pagarse ya.

Las subsidiarias afectadas seguirán siendo propiedad total de Halliburton, donde el vicepresidente Richard Cheney fue CEO hasta el momento de asumir. El grupo es uno de los mayores proveedores mundiales de productos y servicios para el sector hidrocarburos. Su actual influencia política le permitió excluir del concurso los cuestionados contratos con el Pentágono.

Por supuesto, los sobreprecios en Irak son otro problema. Merced a Cheney, desde 2001 Halliburton –vía KBR- consiguió contratos por US$ 2.250 millones, inclusive los de posguerra (que no pasaron por licitación). Desde hace un tiempo, los sobreprecios cobrados por combustibles de uso militar generaron un escándalo y dieron lugar a investigaciones parlamentarias.

Un día después de conocerse detalles de la convocatoria aludida arriba, el cuerpo de ingenieros del ejército –que muestra peculiar simpatía por la empresa- le dio un nuevo contrato. Son US$ 220 millones para “reconstrucción de infraestructura básica” en Irak.

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