Eli Lilly hace punta en revelar resultados de laboratorio

Ante la ola de críticas contra las farmoquímicas y su renuencia a divulgar hallazgos negativos, la norteamericana Eli Lilly proyecta divulgar un volumen relevante de datos. Se originan en pruebas, hechas y en curso, con específicos propios.

Según la nueva política de la firma, al salir a la venta un medicamento se publicará información técnica y científica desde la primera fase hasta la última en laboratorio. Eso incluirá fórmulas iniciales, ensayos, seguridad, resultados finales y, por supuesto, pruebas negativas a lo largo del proceso y usos no autorizados del específico.

Este programa se iniciará a fines de año y va bastante más lejos que los anunciados por otras empresas del ramo. Obviamente, se afrontan algunos riesgos, pues los abogados podrían emplear resultados de primeras fases como pretextos para radicar demandas. Por otra parte, la iniciativa presionará a otras farmoquímicas para emularla.

Hasta ahora, en general se divulgaban –con amplio despliegue publicitario- estudios o pruebas favorables al medicamento final. Los datos de etapas previas, que apuntasen a efectos secundarios, problemas de seguridad o dudas sobre efectividad del producto.

El plan de Eli Lilly no es un caso de filantropía, sino una precaución para no seguir el camino de ImClone Systems o, recientemente, la británica GlaxoSmithKline. Esta firma ha sido procesada por Eliot Spitzer, fiscal federal del estado neoyorquino, por ocultar resultados completos en cuanto al antidepresivo Paxil. En especial, entre niños y adolescentes, segmento donde el compuesto inspira compulsiones suicidas.

En otro plano, si la divulgación de datos se hace común en Estados Unidos, producirá dos efectos. Uno, el “contagio” a la Unión Europea. Otro, la paulatina eliminación de agentes de propaganda médica, pues clínicas y profesionales dispondrán de datos obtenidos directamente de cada laboratorio.

Según la nueva política de la firma, al salir a la venta un medicamento se publicará información técnica y científica desde la primera fase hasta la última en laboratorio. Eso incluirá fórmulas iniciales, ensayos, seguridad, resultados finales y, por supuesto, pruebas negativas a lo largo del proceso y usos no autorizados del específico.

Este programa se iniciará a fines de año y va bastante más lejos que los anunciados por otras empresas del ramo. Obviamente, se afrontan algunos riesgos, pues los abogados podrían emplear resultados de primeras fases como pretextos para radicar demandas. Por otra parte, la iniciativa presionará a otras farmoquímicas para emularla.

Hasta ahora, en general se divulgaban –con amplio despliegue publicitario- estudios o pruebas favorables al medicamento final. Los datos de etapas previas, que apuntasen a efectos secundarios, problemas de seguridad o dudas sobre efectividad del producto.

El plan de Eli Lilly no es un caso de filantropía, sino una precaución para no seguir el camino de ImClone Systems o, recientemente, la británica GlaxoSmithKline. Esta firma ha sido procesada por Eliot Spitzer, fiscal federal del estado neoyorquino, por ocultar resultados completos en cuanto al antidepresivo Paxil. En especial, entre niños y adolescentes, segmento donde el compuesto inspira compulsiones suicidas.

En otro plano, si la divulgación de datos se hace común en Estados Unidos, producirá dos efectos. Uno, el “contagio” a la Unión Europea. Otro, la paulatina eliminación de agentes de propaganda médica, pues clínicas y profesionales dispondrán de datos obtenidos directamente de cada laboratorio.

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