El G-20 contra la evasión de las empresas

Representantes de los gobiernos de las más grandes economías del mundo  refrendaron el viernes por primera vez un plan para reducir la evasión impositiva  que permite a las multinacionales pagar sólo monedas por impuesto a las ganancias. 

Como ejemplo, citaron el caso de Starbucks, que el año pasado no pagó impuestos en Gran Bretaña a pesar de generar ventas de casi US$ 630 millones en sus más de 700 locales en ese país. Apple, a pesar de ser la empresa tecnológica más rentable de estados Unidos, evadió miles de millones en impuestos en su país y en el mundo mediante una compleja red de subsidiarias. 
A la luz de tales prácticas – que son totalmente legales pero aprovechan las diferentes disposiciones impositivas en los distintos países – la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE propuso que todas las naciones adopten 15 nuevos principios impositivos para las empresas. El plan está enfocado sólo en las empresas y, si se adopta en muchas partes, trasladaría parte de la carga impositiva global a las grandes corporaciones, –esas lo suficientemente grandes y solventes como para diseñar complejas estrategias de reducción de impuestos— y no en las Pyme o los particulares, que por lo general gastan una proporción mucho más grande de sus ingresos en impuestos. 
La lista, presentada el viernes en una reunión de ministros de finanzas del Grupo de los 2’  en Moscú, incluye ideas para impedir que las empresas  busquen los países con menores impuestos y luego encuentren formas de declarar sus ganancias allí, incluso cuando la mayor parte del dinero se hace en otra parte. 
El grupo recomendó reglas para definir dónde tiene la empresa presencia permanente. También propuso tres medidas para limitar la práctica de la transferencia de precios – desviar ganancias y pérdidas de una subsidiaria a otra  disfrazándolas como pagos internos por bienes o, como es tan común, por regalías o derechos de propiedad intelectual. 
No se sabe todavía si la propuesta del viernes representa un firme compromiso global para atacar un tema que preocupa seriamente a los países o si terminará en el olvido como intentos anteriores. 
Aunque Estados Unidos no tuvo representante en la reunión, la administración Obama apoyó la reforma internacional y firmó un compromiso inicial a principios de este año. 
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