Emprendedores: ¿cómo piensan?



Emprender es quizás una de las actividades más complicadas para una personas de negocios. Es estresante, difícil y llena de incertidumbre. ¿Por qué lo hacen y qué consecuencias tienen?

 Por Matias Castro.

18 septiembre, 2015

Una persona tiene un trabajo de ocho horas diarias en una oficina y una familia pero decide emprender  un negocio. Algo por cuenta propia. Parece todo normal hasta que alguien se empiece a preguntar ¿pero qué implica emprender, exactamente? La respuesta es que implica tener dos trabajos y uno no es pago sino que quita dinero, tener menos tiempo para el ocio y la familia, rebajarse ante proveedores porque nadie conoce nuestra idea y a nadie le importa, pasar noches en vela pensando cómo solucionar tal o cuál problema de distribución de productos o hacer “matema-gia” para que los números cierren. Emprender es muy difícil. Entonces, ¿por qué la gente lo hace y qué consecuencias tiene?

 

La primera aproximación podría ser los datos que se desprenden de un estudio de Logan, del 2001, en Inglaterra. La idea del estudio era medir en qué profesiones hay más psicópatas. Sí, es un uso deliberadamente vago e inexacto del término. El resultado fue que los CEO encabezaban la lista, junto a los abogados y los trabajadores de los medios de comunicación. ¿Los emprendedores son CEOs por definición, verdad?

 

Luego apareció la investigación de varios científicos de distintas universidades, coordinados por Michael Freeman de la Universidad de San Francisco. Este flamante estudio de 2015 tiene una respuesta tentativa a por qué los emprendedores hacen lo que hacen. El problema es que lo que les pasa por la cabeza a los emprendedores no es nada bueno. En la muestra de más de 300 personas, contando 200 emprendedores, se descubrió que hasta un 72% de los emprendedores tenían problemas mentales de algún tipo. La mitad de los emprendedores confiesan tener una enfermedad mental crónica y un tercio tener dos o más. Entre los emprendedores y el grupo control, la diferencia era muy significativa. Por ejemplo, los emprendedores eran más propensos a declarar ser depresivos (30%), sufrir defícit de atención o ADHD (29%), abusar de sustancias (12%) o ser bipolares (11%). Los datos que arroja éste estudio son importantes porque sugieren una relación o una conexión entre el emprendedurismo y las diferencias en los comportamientos de las personas con alguna clase de desorden mental.

 

Podríamos tomarnos el atrevimiento de teorizar sobre otros comportamientos de los emprendedores y vagamente relacionarlos con otras condiciones mentales. ¿Acaso los emprendedores no están sumamente dedicados a la tarea de emprender incluso al punto de olvidarse de familia, otros trabajos o la vida social? ¿no suelen, como se dice vulgarmente, soñar despiertos sobre las posibilidades de su próxima empresa?, ¿no son exageradamente perfeccionistas sobre el desempeño de su emprendimiento? Se necesita seguir investigando éste tema. Porque los emprendedores son uno de los motores fundamentales de una economía saludable.

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